Ecuador DEBATE Nº 45
ENTREVISTA
CONVERSANDO CON LUDOLFO PARAMIO
Hernán Ibarra
La caída del muro de Berlín en aquel verano de 1989 trajo consigo una crisis de la izquierda en tanto proyecto político. Esto incluso para las fuerzas políticas que no tuvieron vínculos con la ex Unión Soviética, o que sostuvieron un enfoque crítico sobre ese tipo de regímenes políticos. Sobre la crisis de la izquierda se han hecho múltiples interpretaciones. Las más conocidas son las de Bobbio y Giddens para Europa y, la de Castañeda para América Latina. Todas esas lecturas tienen en común el argumento de que la distinción entre izquierda y derecha continúa teniendo razones y bases sociales y políticas. La entrevista sostenida con Ludolfo Paramio, se centra en aquello que sigue siendo la temática fundamental de la izquierda como proyecto y fuerza política: la lucha contra la desigualdad social y la exclusión. Algo que supone también una redefinición de las relaciones entre Estado y sociedad.
HI El derrumbe de los regímenes de Europa del este en el año 1989, tuvo efectos catastróficos sobre la izquierda. Y aunque muchos segmentos de la izquierda no compartieran esos regímenes, se vieron arrastrados por esa crisis. ¿Se han absorvido ya los efectos de ese derrumbe?
LP Creo que la pregunta tiene sentido planteada en América Latina, pero no estoy seguro de que en una perspectiva europea, la pregunta sea correcta. Yo tengo la impresión de que lo que ha afectado más seriamente a la izquierda, es lo que sucede en los años 70 y a comienzos de los 80, que es la dificultad de las estrategias tradicionales de la izquierda para combatir las desigualdades y asegurar el crecimiento económico. Dicho de otra forma, la caída del muro no es nada comparada con los choques del petróleo de la década de los 70 y con la creciente limitación de las políticas keynesianas para permitir compatibilizar el crecimiento con la redistribución.
Había unas identidades de izquierda que tenían alguna relación con el socialismo real, en algunos casos, con la identificación política de algunos partidos comunistas occidentales. Había seguramente en América Latina muchas fuerzas políticas que consideraban que el socialismo real con todos sus defectos, era un referente; y a estas fuerzas las ha afectado especialmente la crisis del 89-91. La crisis que se abre con la caída del muro y termina con el golpe de la cola que trajo la disgregación de la Unión Soviética. Pero yo creo que el verdadero problema de la izquierda es la limitación de sus herramientas políticas tradicionales para realizar ese programa, un programa efectivo de redistribución con crecimiento. Insisto, esto es posible que sea una perspectiva europea, pero la crisis del bloque soviético en Europa tiene yo creo, un efecto bastante menor que las limitaciones de la socialdemocracia tradicional. En ese sentido, creo que lo más importante es saber en qué medida y la pregunta fundamental, así sea desde una periferia de Europa, el verdadero problema, es saber en qué medida la izquierda ha aprendido a jugar con las nuevas reglas de juego internacionales, con los cambios que se ha introducido en la economía mundial desde las crisis del petróleo para acá. En qué medida ahora está en condiciones de volver a defender con credibilidad, con entendimiento, con redistribución y sin las críticas de estar todo el tiempo a la defensiva frente a la ofensiva de la derecha.
HI ¿Cuál es el espacio político de la izquierda? Si la izquierda carece de su anterior programa, y las reformas estructurales puestas en marcha, la han llevado a una posición incómoda al no disponer de un programa alternativo.
LP Ese es el punto de partida, pero yo creo que no es un problema de programa, es un problema de herramientas que es bastante diferente. Los objetivos pueden no modificarse, lo que puedes descubrir es que las herramientas anteriores no te sirven.
El espacio político de la izquierda es una coalición de clases medias, clases trabajadoras y excluidos. Una coalición que varía en sus problemas políticos según cuántos sean los excluidos, según qué tipo de trabajadores se tenga en un país, según si se tiene más de tipo industrial o más de servicios y que depende también de las características de las clases medias, en qué medida dependen más del sector exportador o dependen más de la administración del Estado, si es que dependen más de la economía nacional. Pero el espacio político para representar a ese conjunto de clases sociales es un programa de disminución de las desigualdades y crecimiento económico. Eso creo que no se ha alterado para nada.
