Ecuador DEBATE Nº 57
DEBATE ANALISIS
introducen aprendizajes ajenos a conferirle cabida. Ello, por efecto de tres tensiones simultáneas vinculadas, por un lado, a los sitios propios de la modernidad simbolizados por la esfera gubernativa, fundamentalmente-; por otro, al impacto de la transnacionalización en la reconfiguración de los circuitos de función y de acción; y, por otro, a las dislocaciones que operan en (y a través de) ambos sitios. Ello sugiere el interés metodológico de mirar las inercias de la civilianidad, por un lado, y los efectos de la transnacionalización, por otro, como dos polos de re-estructuración/complicación de los modos de entender/experimentar lo público cuyas múltiples combinaciones se traducen en entornos tensionados por la instalación de socializaciones que trivializan las prácticas ciudadanas e introducen fuertes tendencias ya no de des-compromiso cívico meramente sino de dislocación y descentramiento, configurando entornos societalmente inconexos y apropiándome de la noción de Reich (1991)- la posibilidad de "secesión", a secas, de quienes tienen cualquier tipo de capital para no tener que preocuparse de lo público y están en condiciones de comprar su salida.
Si por efecto de la experiencia acumulada, los múltiples encuentros de la gente con las instituciones propias de la administración civil de los regímenes gubernativos enseñan que ni el "descrédito" de la política formal, ni el "rechazo a la política", ni la crisis de la forma-partido, ni la profundización de las brechas sociales constituyen problemas vinculantes a la rutinización de la civilianidad, ni parecen amenazar o preludiar cambios significativos en sus inercias desafiando por lo demás las premisas propias de los paradigmas de la "modernización" y el "desarrollo político"- el aprendizaje ha sido (perversamente) eficaz. Así, para situar el problema de la ciudadanía en los entornos de hoy, encuentro conveniente asumir como premisa básica que en América Latina "la gente ha aprendido a vivir sin sus gobiernos"4, mientras que, por su parte, los gobiernos han aprendido a operar con prescindencia de una ciudadanía que importe.
En ese marco, si la configuración de sociedades del consentimiento acordes con la idea de ciudadanía moderna, elude al entorno latinoamericano, tampoco emergen opciones de contestación significativas desde la idea de ciudadanía como eje de interpelación. Los márgenes de exclusión anteriores operados sobre la gente común desde los múltiples esquemas que gobiernan las prerrogativas de acceso al ejercicio (significativo) de la ciudadanía- se han ampliado y sofisticado, al tornarse posible su racionalización en el amplio campo de operaciones que proporciona a las esferas oficiales la equivalencia discursiva conferida implícitamente a "civilianidad" y "democracia" en los circuitos internacionales que por tanto respaldan de facto la continuidad de la primera.5
A la base de ese terreno de operaciones no solo comparece por ausencia-la idea de ciudadanía como referente de proximidad, pertenencia, vigilancia, encuentro, creación de significado y dispositivo de interpelación a las calidades y texturas de la convivencia sino, además, el desdibujamiento creciente de los lugares desde donde construirla. Así bosquejados los contornos del problema, en las páginas siguientes quiero dejar anotadas, de manera cruda e inicial, algunas consideraciones que me parece sugieren su enorme- magnitud.
