Ecuador DEBATE Nº 45
COYUNTURA
EL PEOR ESCENARIO DE LA POSGUERRA
Wilma Salgado
A pesar de que los países asiáticos han tenido un peso relativamente bajo como mercado para las exportaciones latinoamericanas, la crisis asiática está afectando a las economías latinoamericanas, tanto por la disminución de los ingresos por exportaciones, al caer los precios de los productos primarios frente a la reducción de la demanda, como por el aumento de las importaciones, en particular las procedentes de dicha región. La balanza comercial latinoamericana ha tendido en consecuencia a deteriorarse, aumentando sus necesidades de financiamiento externo.
Cuando las "fuerzas del mercado" habían logrado imponerse en la mayor parte de países del mundo mediante la implementación de las denominadas reformas estructurales , que llegaron a considerarse como la única vía de "sentar las bases para un crecimiento sostenido y robusto", la economía mundial enfrenta a juicio de los propios organismos multilaterales que con tanta fe, promovieron la adopción del recetario neoliberal, "el peor escenario de la posguerra".
La creciente liberalización de los movimientos de mercancías y capitales, los cambios en el papel del Estado a través de la privatización, la desregulación y el achicamiento del aparato estatal; la prioridad concedida al control de la inflación y a la estabilidad económica; las reformas laborales implementadas en todo el mundo para eliminar las conquistas de estabilidad y de participación en la renta nacional de los trabajadores, favoreciendo la concentración de la riqueza; y, el creciente abandono del Estado del bienestar impulsado en la posguerra en el marco de la guerra fría, fueron las principales reformas que a juicio de sus partidarios, conducirían a la economía mundial a una nueva era de prosperidad, -una nueva edad de oro- que debía iniciarse en 1997, cuando en todo el mundo los gobiernos se movían en la misma dirección: desregulaban, privatizaban, reducían sus déficits y competían por la inversión extranjera.
En ese ambiente de euforia neoliberal, precisamente en 1997, estalló la peor crisis de la posguerra en los países asiáticos en desarrollo, los cuales a juicio del Fondo Monetario Internacional, tenían las economías más saludables del mundo. Sus denominados fundamentos, así lo confirmaban. Superávit fiscales, inflación de un dígito, elevadas reservas monetarias internacionales, mercados financieros desarrollados, indicadores en base a los cuales el propio Fondo Monetario Internacional los reclasificó a algunos de ellos , precisamente a partir de su informe sobre la economía mundial de mayo de 1997, como países de economías avanzadas, retirándolos del grupo de los países en desarrollo.
El espectacular crecimiento económico de los países asiáticos en desarrollo: los denominados cuatro dragones: Hong Kong, Singapur, Corea y Taiwán primero y en un segundo momento, de los países miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático -ANSEA- en los últimos veinticinco años, dio lugar a la afirmación de que el eje de la economía mundial se estaba desplazando desde la Cuenca del Atlántico hacia la Cuenca del Pacífico. Formar parte de los organismos de cooperación existentes en la Cuenca del Pacífico, pasó a constituir un importante objetivo de la política exterior de los países ribereños de dicha cuenca.
La elevación de las tasas de interés tratando de detener la fuga de capitales, la pérdida de reservas monetarias internacionales en el intento de los Bancos Centrales de evitar la devaluación monetaria, el fracaso de la intervención de los Bancos Centrales y las consecuentes devaluaciones monetarias, la caída de los índices de los mercados de valores, la caída de los precios de los bienes raíces, las quiebras empresariales estranguladas por la combinación de elevadas tasas de interés, restricción crediticia y devaluación monetaria, las quiebras de instituciones bancarias y financieras por el incumplimiento de los compromisos crediticios de empresas en problemas, el aumento del desempleo, la recesión, el riesgo de incumplimiento en los pagos a los acreedores externos y la necesidad de paquetes de rescate por organismos internacionales, muestran la magnitud de la crisis que hoy afecta a las economías asiáticas consideradas hasta antes del estallido de la crisis, como las más prósperas del mundo.
La desconfianza que la crisis asiática provocó en los mercados financieros internacionales, sobre la solvencia de las economías de los países en desarrollo en general, hacia donde dichos capitales se habían dirigido en el transcurso de los años noventa, atraídos por la mayor rentabilidad financiera que dichas economías ofrecían en el marco de las privatizaciones y la desregulación y liberalización financiera, dio lugar a un vuelco en la dirección de los capitales que abandonaron en primer lugar a Rusia, que cayó en una crisis profunda, y en segundo lugar, aunque en menor magnitud han tendido a abandonar a los países de América Latina, amenazando con provocar la extensión de la crisis asiática y Rusa, a toda la región.