Los objetivos morales o éticos del proyecto de izquierda es disminuir las desigualdades, asegurar la igualdad de oportunidades o tratar de aumentar la igualdad de oportunidades de las personas y asegurar la libertad. O si quieres en orden inverso: dar primero libertad a las personas y segundo, porque para que las personas sean efectivamente libres de poder elegir su vida y deban no estar sometidas a restricciones materiales implacables. Entonces, lo primero es asegurar la libertad política, lo segundo combatir las desigualdades más extremas o reducir las desigualdades sociales, y lo tercero, dotar de igualdad de oportunidades a las personas. En ese aspecto por ejemplo, la izquierda, puede haber tenido históricamente puntos ciegos como el no percibir la ingerente igualdad de oportunidades que tenían hombres y mujeres en nuestras sociedades y ha tardado casi un siglo -desde que la izquierda actual existe- en descubrirlo. Pero finalmente ese mismo principio, el de la igualdad de oportunidades, la libertad real para elegir la propia vida el que hace aparecer esa, o al que responde la demanda de igualdad de oportunidades.
Creo entonces que ni los principios ni los apoyos sociales de la izquierda, ni su espacio social se han modificado seriamente. Lo que se modifica, insisto es que antes habían unas herramientas políticas que permitían compatibilizar con cierta facilidad los intereses de clases medias, clases trabajadoras y excluidos. Estas eran las políticas keynesianas y un Estado de bienestar, que por una parte cumplía una función keynesiana garantizando la estabilidad de la demanda y permitía que el mercado interno no se estancara, y por otro lado permitía también luchar contra las desigualdades y redistribuir a favor de los que menos medios disponían.
HI Esto nos lleva al tema del Estado de bienestar y su redefinición. El Estado de bienestar tal como lo vemos ahora, está haciendo agua. ¿Qué va a ocurrir de aquí en adelante?
LP Este es el punto. Yo diría que el cambio fundamental que puede haber entre esta entrevista que me estás haciendo hoy, si me lo hubieses hecho hace 2 años, es que en este momento no tiene sentido ya seguir a la defensiva ni tampoco a la ofensiva en el terreno del Estado de bienestar. En Alemania todo el mundo sabe que tiene un Estado de bienestar monstruoso y que visto desde la perspectiva de los países de Europa del sur es exagerado: los períodos de vacaciones, la cobertura de los seguros sociales y las prestaciones del Estado de bienestar alemán desde muchos aspectos parecen excesivos, sobre todo para un trabajador español o italiano. Pese a tener ese estado de bienestar muy extenso y muy llamativo, Alemania ha conseguido cumplir los criterios de Maastricht y estar en la moneda única, y ha conseguido hacerlo después de una fase de estancamiento económico, no en su mejor momento sino en una fase difícil. Eso significa dos cosas, primero lo de la unidad europea que puede seguir adelante, pero lo más importante es que las condiciones de Mastricht son, en el caso europeo parte de un acuerdo y son un tratado, y son unas reglas autoimpuestas. Hay que pensar que estas reglas se tienen que autoimponer o el objetivo que debe tender cualquier país aislado, que pretenda tener una economía relativamente a salvo de los embates de los mercados internacionales. Es decir, son las condiciones de bajo déficit, baja inflación, baja deuda que necesita tener un país para evitar que se produzca un efecto tequila, que se produzca una crisis de tipo asiático que se lleve por delante la estabilidad de su moneda, o que de la noche a la mañana, una devaluación salvaje impuesta por la apertura de los mercados arruine el país.
HI Se puede pensar de modo optimista entonces acerca de la factibilidad de redefinir el Estado de bienestar. ¿Bajo que condiciones?
LP El principal cambio de los 70 a los 80, una vez absorbidos los efectos del choque del petróleo, era la imposibilidad de crecer sobre la base del déficit, de tener altas tasas de inflación y de deuda y crecer económicamente de modo continuado. Y la restricción frente a la que se encontraba la izquierda era la necesidad de compatibilizar el Estado de bienestar con esas condiciones de bajo déficit y baja inflación. Si se consigue hacer, incluso con un Estado de bienestar tan extenso y tan caro como el alemán, eso significa que en general se puede hacer, es que no hay razones para seguir pensando que el Estado de bienestar es incompatible con las nuevas condiciones del mercado.
