Ecuador DEBATE Nº 45
 
 TEMA CENTRAL

LA DEUDA DE AMERICA LATINA A PARTIR DE LA CRISIS DE ASIA

Oscar Ugarteche

La década de los años 90 ha sido la década del fin de la crisis de la deuda de América Latina y del inicio de la crisis de la deuda asiática. En ambos casos, frente al problema de balanza de pagos relacionados a acumulaciones de vencimientos de refinanciaciones, con calendarios originales de créditos de largo plazo, sumados a créditos de corto plazo, los saldos en cuenta corriente de las balanzas de pagos se han visto estrangulados. La solución mágica en América Latina fue el cambio radical en las políticas macroeconómicas desde políticas intervencionistas hacia políticas de mercado.

En cuanto deuda, acuerdos definitivos con la banca privada a través del Plan Brady permitió reducir saldos, utilizar pagarés para efectuar privatizaciones y convertir el saldo pendiente de la deuda en bonos pagaderos a 25 años.

La deuda tenida con los gobiernos de la OCDE fue resuelta a través de acuerdos definitivos con el Club de París pagaderos a 25 años con tres años de gracia, modificándose íntegramente el calendario del saldo de la deuda. Es decir, ni el Plan Brady ni los acuerdos definitivos del Club de París operan sobre una parte de la deuda sino sobre el íntegro del saldo deudor que es reestructurado a largo plazo a cambio de la aplicación efectiva de políticas macroeconómicas que darán estabilidad al sistema económico del país deudor.

El supuesto básico para llegar a estos acuerdos definitivos fue que la estabilidad del sistema internacional estaba garantizado y que en cualquier caso, las condicionalidades impuestas a los deudores impedirían cualquier descontrol sobre el orden internacional, como ocurrió durante la década de los 80. Virtualmente la posibilidad de una cesación de pagos colectiva en la década del 80 hubiera quebrado el sistema financiero internacional. Fue el funcionamiento del FMI y del Tesoro de Estados Unidos que actuaron para impedir un Club de Deudores y los mecanismos previos que hubieran llevado a una cesación de pagos colectiva de parte de América Latina. El sistema financiero internacional sufrió un remezón pero no quebró. Los bancos debieron fusionarse y algunos perdieron posiciones mientras otros ganaron posiciones en el ranking mundial, sin embargo, el sistema se mantuvo en equilibrio sin mayores traumas.

Llegado el inicio de la crisis de Asia a mediados de 1997, la situación ha vuelto a cambiar mucho, internacionalmente hablando. El sistema económico internacional nuevamente entra en un revuelo donde las bolsas de valores comienzan a sacudirse, las bolsas de materias primas se desploman, los tipos de cambio se devalúan en el mundo entero menos Estados Unidos, los índices de comercio internacional se tornan endebles y los déficits en cuenta corriente de todos los países del mundo, incluido Estados Unidos, comienzan a resentirse.

Es una crisis mundial y no solamente asiática. Sin lugar a dudas esto no quiere decir que Europa se lanzará a una guerra mundial ni que Estados Unidos verá la Gran Depresión, necesariamente, pero si que las tasas de crecimiento del PBI global se verán desacelerados durante dos o tres años, que habrán problemas financieros serios en muchos países desarrollados además de los en vías de desarrollo, que la vulnerabilidad de la balanza en cuenta corriente de los países de Africa y América Latina crecerá, y que la economía mundial observará un reacomodo de sus actores principales y de todos los otros también.

Parte del reacomodo es la manera como se dan las reglas del juego económicas a nivel global, la supervisión de las mismas, y las políticas de control de deuda. Finalmente, el objetivo de prestar fondos es recuperarlos con ganancia, sea quien fuere el acreedor. La debilidad institucional reconocida por los gobiernos miembros de la OCDE ha llevado a la convicción que la mejor manera de disponer de fondos en los países en desarrollo es a través de los organismos multilaterales. En la década del 90 se observa un crecimiento muy bajo de la deuda con los países miembros del Club de París y un alto endeudamiento con multilaterales. El ingrediente añadido es que los créditos de organismos multilaterales no pueden ser reprogramados ni refinanciados aunque en los hechos lo son. La experiencia de muchos países con sus créditos de ajuste estructural ha sido justamente esta. Créditos para reprogramar créditos vencidos impagos bajo la etiqueta de créditos de ajuste estructural. Perú, Nicaragua en los años 90 y antes Bolivia a fines de los 80, son tres ejemplos de lo dicho.

Entonces, la situación de América Latina al día a mediados de 1998 es simple: la deuda antigua tiene acuerdos definitivos (Brady y Club de París). La deuda nueva es orientada al sector privado y la que es orientada al sector público es canalizada a través de la banca multilateral. Salvo los países mayores que tienen Eurobonos (México, Brasil, Argentina y Venezuela, como de costumbre), el resto está enfangado en costosos créditos multilaterales. Plagados de condiciones, y donde el deudor asume el riesgo cambiario del dólar frente a las monedas del resto del G y el riesgo de tasas de interés, en el actual contexto los créditos multilaterales son un peso más a un servicio de la deuda que crece en la medida que las exportaciones no lo hacen, derivado de la crisis sistémica.
Estamos, pues, ante la necesidad de modificar las reglas de juego sistémicas para permitirle a los gobiernos de los países de América Latina y Africa cumplir con una parte al menos de su servicio de la deuda ante la posibilidad renovada que no lo vayan a poder hacer nuevamente, como fue en la década del 80.

El contexto del cambio sistémico está dado por la depresión de los precios de las materias primas, el retiro de capitales de corto y largo plazo, de las plazas emergentes, y el crecimiento de los déficits en cuenta corriente de todos los países de América Latina y Africa durante el tercer trimestre de 1997 y primer semestre de 1998. Se puede reconocer que la llamada crisis asiática es una crisis sistémica que afecta al mundo en su conjunto y que una desaceleración del crecimiento de la economía global enfría las perspectivas de crecimiento de las exportaciones que deben ser hoy, según la teoría económica vigente, el motor del crecimiento. Las insuficiencias de este modelo no están en cuestión en este texto pero las consecuencias de dicha visión si. El enfriamiento global debe llevar a niveles de enfriamiento de todos los países embarcados en políticas de crecimiento exportador. Y esos somos todos los deudores que tenemos sectores externos muy pesados en relación al PBI.

De otra parte, se puede observar que la distribución de ingresos en el mundo se deterioro entre 1985 y 1994. Se debe haber deteriorado más entre 1995 y la fecha. Ante esta situación el peso de la deuda de los países que se han empobrecido no ha mejorado en cuanto servicio de la deuda a pesar de las iniciativas tomadas en Nápoles por el Club de París; y por el Banco Mundial en cuanto recomprar las deudas de la banca comercial de los países de ingresos bajos. No fue suficiente el alivio para economías que se han contraído en lugar de crecer. En América Latina tenemos tres de esas economías: Nicaragua, Honduras y Bolivia. A pesar de los esfuerzos por aliviar la deuda, los índices siguen siendo extremadamente altos. Son casos extremos de la necesidad de una solución global a problemas globales que no son de deuda, sino de ingresos; y de la imposibilidad de aumentar los ingresos a pesar de la aplicación de las políticas económicas exportadoras, posiblemente por el peso de la deuda que queda pero también por otros problemas de carácter interno.


* Documento preparado para el Grupo de Trabajo ALOP-FOLADE sobre Deuda Externa en América Latina.

** Profesor del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Lima-Perú.

 
  <----

--->>