CONSTANTE REVISION DE PREVISIONES A LA BAJA
Las repercusiones de la crisis asiática sobre la economía mundial, han superado nuevamente las expectativas de los organismos multilaterales, como el FMI, que concentra información estadística de todos los países del mundo y que elabora previsiones sobre su situación económica en el corto plazo, las cuales han sido revisadas constantemente a la baja. Así, mientras en mayo de 1997, el FMI estimaba una tasa de crecimiento de la economía mundial para 1998 del 4.4%, y del crecimiento de los países asiáticos en desarrollo del 7.7%; en diciembre del mismo año sus estimaciones bajaron al 3.5 y 5.7%, respectivamente; para continuar descendiendo al 3.1 y 4.4%, para todo el mundo y para los países en desarrollo de Asia, respectivamente, en las estimaciones publicadas en mayo de 1998.
La mayor disminución en el ritmo de crecimiento estimado por el FMI para 1998 corresponde a los países asiáticos en desarrollo, cuya tasa descendió del 7.7% estimado en mayo de 1997, al 4.4% estimado en mayo de 1998. La información procedente de los propios países asiáticos, muestra sin embargo que aún dichas previsiones continúan siendo optimistas, pues dichos países se encuentran atravesando la peor recesión en la posguerra: Indonesia estima una recesión del 15% en 1998, mientras aún Hong Kong -el único país que no devaluó su moneda, gracias al apoyo de China con sus enormes reservas monetarias internacionales-, anunció que su economía sufrió una contracción del 2.8% en el primer trimestre de 1998. Corea y Tailandia, enfrentarían también una recesión estimada en por lo menos el 2 y el 2.5%, respectivamente.
La imprevista crisis asiática, la incompetencia de los organismos multilaterales para detener su profundización, a la cual más bien contribuyó el FMI con su tradicional receta recesiva, el reconocimiento de los gobiernos de los países industrializados y del FMI de que ya no cuentan con los recursos financieros para nuevos paquetes de rescate a otras economías que puedan precipitarse en una crisis financiera, ha dado lugar a que la fuga de capitales se extienda como pólvora a todos los países en desarrollo y países de Europa del Este, configurándose el peor escenario en la posguerra, de acuerdo con los propios organismos multilaterales. El presidente Bill Clinton, manifestó en la última reunión anual del FMI y del Banco Mundial, que el mundo encara "la crisis financiera más seria en medio siglo".
Mientras el acceso al financiamiento externo se ha restringido por la desconfianza de los inversionistas en los países en desarrollo, luego de la experiencia asiática, sus necesidades de financiamiento han aumentado, por la caída de los ingresos por exportaciones resultante tanto del impacto de la propia crisis asiática, como del impacto del Fenómeno del Niño.
EFECTOS DE LA CRISIS ASIATICA SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL
La crisis asiática, ha producido un remezón de proporciones incalculables sobre la economía mundial, en la medida en que esos países constituían su polo más dinámico. En promedio, en los últimos veinticinco años, los países asiáticos en desarrollo registraron una tasa de crecimiento superior a la de los países industrializados, tendiendo a aumentar la diferencia en el transcurso de los años noventa. En efecto, mientras entre 1977 y 1986, los países asiáticos en desarrollo crecieron en promedio al 6.9%., los países industrializados lo hicieron al 2.7%, esto es aproximadamente al 40% de los primeros; y entre 1987 y 1996, mientras los países asiáticos aceleraron su crecimiento al 7.6% en promedio, los países industrializados registraron un crecimiento más lento, del 2.5%, lo cual equivale apenas a la tercera parte del ritmo de crecimiento de los primeros.
La devaluación de la moneda y la recesión económica en los países en desarrollo del Asia, está provocando una contracción de sus importaciones, con efectos diferenciados sobre todos los países del mundo, en función de su importancia relativa como mercados para las exportaciones de cada país y de cada tipo de producto. Los ocho países asiáticos más afectados por la crisis: Corea, Hong Kong, Tailandia, Filipinas, Malasia, Indonesia, Singapur y Taiwán representaron alrededor del 16% de las importaciones mundiales en 1997. Incluido Japón, su peso aumenta al 22%. El tamaño agregado del mercado de los países asiáticos superaría en consecuencia al tamaño del mercado norteamericano, que es el mercado más grande del mundo, tomado en forma individual, que en 1997 representó el 16.1% del total de importaciones mundiales. La contracción de la demanda, como resultado de la recesión económica de los países asiáticos, incide en forma negativa tanto sobre el volumen comerciado como sobre el precio de los productos afectados. La magnitud de la devaluación de las monedas asiáticas, por el contrario, abaratan su producción transable en los mercados internacionales, mejorando su capacidad de competir en dichos mercados.