La conclusión desagradable de estos 20 años pasados, es que un país solo puede mantener un Estado de bienestar en la medida de lo que su propia fuerza económica le permite tener. Un país no puede tener un Estado de bienestar más grande de lo que puede por vía fiscal, pero es posible crecer con alguna economía próspera con un Estado de bienestar muy poderoso. Es probable que Alemania tenga que adelgazar o racionalizar algo de su Estado de bienestar, pero lo cierto es que es perfectamente compatible el Estado de bienestar con el crecimiento económico estable y con tener controlados los equilibrios económicos. En ese sentido yo creo que hay una perspectiva diferente en el mundo, respecto a lo pasado en los 80. Parecía que el destino inevitable iba a la desaparición de los Estados de bienestar o por lo menos un recorte considerable. Ahora esto creo que se puede ver con mucha más cautela. Hacen falta medidas de corrección, de racionalización del crecimiento del gasto del Estado de bienestar a largo plazo con la evolución demográfica, a buscar fuentes de financiamiento equilibradas, problemas por decir, de ingeniería. Pero no hay una dicotomía entre Estado de bienestar y la globalización económica, no tiene porque haberla.
La segunda cuestión que creo que ha cambiado desde que Clinton ganó las primeras elecciones en Estados Unidos, mucho más ahora con la historia de Blair en Inglaterra, parece evidente que el discurso neoliberal más duro está desplazado. Se puede considerar que lo que Clinton y Blair representan es un socialismo liberal o un progresismo muy teñido de liberalismo. Pero digamos que ese es el límite en este momento del mundo, que lo que se está discutiendo ahora como posibles modelos para nuestras sociedades. Es algo que oscila entre el liberalismo económico, pero con correcciones públicas para garantizar la igualdad de oportunidades como en Inglaterra o Estados Unidos. O las políticas más o menos socialdemócratas clásicas como las de Francia o, incluso las que se han llevado en Alemania en la época social cristiana.
El espacio político que antes parecía que iba entre el neoliberalismo salvaje y la social democracia ha cambiado. En este momento parece que el debate está entre un liberalismo progresista y una social democracia o un cristianismo social bastante más civilizado. Se ha equilibrado bastante la balanza del debate ideológico.
HI Esto implicaría una redefinición de alianzas, o sea una alianza entre el centro y la izquierda.
LP En la medida que hay gobiernos de centro progresista como Estados Unidos o Inglaterra, quiere decir que un sector significativo de clases medias se ha volcado a favor de este proyecto. Significa también que hay una nueva movilización de los trabajadores. Clinton no habría salido adelante sin el apoyo de los sindicatos, como Blair no habría salido adelante sin el restablecimiento de la alianza del partido laborista con los sindicatos. Pero independientemente de los apoyos electorales, lo que yo quería subrayar era que el debate ideológico ya no está donde estaba en los 80. Ahora estamos en cómo se corrigen los efectos del mercado mundial sobre las economías y las sociedades nacionales. De ahí que persista lo que se ha hecho tradicionalmente con el Estado de bienestar clásico, revisado si se quiere, pero clásico. Y se trata de buscar nuevos mecanismos del Estado de bienestar en la propuesta de Clinton y de Blair. Pero el debate está ahora ahí, ya nadie cree que el mercado pueda resolver las cosas por si mismo y nadie hace ya apología de la desaparición de los servicios. Un ejemplo bastante evidente es el Informe del Banco Mundial de 1997. Esto cambia radicalmente la perspectiva, esos cambios son consecuencia de las personas concretas que está trabajando en el Banco Mundial, son consecuencia de debates en torno a economistas, son consecuencia de las experiencias de los 90, pero lo que significan es que la ortodoxia en este momento ya no es el neoliberalismo o no tiene porque serlo, hay argumentos, hay razones. Incluso instituciones que apoyan seriamente que la cuestión va por otro lado.
HI Esto implicaría una redefinición de las relaciones entre Estado y sociedad?
LP Si, pero a la inversa de la que se ha producido de forma salvaje en los años 70-80. Yo diría que si se contrapone la perspectiva latinoamericana con la europea, lo que sucede es que en América Latina el neoliberalismo -como en el antiguo bloque soviético en otro sentido-, el neoliberalismo ataca en un momento en que los Estados están en bancarrota. Entonces, cuando el estado está de antemano en bancarrota por la crisis de la deuda, por problemas de cada país, lo que sucede es que las propuestas neoliberales pueden ir mucho más allá y decir que el Estado debe desaparecer o debe reducirse drásticamente. Lo que es mucho más verosímil cuando el Estado simplemente no tiene los recursos para mantener sus dimensiones anteriores. Contraponiendo, el Estado alemán en su peor momento ha tenido problemas de déficit para pagar las pensiones o la seguridad social, en concreto ha tenido problemas para pagar el seguro de desempleo. Al crecer el desempleo en Alemania, se crea déficit, cosa muy desagradable, pero esa situación es completamente diferente, simplemente a no poder pagar a fin de mes las pensiones y los salarios del sector público, situaciones completamente distintas. Cuando estás en la segunda situación de no poder pagar la nómina, cuando estás en quiebra técnica, el discurso neoliberal es la coartada o es la única racionalización posible de una situación a la que has llegado, en la que no tienes ya elección.
