Ecuador DEBATE Nº 56
DEBATE AGRARIO-RURAL
(Riesman, 1950) se ocupó de los problemas hoy conocidos como la opinión pública, la publicidad y la propaganda.
Al respecto, vale anotar que el psicoanalista W. Reich (1933) planteó una solución parcial para uno de los interrogantes más antiguos de la filosofía política: ¿por qué los pueblos se someten a los autoritarismos de manera pasiva?. La pregunta no es ociosa; sin embargo, Reich se olvidó que históricamente ningún autoritarismo duró mucho tiempo, ni aún los imperios de la antigüedad, ya que llega un punto de inflexión en que los pueblos se rebelan ante los mismos.
Lasswell sistematizó los problemas de la propaganda y la publicidad, no sólo en la política doméstica, sino que también realizó denodados esfuerzos en aplicar sus hallazgos a las relaciones políticas internacionales. Así ubica su quehacer a partir de la década del treinta, aprovechando la Segunda Guerra Mundial (1939/45) para sistematizar los hallazgos realizados en el área de la propaganda, en base al uso de recursos empíricos que surgían sobre la marcha. Lasswell -no podía ser de otro modo- se convierte en un ideólogo más de los objetivos expansionistas del capitalismo Llega a equiparar el poder de la propaganda con el de las fuerzas armadas, el de las medidas económicas y el quehacer de la diplomacia, en sus funciones básicas de servir de instrumento a una política totalizadora de dominación mundial. Asimismo, no deja de observar que la utilización de este instrumento puede ser usado en actividades contrarrevolucionarias, ya que el siglo estaba cargado de situaciones revolucionarias que atentaban contra el establishment. Es por ello que se sistematizó el análisis de contenido, como un mecanismo que sirviese para conocer el qué y el cómo de la comunicación de una manera que fuese a la vez sistemática, cuantitativa y objetiva.
También para el mismo espacio y tiempo se comienza a trabajar con la aplicación de los conocimientos de la moderna psicología al ámbito de la propaganda comercial, también llamada publicidad, para distinguirla de la propaganda ideológica. Fue en la Alemania Nazi donde se hacen los mayores gastos en tal rubro. También es interesante señalar que mientras el ministerio comandado por H. Goebbels gastó fortunas en propaganda interna y externa, del mismo modo es cierto que no se hizo -en aquella Alemania- una notable inversión en estudio e investigación sobre técnicas y alcances en el área de la propaganda política. Esto se explica porque en el Estado autoritario del nacionalsocialismo la palabra de Hitler, y la de el propio Goebbels, estaban revestidas de un ropaje místico que suplía con creces cualquier informe de los institutos de investigaciones en la temática. Bastaba simplemente con pasar una y otra vez las grabaciones de los discursos donde se fijaban los marcos ideológicos de los "monstruos sagrados". Sin embargo, si se pretende hacer un análisis sobre la estructura en que asentaba el sistema propagandístico nazi, rápidamente se verá que tenía los mismos patrones que el sistema propagandístico capitalista al que decía enfrentar y pretender reemplazar en la dominación mundial. Las tesis básicas de asentamiento propagandístico fueron fundamentalmente el desprecio a la voluntad y poder de las masas, poniendo el énfasis del mensaje en lo emocional y a la vez especular con los aspectos instintivos de la conducta, en lugar de trabajar sobre los aspectos racionales de la misma. Esto último se comprende en función precisamente de lo primero (desprecio por las masas), ya que trabajar sobre lo emocional es actuar sobre las partes más primitivas de los individuos a los que se desprecia.
Terminada la Guerra se bifurcan dos caminos en el estudio de la propaganda en los países imperialistas. Aparecen en el mercado, irrumpiendo con empuje, los técnicos que durante la guerra prestaron sus conocimientos a los servicios encargados de la propaganda bélica y a la guerra psicológica, los cuales son absorbidos por el mercado comercial, al servicio del auge que toma la publicidad. Asimismo los menos, aunque no por eso un número reducido, de personal desmovilizado de las Fuerzas Armadas, continuaron trabajando al servicio de ellas en quehaceres propagandísticos en lo referido a técnicas y estrategias de propaganda en política exterior que servían a los intereses de la naciente guerra fría.
Sobre estos desarrollos se montaron organismos privados, institutos universitarios, fundaciones, etc., que investigaban y contribuían a solucionar los problemas que surgían relacionados con la propaganda, para lo cual se ven precisados a reunir a otras disciplinas del ámbito de las ciencias sociales. En el Manual FM 33-2, Operaciones de Guerra Psicológica de la Armada norteamericana, se reconocía -para 1955- el valor que presentan en la propaganda los aportes sociológicos, económicos y políticos a fin de desarrollar eficazmente los intentos de penetración ideológica, cultural e inclusive militar. Interesan fundamentalmente los datos de la composición social del auditorio, motivaciones, intereses políticos, participación, nivel cultural, puntos relevantes de conflictos y eventuales puntos latentes, etc., hasta llegar al estudio de la moral situacional de la comunidad investigada, para la cual se recurre a los aportes de la antropología cultural.
Vale aclarar que no en vano he omitido -en lo posible- toda referencia al papel de la psicología en este desarrollo. Se debe a que de aquí en más, prácticamente, dedicaré especial atención a los aportes de esta disciplina sobre los estudios, investigaciones y desarrollos en propaganda, debido a que es, sin dudas, la disciplina social que más ha contribuido en los últimos años al crecimiento de los quehaceres en el área propagandística. Esto obedece a causas concurrentes. En primer lugar al papel que cumple la psicología en el estudio y conocimiento de la conducta de los hombres y, segundo, debido a las características de la propaganda burguesa que, como ya señalara, asienta sus operaciones sobre los elementos irracionales de la conducta.
Psicología y propaganda o publicidad
Como ya lo señalara (1995) la psicología, y particularmente la psicología social, son disciplinas usadas como facilitadoras a los intentos de manipulación sobre las personas, se sostiene que sin la ayuda de la psicología no puede existir una propaganda eficaz. Básicamente, en el mundo occidental, se procura estudiar los aportes de la psicología a la propaganda en relación con procedimientos a seguir, métodos de control, formas de presentación, tecnologías, control de resultados, etc.; es decir, aspectos referidos a los recursos tecnológicos de la propaganda, descuidando -deliberadamente- el estudio de los problemas generados por la elaboración del contenido ideológico de la propaganda. Ello obedece a que resulta más fácil manejar a los técnicos cuando éstos ignoran los propósitos ideológicos que subyacen a su quehacer .Un ejemplo elocuente de esto, y que no es más que un mojón que salpica la historia de las ciencias sociales, fue el caso del Plan Camelot descubierto en Chile para fines de la década del '60 (García Lupo, 1983). En dicha oportunidad se asistió a una sesión de "mea-culpa" colectivo por parte de prestigiosos científicos sociales internacionales, quienes adujeron haber sido sorprendidos en su buena fe y que jamás creyeron que colaboraban con una investigación conectada a subvenciones de los servicios de inteligencia: la CIA norteamericana.
Una de las aplicaciones de la psicología que ha colaborado con los desarrollos en propaganda son las llamadas "investigaciones motivacionales", las que en los EE.UU. cobraron auge a partir de finales de los años '40. Quién desarrolla una critica mordaz al respecto, pero sin abandonar su condición de ideólogo del sistema, fue V. Packard (1959), que descubre el quehacer de los estudios motivacionales y de la
<----