La importancia relativa de los países asiáticos como mercado, es mucho mayor considerando por tipos de productos. Así, los países asiáticos incluido Japón, representaron en 1995, el 32% del mercado mundial de materias primas agrícolas, el 30% del mercado de Minerales y Metales, el 29.1% del mercado de Combustibles y de fertilizantes, el 29.7% del mercado petrolero; y, el 28.5% del mercado de cereales. Dichos países consumían en consecuencia, alrededor del 30% de los productos mencionados. La contracción de su demanda, está afectando en mayor proporción a los países exportadores de dichos productos, aún cuando no hubieran sido exportados directamente a dichos países, al dar lugar a la contracción de la demanda mundial y en consecuencia, a la caída de los precios.
A pesar de que los países asiáticos han tenido un peso relativamente bajo como mercado para las exportaciones latinoamericanas, la crisis asiática está afectando a las economías latinoamericanas, tanto por la disminución de los ingresos por exportaciones, al caer los precios de los productos primarios frente a la reducción de la demanda, como por el aumento de las importaciones, en particular las procedentes de dicha región. La balanza comercial latinoamericana ha tendido en consecuencia a deteriorarse, aumentando sus necesidades de financiamiento externo.
Los países más afectados por la caída de sus exportaciones han sido Chile y Perú, en razón de que los países asiáticos absorbieron directamente el 14.1 y el 9.2% de sus exportaciones en 1996, respectivamente. El efecto sobre los demás países se ha manifestado a través de la caída de los precios de los productos primarios, que ha sido particularmente severa para la madera, las materias primas agrícolas, los metales y minerales; y, el petróleo, productos para los que los países asiáticos son importantes mercados. En el decenio de 1990, Asia pasó a ser la mayor región importadora neta de combustibles . El precio promedio del barril de petróleo cayó en 40% entre julio de 1997 y Julio de 1998. La caída del precio del petróleo afectó también a la economía rusa, al constituir uno de sus principales rubros de exportación.La crisis asiática provocó en consecuencia, una caída de los precios de los productos primarios, profundizándose la tendencia descendente que han venido siguiendo desde los años setenta, con la consecuente disminución de los ingresos por exportaciones de los países en desarrollo que continúan insertados como proveedores de dichos productos en el mercado mundial, dentro de los que se incluyen la mayoría de países de América Latina, con muy pocas excepciones, como Brasil y México cuyas exportaciones están constituidas en su mayor parte por productos industrializados.
La tendencia descendente de los precios de los productos primarios, registrada en los últimos veinte años, es el resultado de la aplicación de las innovaciones tecnológicas que han tendido a incrementar su oferta y reducir su demanda; y, en el caso de los productos agropecuarios, es el resultado de las políticas agrícolas aplicadas por los países industrializados para alcanzar la autosuficiencia alimenticia.
A la caída de los precios de los productos primarios, se suma la reorientación de los flujos de financiamiento externo, que han dejado de dirigirse hacia los países en desarrollo, considerados altamente riesgosos por los inversionistas extranjeros.
REORIENTACION DE LOS FLUJOS FINANCIEROS
La crisis asiática ha tenido un impacto especialmente importante sobre los mercados financieros, que han registrado un comportamiento caótico desde el estallido de la crisis asiática en julio de 1997, en que Tailandia abandonó la defensa de la cotización del baht y la crisis cambiaria se expandió a los demás países asiáticos, frente a su incapacidad de impedir la fuga de capitales.
La fuga de capitales se extendió luego a Rusia. Sus dificultades financieras comenzaron a sentirse desde el último trimestre de 1997, en que el gobierno ruso empezó a elevar las tasas de interés y a intervenir en el mercado interno vendiendo dólares, para defender el rublo. Rusia ofreció al FMI implementar las reformas económicas necesarias para disminuir su déficit fiscal, que tendió a deteriorarse con la caída de los precios del petróleo y del gas natural. A juicio del FMI, Rusia debía mejorar la recaudación tributaria e introducir drásticos recortes del gasto público, para corregir el creciente déficit fiscal, a pesar de que la economía se encontraba al borde de la recesión. Las medidas implementadas fueron consideradas insuficientes y la deuda pública de corto plazo, continuaba creciendo.