Se diría que esa fase ya ha pasado y que los Estados mejor o peor reestructurados, en unos casos ganando eficiencia o en otros simplemente tirándolo todo por la ventana porque no tenían opción, pero los Estados que tiene América Latina tienen mayor capacidad. Ahora lo que llega es el momento de recrear los mecanismos de actuación del Estado en la sociedad para mejorar las condiciones sociales, para disminuir las injusticias y para atacar los casos más sangrantes de injusticia social.
Los 80 se han terminado, la década perdida se terminó. Ahora con muchas dificultades, porque el efecto tequila no solo se llevó por delante a México sino que produjo grandes dificultades a Brasil y Argentina. La crisis asiática está poniendo en serios aprietos a Chile, pueden haber montones de dificultades, montones de reveses.
HI ¿Cuáles serían los ámbitos de intervención estatal?
LP La discusión política ya no es si el Estado debe sacar sus manos de la sociedad, sino en qué medida y que manos debe meter el Estado en la sociedad si queremos tener unas sociedades habitables. En este punto subrayaría dos cuestiones, la una, que no merece la pena vivir en una sociedad con desigualdades extremas. Es indecoroso, y no se puede vivir en un suburbio de lujo, en una ciudad en que el 50% de la población no tiene los recursos necesarios para vivir. Pero la otra cuestión es que una economía no puede crecer establemente sobre la base de fuertes desigualdades sociales. Para que una sociedad pueda crecer establemente, para que no dependa únicamente de los ingresos de un sector financiero especulativo o del comercio de lujo, necesita tener un nivel superior de educación, necesita tener una educación primaria y secundaria razonables para toda la población, necesita ofrecer garantías mínimas de salubridad y asistencia pública para el conjunto de los ciudadanos. Necesita un Estado que sea capaz de invertir en infraestructura y ofrecer esos servicios públicos de sanidad y educación. Necesita tener una administración que funcione, que no puede seguir funcionando con mecanismos clientelares o con una administración corrupta o mal preparada.
Todos esos cambios, todas esas tareas del Estado son los que hoy están en la agenda. Hoy la agenda, insisto, no es como sacamos al Estado de la sociedad, esto ya ha pasado o va a pasar en gran medida. Ahora, imagino el problema es qué tipo de intervenciones, cómo podemos financiar la intervención pública para conseguir servicios públicos eficientes, para conseguir una administración que funcione.Quizá no tiene sentido plantearse grandes políticas industriales como todos creíamos en los años 50 ó 60 que se podían hacer, porque son demasiado difíciles, porque quizá no se tiene personal preparado normalmente para acometer un proyecto así y porque se tienen efectos discutibles sobre la economía. Pero con toda seguridad necesitamos administraciones fuertes y eficientes, necesitamos servicios públicos, educación y sanidad, necesitamos un estado inversor para conseguir que haya crecimiento. Insisto, la agenda de los 80 caducó. Ahora necesitamos la agenda del siglo veintiuno, que es un Estado que interviene con eficacia para garantizar la igualdad de oportunidades y crear condiciones de crecimiento económico estable.
* Entrevista realizada en Madrid, junio de 1998. Ludolfo Paramio es politólogo. De nacionalidad española, es Director del Instituto de Estudios Sociales Avanzados de Madrid (CSIC). Director de la revista Zona Abierta. Autor del libro Tras el diluvio. La izquierda ante el fin de siglo, Ed. Siglo XXI, Madrid, 1988. Escribe regularmente el El País, y en publicaciones especializadas de ciencias sociales de España, Europa y América Latina. Actualmente investiga sobre las raíces económicas de la crisis política en América Latina. ** Sociólogo. Candidato doctoral del Instituto Universitario Ortega y Gasset-Universidad Complutense de Madrid.
Norberto Bobbio, Derecha e izquierda, Taurus, Madrid, 1995; Anthony Giddens, Más allá de la izquierda y la derecha, Ed. Cátedra, Madrid, 1996; Castañeda, La utopía desarmada, Ed. Tercer Mundo, Bogotá, 1994.
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