Ecuador DEBATE Nº 57
TEMA CENTRAL
El destino contemporáneo de la política : La crisis argentina en debate
Hugo Quiroga*
La caída del nivel de participación electoral en los comicios del 14 de octubre de 2001, junto al voto sanción, la decadencia de los partidos tradicionales, el derrumbe del sistema de representación y las sospechas de corrupción generalizada; parecen configurar el escenario político presenciado en Argentina a raíz de la crisis política que soporta dicho país.
La política ha cambiado en la Argentina, ha perdido significación en el conjunto de la actividad social. Se ha producido una fractura en la relación entre ciudadanos y gobernantes de tal profundidad que ya no puede, como antes, facilitar y armonizar los diversos intercambios entre los miembros de la sociedad1. En presencia de una situación de conflicto tan difícil de controlar se ha perdido el sentido de unidad de la esfera política2, por cuanto las instituciones que fundamentan y mantienen esa unidad han entrado en crisis: el Estado, los partidos políticos, el principio de legitimación. Las instituciones políticas de una sociedad compleja se conmocionan cuando el respeto a la ley es escaso y la sensación de impunidad abundante, cuando la palabra oficial no es creíble y la distancia entre política y sociedad se ensancha. Una época termina y otra pugna por nacer. Parece, entonces, oportuno volver una vez más a la crisis de la política y a su destino contemporáneo. En verdad, sólo se podrá encontrar la completa intelegibilidad de la crisis de la política, y de los cambios ocurridos, en la duración histórica, esto es, en un tiempo empírico representado por la sucesión de meses y años.
Después de la caída del presidente De la Rúa en diciembre de 2001, la crisis argentina inicia una nueva página en su larga historia. En esta nueva secuencia, hay renovaciones incesantes en la cosa política, hay cambios profundos, por momentos brutales, que afectan la relación entre las instituciones y los actores. Una de sus características ha sido la vertiginosidad de los acontecimientos y el ritmo constante de los hechos, por los que la acción política alcanzó una velocidad inusitada, que hizo más dificil su comprensión. Se trata, pues, de volver inteligible ese proceso. Luego de las hondas transformaciones operadas en la vida política, que trataremos de comprender más abajo, se podría nuevamente preguntar: ¿cuál es la relación de los argentinos con la política? y ¿cómo puede incidir esa relación en el próximo proceso electoral?
El divorcio entre sociedad y política
Un fenómeno visible de nuestro último tiempo es el divorcio de la sociedad con la política En la medida en que se fue descubriendo que los partidos se preocupaban más por las luchas internas de poder y por los beneficios particulares que por la resolución de los problemas de la vida común, se fue generando un clima de desconfianza colectiva que dio lugar a un proceso de repudio de los ciudadanos hacia la política. Algunos indicadores convergentes hacen pensar que en los dos últimos años, con más claridad desde las elecciones del 14 de octubre de 2001 con el voto sanción, se ha producido un cambio significativo en el comportamiento político y electoral de los argentinos. No sabemos con exactitud cuál es el sentido definitivo y el alcance de ese proceso. Una manera de comprender esos cambios resultaría de combinar, al menos, tres aspectos que están siempre presentes en el juego político: un sistema de fuerzas en competencia y rivalidad (donde no está ausente la lucha entre viejos y nuevos partidos); un marco institucional que fija reglas de juego (cambiantes e indecisas: reforma política, decretos de convocatoria electoral, ley de lemas); un espacio público en el cual la sociedad habla de sus problemas (las movilizaciones sociales y vecinales han ganado la calle). Como vemos, esos aspectos no han permanecido inmutables y, como se dijo, no es fácil prever su curso futuro.
La sospecha colectiva que pesaba sobre la dirigencia política se convirtió en una crisis de confianza que hoy saca a luz su desprecio por el quehacer político, que advierte de la profunda separación entre sociedad y política. Los que mandan son visualizados como un cuerpo separado del cuerpo social, que viven aferrados a sus privilegios, inmunidades y preocupaciones particulares. La política aparece así como sinónimo de beneficio privado y no como algo referido a la comunidad pública. Si los ciudadanos no se reconocen más en sus representantes, la disociación entre sociedad y política será fatal para la cohesión social y la supervivencia de la democracia. Aunque exista competencia entre partidos, el juego político queda limitado a la lucha entre dirigentes que se alejan del principio de la soberanía popular. De ahí, la paradoja de nuestra modesta democracia representativa: un pueblo "soberano" cada vez más pobre y sometido.
Hoy como pocas veces aquella pregunta que se formulara Arendt en su inconclusa Introducción a la política cobra toda actualidad en la crisis argentina: ¿tiene la política todavía algún sentido? Si la política está vinculada a los asuntos de la vida cotidiana (Arendt encontraba su razón de ser en la libertad), si es una actividad al servicio de la colectividad, si no es posible en nuestra época separar terminantemente el reino de la libertad del mundo de las necesidades, la política, entonces, empieza a perder sentido, puesto que ella no se comprende por fuera de la existencia humana. El resentimiento que se ha acumulado contra los partidos y contra los gobernantes, se debe a que éstos no han cumplido con sus promesas, no han ejecutado políticas satisfactorias, y sólo han vencido las esperanzas de la mayoría. En este punto, la política -que está en relación con la vida social toda- pierde sentido y el desinterés por la cosa pública se pone a la orden del día. La política, si quiere sobrevivir, no puede aparecer como una traba de las esperanzas, ni puede convertirse en el adversario de los ciudadanos. Esto nos lleva a la necesidad de buscar una solución en la política misma, puesto que la hostilidad que sufre hoy esa actividad, como consecuencia de su separación de la sociedad y de sus equívocos, no es más que un puro problema político. La política es una obra destinada a armonizar lo mejor posible los antagonismos propios de las relaciones sociales y a combinar la libertad individual con el destino de todos.
* Profesor de Teoría Política e investigador del Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina.
1 Esta idea la tomó de Julien Freund, Qu'est-ce que la politique, Sirey, París, 1965.
2 Remito en este punto al texto de Paolo Pombeni ,Introduction à l'histoire des partis politiques, (especialmente el capítulo 1: La formation de la sphère politique de l'époque contemporaine), PUF, Paris, 1992.
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