A inicios de julio de 1998, el gobierno volvió a elevar la tasa de interés del 60 al 80%. No obstante, la fuga de capitales continuó. A esa fecha, los títulos rusos en los mercados de valores, se habían desplomado un 62% desde fines de diciembre de 1997.
El 20 de julio del año en curso, el Fondo Monetario Internacional firmó un acuerdo con Rusia, por el cual le concedió 22.600 millones de dólares para estabilizar su economía. Su intervención no logró frenar la caída del mercado bursátil que al 14 de agosto, vísperas de la devaluación del rublo, acumuló una caída del 75% de su valor, desde el inicio del año. Por su parte, el rendimiento de los bonos denominados en rublos se disparó, de 150 a 200%, a pesar de lo cual, la fuga de capitales continuó frente al temor de los inversionistas de que el gobierno ruso no cumpla con los pagos de su abultada deuda externa de corto plazo, de que devalúe el rublo o de que haga ambas cosas.Rusia solicitó al FMI la extensión de un crédito adicional por 20 mil millones de dólares, para continuar inyectando dólares en el mercado, tratando de evitar la devaluación del rublo, pero el FMI ya no contaba con dichos recursos. Según cálculos del gobierno norteamericano, después de los costosos paquetes de rescate del FMI en Asia, por 47 mil millones de dólares y del conjunto de préstamos concedidos a Rusia y a varios países latinoamericanos desde el estallido de la crisis asiática, esta institución contaba apenas con 10 mil millones para futuros rescates, en Agosto de 1998.
Finalmente, el gobierno ruso tuvo que dejar flotar el rublo el 17 de agosto. La crisis larvada, desde hace años, se aceleró en los últimos cinco meses y estalló definitivamente el 17 de agosto, cuando se devaluó el rublo, cuya cotización entró en caída libre, pasando de 6.25 rublos por dólar en esa fecha a 18.82 unidades al 5 de septiembre, esto es se multiplicó por tres en menos de tres semanas. Dada la magnitud de su deuda externa de corto plazo, Rusia declaró la moratoria de una parte de la deuda externa y limitó la venta de divisas en el mercado interno. La devaluación acumulada desde Enero de 1992, en que se abolió el cambio fijo del rublo, dentro de las reformas de mercado, ha llevado a que su cotización actual equivalga a 202 veces su cotización inicial.
La economía rusa se ha deteriorado violentamente desde el inicio de las denominadas reformas orientadas al mercado. En siete años de reforma, según un analista ruso, "Rusia ha perdido más de la mitad del PIB, disminuido su producción de carne y lácteos en 75% y la mayoría de bienes de consumo son importados. Tres cuartas partes de la población, vive en condiciones precarias, la esperanza de vida está en torno a los 57 años y han reaparecido enfermedades que ya habían sido erradicadas. Lo que está sucediendo, incluida la desintegración de los sectores productivos y tecnológicos, es una catástrofe económica sin precedentes en tiempos de paz" . En los últimos días la iglesia en Rusia ha prevenido al gobierno sobre el riesgo de hambrunas y violencia social.
EXTENSION DE LA CRISIS FINANCIERA A AMERICA LATINA
En un primer momento, luego del estallido de la crisis asiática, los países latinoamericanos se mostraron optimistas, llegando incluso a afirmar que dicha crisis podía incluso ser ventajosa para la región, que podría beneficiarse con el ingreso adicional de los capitales que abandonaban Asia.
Sin embargo, la inestabilidad financiera internacional registrada con mayor intensidad desde el estallido de la crisis asiática, ha venido repercutiendo en forma negativa sobre América Latina que ha enfrentado crecientes dificultades de ingreso al mercado internacional de capitales, con presiones sobre el tipo de cambio particularmente agudas en Octubre de 1997, y en el período transcurrido de 1998, las mismas que han tendido a acentuarse a partir del estallido de la crisis en Rusia y de su declaración de moratoria parcial de la deuda, en Agosto de 1997.
Las presiones sobre el tipo de cambio han afectado a los mercados de divisas y de valores, a pesar de la intervención de los gobiernos, contrayendo el gasto público y vendiendo dólares de la reserva monetaria internacional para contrarrestar la presión sobre el tipo de cambio, y en forma simultánea, elevando las tasas de interés, para tratar de frenar la salida de capitales. El índice de precios en dólares de las bolsas de valores de América Latina ha caído en promedio en la región en 11% a marzo de 1998, tomando como base el mes de junio de 1997, un mes antes del estallido de la crisis asiática. A esa fecha, México todavía tenía un saldo positivo, con un índice de 104.7%, mostrando que efectivamente hasta ese entonces, gozaba de la confianza de los inversionistas internacionales. La situación se ha deteriorado rápidamente luego de la devaluación del rublo, en Agosto de 1998.
La contracción del gasto público y la elevación de las tasas de interés, son medidas de carácter recesivo que se añaden a las presiones recesivas procedentes del mercado internacional, tanto por la contracción de la demanda y de los precios de los productos primarios, que todavía constituyen la principal fuente de divisas y de empleo en la mayoría de países de la región, como por la contracción de las fuentes de financiamiento externo, y el mayor costo del crédito, dada la desconfianza de los mercados financieros internacionales en los países en desarrollo. La intervención de los bancos centrales, perdiendo la reserva monetaria internacional, no ha revertido la desconfianza de los inversionistas en estos países ni la consiguiente fuga de capitales.
"Se está gestando un bloqueo global del crédito hacia los países en desarrollo", manifestó George Soros , convocado por la Comisión de Servicios Bancarios y Financieros del Congreso norteamericano, advirtiendo sobre el riesgo de desintegración del sistema capitalista mundial, en vista de la "evidente incapacidad" de las autoridades monetarias internacionales de contenerla. "Los programas del FMI parecieran no estar funcionando, la respuesta del Grupo de los Siete países industrializados a la crisis rusa, fue tremendamente inadecuada y la pérdida del control es aterradora", sostuvo.
La restricción del acceso a las fuentes de financiamiento externo ha dado lugar al encarecimiento del escaso crédito disponible. Antes de que Rusia anunciara la devaluación del rublo y una moratoria parcial de la deuda externa, los gobiernos y las empresas latinoamericanos pagaban intereses de entre dos y cuatro puntos porcentuales por encima de la tasa de los títulos del Tesoro de Estados Unidos, ahora la diferencia es de por lo menos diez puntos porcentuales.
La situación es particularmente grave, porque el FMI ya no cuenta con los recursos financieros para solventar nuevas crisis financieras. Se estima que únicamente Brasil, requiere una inyección de por lo menos 65 mil millones de dólares para cumplir con sus obligaciones externas de corto plazo. El FMI y los funcionarios del Grupo de los Siete países más industrializados del mundo, están instando al sector privado a desempeñar un papel importante en el paquete de rescate para Brasil. En los primeros días de octubre del año en curso, el Secretario del Tesoro estadounidense Robert Rubin dijo que Estados Unidos estaría a favor "de una participación más directa del sector privado en tiempos de crisis, para proveer liquidez privada junto con los fondos oficiales"
Los banqueros han manifestado que están esperando ver la reacción de los mercados financieros frente a las reformas gubernamentales y al paquete multilateral de rescate, pero que "sin importar lo que pase, habrá poco interés por sumarse al paquete". En el mejor de los casos, los banqueros piensan que "el paquete podría reanimar la confianza de los inversionistas en Brasil y en consecuencia ya no sería necesaria la ayuda de los bancos". Pero si el paquete no logra aplacar la turbulencia de los mercados, "los banqueros no querrían ponerse en el paso de la tormenta".
AUMENTO DE LOS RECURSOS DEL FMI, CONDICIONADOS
El Presidente Clinton presentó al Congreso norteamericano un proyecto de ley por el cual se aumentaría la cuota de Estados Unidos al FMI en 18 mil millones de dólares, como mecanismo para dotarle de recursos financieros adicionales para enfrentar la actual crisis. Dicho aumento de recursos está sin embargo fuertemente condicionado.
En efecto, en el proyecto de ley H.R.3114 presentado por el Ejecutivo se insta a la administración a "utilizar el derecho de voz y voto del Director Ejecutivo (de Estados Unidos) en el FMI para promover una mayor liberalización económica, la privatización y la desregulación". A esta disposición, se añaden las condiciones puestas por la Cámara de Representantes, en la que algunos demócratas introdujeron condicionalidades laborales y ambientales en las asignaciones de recursos del FMI, antes de su aprobación el 5 de marzo.
Pero las más duras condiciones, las añadió el Appropriations Committee del Senado, previa a la aprobación del aporte adicional, en la medida en que las mismas trascienden las tradicionales condicionalidades de política monetaria y financiera:
"cumplimiento de todas las obligaciones y acuerdos de comercio internacional de los cuales el país prestatario es parte",
"prohibición de financiar determinadas industrias que representan una potencial competencia a las industrias estadounidenses "(la industria del acero de Corea del Sur, por ejemplo, se menciona en forma específica); y,
"condiciones relativas a la transparencia y rendición de cuentas del FMI"A pesar de esas duras condicionalidades y de lo insuficiente del aporte adicional frente a la magnitud de las necesidades, el Congreso negó en un primer momento la aprobación de la cuota en la suma propuesta de 18.000 millones de dólares, la misma que finalmente acaba de ser aprobada el 15 de octubre.
Estados Unidos ha flexibilizado también su política monetaria, al disminuir en dos ocasiones la tasa interbancaria. De 5.5% a 5.25% el 29 de septiembre, rebaja considerada insuficiente por los mercados; y, de 5.25 a 5% el 5 de octubre, como medidas para contrarrestar la restricción del crédito y estimular el crecimiento.
LA PROPUESTA DE SACHS, SOBRE LA SALIDA DE LA CRISIS FINANCIERA INTERNACIONAL
Las críticas contra el FMI por su incapacidad de prever la crisis asiática, por haberla profundizado mediante la aplicación de su tradicional receta de austeridad fiscal y monetaria, a pesar de que dichos países contaban con superávit fiscal; por no haber evitado la crisis en Rusia a pesar de su apoyo financiero concedido solo tres semanas antes de la devaluación del rublo; por su insistencia en la misma inútil receta en los demás países que enfrentan presiones sobre su tipo de cambio, no han cesado desde el estallido de la crisis asiática en julio de 1997.
El propio director del FMI, Michel Camdessus, ha reconocido su fracaso en resolver las grandes crisis de los noventa: México, Corea del Sur, Indonesia, Rusia y ahora Brasil. Los cuatro primeros países han recibido alrededor de 173 mil millones de dólares del FMI y del Banco Mundial. Su objetivo era ayudarlos a rehabilitar su economía, sin embargo no lo han logrado y hoy enfrentan una caótica situación.
El director del FMI ha manifestado en consecuencia, la necesidad de una reforma del sistema monetario internacional, para hacerlo "más estable, sano, abierto y transparente". "El mundo no puede esperar(") que llegue la calma antes de obrar mejor en la prevención de las crisis ("). La reforma del sistema monetario internacional debería comenzar por identificar y adoptar rápidamente medidas para minimizar los riesgos de crisis futuras y estar mejor preparados para prever y resolver con mayor rapidez y a un menor costo, aquellas que no puedan preverse", añadió Camdessus.
Pero mientras se discute la reforma del sistema monetario y financiero internacional, se han presentado varias propuestas de influyentes economistas norteamericanos, para enfrentar la crisis, de una manera alternativa a la ortodoxia del FMI. Vamos a sintetizar la propuesta presentada por Jeffrey Sachs.
Sachs aconseja que los países en problemas dejen flotar su moneda, sin recurrir en consecuencia a la elevación de las tasas de interés, y a la pérdida de reserva monetaria internacional mediante su venta en el mercado local, tratando de impedir la devaluación monetaria, medidas que han fracasado en Asia y en Rusia. Estos países, han caído en recesión, han perdido sus reservas monetarias y finalmente han tenido que devaluar. Sachs además argumenta que las economías con problemas, desde el Asia hasta Rusia y Brasil, necesitan una balanza nada ortodoxa de política monetaria más flexible y reestructuración deudora para recuperar la estabilidad. Sachs ha pedido que se lancen "iniciativas más osadas" para aliviar la enorme carga crediticia que agobia a las compañías y bancos asiáticos, como amortizaciones parciales o programas para alentar a los acreedores a aceptar valores a cambio de un perdón de la deuda.
Igualmente, para los países en desarrollo sugiere que "debe terminarse la agonía de la crisis de la deuda que comenzó hace 20 años, sencillamente cancelando la mayor parte de la deuda de los países más pobres". Sachs considera que la estrategia actual, conocida como la Iniciativa de los Países Pobres muy endeudados, es demasiado lenta y avara. Según ésta, se cancelan las deudas después de varios años de demora y sólo hasta un punto en el que los países todavía quedan con una gran deuda (la deuda posterior a la cancelación todavía equivale al 200% de las exportaciones)". .. de esta manera, "los países no colapsan, pero tampoco mejoran".
Sachs modifica su tradicional posición neoliberal, sugiriendo que los países en desarrollo, "deberían imponer sus propios controles de supervisión sobre el crédito internacional a corto plazo obtenido por parte de instituciones financieras nacionales". Pues a su juicio, "para evitar fugas de pánico en el capital, en primer lugar es mejor prevenir que los bancos no se expongan a un exceso de deuda a corto plazo". Como ejemplo menciona a Chile, que impuso un gravamen sobre los flujos de corto plazo, pero sugiere que se exploren otras ideas.
Pero una vez que los países han entrado en crisis, sugiere que se encuentren vías para que deudores y acreedores se liberen del problema. Sugiere la necesidad de que una cumbre de 16 países, entre los que se incluyan al Grupo de los Siete, Rusia y 8 representantes del mundo en desarrollo, aborden una reforma fundamental del propio proceso de ayuda internacional. A su juicio, "el objetivo sería restaurar la legitimidad de la política local, y abandonar la equívoca creencia de que el FMI y el Banco Mundial pueden dirigir el proceso de reforma económica", con la "sorprendente arrogancia", con la que a su juicio, se han comportado dichos organismos en los países en desarrollo. Al final de todas estas reformas, sostiene, "los países en desarrollo deben volverse amos de su propia suerte, o de lo contrario, se verán arrasados hacia una espiral de desastres monetarios".
Lo dice un ex-funcionario del FMI.
A MANERA DE CONCLUSION
La crisis financiera iniciada en Asia, extendida a Rusia y que se está difundiendo en los países en desarrollo, muestra el fracaso de la liberalización comercial unilateral, y de la liberalización financiera a ultranza impulsadas por los países industrializados y los organismos multilaterales, en todo el mundo, dentro de las denominadas reformas estructurales tendientes a favorecer el avance del proceso denominado de "globalización".
La liberalización comercial unilateral, permitió que los países industrializados, tecnológicamente superiores, aumenten sus exportaciones en mayor proporción que sus importaciones, dando lugar a crecientes déficit comerciales en los países en desarrollo que en consecuencia, registraron un crecimiento de sus importaciones mayor que el de sus exportaciones. Mientras los países industrializados promovieron la liberalización de los mercados de los países en desarrollo buscando ampliar sus exportaciones, y de esta manera disminuir el tamaño de su déficit comercial en el caso de Estados Unidos y disminuir su tasa de desempleo, en el caso de Europa, fueron aumentando la protección de su propio mercado interno en los sectores en los que perdían competitividad frente a productos procedentes de los países en desarrollo, limitando su ingreso mediante un conjunto de medidas no arancelarias, esto es mediante el neoproteccionismo.
El creciente déficit comercial, se sumó al crónico déficit en la balanza de servicios, poniendo en evidencia que el problema de la deuda externa no ha sido superado y que constituye una pesada carga sobre estas economías, dando lugar a un creciente déficit en cuenta corriente que mostraba la creciente vulnerabilidad de estas economías, a los cambios de dirección de las corrientes financieras internacionales.
Las reformas de la política comercial y financiera impulsadas por el FMI, provocaron en consecuencia el aumento exorbitante de la duración e intensidad del desequilibrio de la balanza de pagos de los países en desarrollo, contrariando en consecuencia, el literal vi, del artículo I de su Convenio constitutivo, relativo a los Fines de dicha institución, que dice:
Los fines del Fondo Monetario Internacional son (entre otros):
"ii) Facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional y contribuir con ello a promover y mantener altos niveles de ocupación e ingresos reales y a desarrollar los recursos productivos de todos los países asociados como objetivos primordiales de la política económica"...
"vi) ... reducir la duración e intensidad del desequilibrio de las balanzas de pagos de los países asociados".El creciente déficit en cuenta corriente fue financiado con ingresos de capitales, en su mayor parte de corto plazo, que se dirigieron a los países en desarrollo atraídos por los diferenciales en las tasas de interés, frente a las declinantes tasas de los mercados internacionales en el período transcurrido de los noventa, así como por las oportunidades de elevada rentabilidad que ofrecieron los procesos de privatización emprendidos en particular en América Latina.
La liberalización financiera, esto es la eliminación de regulaciones que impedían la libre circulación internacional de capitales, impulsada en los países industrializados desde los años ochenta y ampliada a los países en desarrollo sobre todo en el transcurso de los años noventa, ha dado lugar a que grandes masas de capitales se desplacen diariamente de un mercado al otro, en busca de mayor rentabilidad financiera en el corto plazo, apoyadas por las innovaciones tecnológicas en telecomunicaciones e informática. De acuerdo con la propia información del FMI, tomada del Banco de Pagos Internacionales, las transacciones financieras han crecido de una manera espectacular en la última década. Así, mientras a mediados de los ochenta, el volumen diario de operaciones en los mercados de divisas ascendía a 200 mil millones de dólares, en 1995, dichas operaciones ascendieron a alrededor de 1.200 mil millones de dólares. Cada día se realizan, en consecuencia, operaciones en divisas, que equivalen al doble del saldo acumulado de la deuda externa total de América Latina, que asciende a alrededor de 600 mil millones de dólares.
La volatilidad de esos capitales, y su carácter de corto plazo, impiden su contribución al financiamiento del desarrollo de los países, para lo cual se requieren inversiones de mediano y largo plazo. La volatilidad de los capitales de corto plazo, a la cual no han sido inmunes ni las economías "saludables" del Asia, muestra el riesgo sistémico que la liberalización financiera a ultranza ha provocado en la economía mundial y la necesidad de abordar el tema de la reforma del sistema monetario y financiero internacional, de una manera multilateral, sin descartar la posibilidad de establecer controles a dichos movimientos de capitales de corto plazo, a nivel de cada país.
El FMI se niega a reconocer el fracaso de la liberalización de los movimientos de capital de corto plazo, que él mismo impulsó, y sus efectos devastadores sobre las economías de los países en desarrollo. Aún después del estallido y profundización de la crisis asiática, un alto funcionario del FMI , sostuvo que "la globalización del comercio y de los servicios financieros y la asociada liberalización de los mercados internacionales de capital constituye el acontecimiento económico más importante de fines del siglo XX". Afirmando a continuación que "si esta tendencia continúa, los beneficios serán medidos en mayores estándares de vida, a medida que los recursos son localizados con creciente eficiencia ..".
Los cambios en la dirección de las corrientes internacionales de capitales asociados a cambios en las percepciones de los inversionistas sobre opciones para mejorar su rentabilidad financiera en el corto plazo o sobre riesgos de perder posiciones en los mercados en los que se encuentran localizados, han provocado ingresos o salidas masivas de capitales a partir de la liberalización financiera, a la que se sumaron los países asiáticos en desarrollo en el transcurso de los años noventa.
Cuando dichos capitales ingresan a un país, se dinamizan los mercados financieros y los mercados de bienes raíces, dando la impresión de una bonanza económica; pero cuando dichos capitales salen, estallan varias crisis.
.A las crisis cambiarias derivadas de la presión de los inversionistas por transformar sus haberes líquidos en monedas duras, se han sumado las crisis en los mercados de valores por la venta masiva de los mismos;
.las crisis financieras, por la imposibilidad de recuperar los créditos concedidos en monedas duras frente a las violentas devaluaciones registradas;
.crisis de la deuda externa, por la imposibilidad de pago;
.recesión económica por la escasez de financiamiento y el encarecimiento del crédito asociados a la crisis financiera y a la iliquidez provocada por la intervención de los bancos centrales en los mercados cambiarios, vendiendo dólares de las reservas y retirando circulante, para contrarrestar la presión sobre el tipo de cambio;
.aumento del desempleo por las quiebras de empresas y de entidades financieras; .contracción del mercado interno e internacional por el circulo vicioso de caída de la demanda, escasez de financiamiento, caída de la producción que se pone en operación; .tendencia a la sobreacumulación de capital y a la sobreproducción relativa frente a la reducida capacidad de consumo en los mercados.La liberalización de los movimientos de capitales de corto plazo, ha dado lugar a la formación de burbujas especulativas en los mercados de valores y en los mercados de bienes raíces en los períodos de ingreso de capitales a dichos mercados y al estallido de dichas burbujas y a las crisis financieras, recesión y crisis económica en los momentos de salida de dichos capitales de esos mercados, profundizando la inestabilidad y la incertidumbre en la economía mundial, la concentración del ingreso en manos de los financistas y especuladores y el empobrecimiento de un creciente porcentaje de la población de los países víctimas del saqueo y la piratería financiera.
El ingreso de capital especulativo a una economía, no ha permitido el incremento de su capacidad productiva, para lo cual se requieren inversiones de mediano y largo plazo, sino la formación de burbujas, en los mercados de valores y en los mercados de bienes raíces, con las cuales los especuladores han amasado ingentes utilidades financieras, que han sido repatriadas a su país de origen, constituyendo en consecuencia, la liberalización financiera, un mecanismo de extracción de excedentes sin precedentes históricos, por la magnitud de las sumas transferidas en tiempos récord.
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