El lugar de la Ciudadanía en el contexto de la Civilianidad
Aclaro de entrada que aquí no me interesan ni las formas de régimen, ni el problema de la democracia ni de la poliarquía y sus elementos constitutivos como puntos de entrada. Por tanto, no voy a sumarme a quienes abogan por una definición más amplia de democracia, ni a discurrir acerca del minimalismo procedimental, las democracias formales vs. las sustantivas, etcétera.6 En otra parte (Menéndez-Carrión, 1991a) apelé a la rúbrica de "regímenes civiles de corte electoral" precisamente para evitar una discusión que consideraba ya entonces de (cada vez más bajo) rendimiento metodológico. Aquí recurro a la rúbrica "civilianidad" sin pretensión de acuñar noción alguna ni tampoco de agregar más ruido a las conversaciones sobre la democracia. Apelo a ella mas bien para hacer referencia a las inercias configuradas a partir de la civilianización de la administración gubernativa. Encuentro que la rúbrica civilianidad me permite referencias generales a la cuestión gubernativa que obvian tener que "conferirle" o no el estatus de poliarquías "funcionantes", "pseudo-democracias", "democracias formales", "incompletas", "iliberales", etcétera. a polis alguna. Dicho esto, conviene anotar
4 La expresión es de José Gabriel Murillo (entrevista personal, Bogotá, agosto de 1996), en referencia al contexto colombiano y a una coyuntura específica. Tomo prestada su expresión y aplico su uso de manera más amplia por considerar que alude bien al aprendizaje político resultante de la institucionalización perversa de la desconexión entre los regímenes gubernativos y los "would be citizens" a partir de imperativos de sobrevivencia que se supone tácitamente deben ser resueltos por los segundos (a pesar/o con prescindencia de las agendas y políticas de los primeros) ante gobiernos sentidos como ajenos y no como parte de un orden ciudadano en el marco del cual correspondería al orden gubernativo la administración de titularidades.
5 Mientras la fragilidad de las "redemocratizaciones" de fines de los Setenta/Ochentas se tornó lugar común en la literatura --y entre los especialistas se desplegó un extenso debate en torno al problema de la democracia y se dio una amplia gama de ejercicios de categorización, clasificación, ranqueo y adjetivación-(ver, por ejemplo, O'Donnell, 1993b, y su noción de democracias delegativas; Collier y Levistsky, 1997, y su propuesta de diferenciación de distintos tipos de democracia; también Schmitter y Karl, 1993, entre otros), en círculos oficiales los regímenes latinoamericanos no son nombrados como "pseudo democracias", "democraduras", "sitiadas", "delegativas", "iliberales", etcétera, y sí como democracias "en vías de consolidación", de "fortalecimiento" y de "perfeccionamiento". La premisa plenamente asumida en el discurso oficial de "las Américas" es que en todos los casos menos en el de Cuba se trata de regímenes democráticos (al que sólo muy recientemente ese discurso oficial sumaría, renuentemente, el caso del Perú bajo un Fujimori a punto de renunciar-fugar de la presidencia mas no desde su auto-golpe, que data de 1992). En la práctica, los círculos oficiales latinoamericanos operan como si la democracia (presumiblemente evidenciando el triunfo de la democracia liberal en el mundo occidental) fuese, efectivamente, un proceso "en marcha" en la Región. Las discordancias en el camino se representan, en este encuadre, como parte de un proceso de modernización (difícil pero en marcha) y como resolubles en el tiempo vía la profundización y el perfeccionamiento de lo que ya se tiene. Las "discordancias" y "tropiezos" en "el camino" serían parte consustancial del proceso. Un encuadre tal, permite a la comunidad internacional situar su proyecto como el de contribuir a mejorar lo que se presume instalado. El mundo oficial puede proceder, así, como si las estructuras y modos de hacer las cosas que se instalaron a partir de las llamadas "transiciones", "fundaciones" o "re-fundaciones democráticas" no fuesen "el problema".
6 Para una defensa a ultranza de las definiciones minimalistas de democracia, ver Kelly (1998). Para un balance más abierto al diálogo con perspectivas que se distancian del mainstream de la ciencia política, ver Hoskins (1997). Para un intento de "rescate" de la noción de poliarquía desde un abordaje informado y sensible a la incorporación de nuevos issues véase la tipologización de poliarquía propuesta por Hershberg (1999), en la que Chile, junto a Uruguay y Costa Rica son las únicas polis clasificadas como "poliarquías funcionantes". Otras vertientes del debate sobre la democracia (desde la contraposición entre democracia procedimental y sustantiva) están bien ilustradas en el excelente tratamiento de Leeds (1996); ver también Petras & Morley (1992); y Borón (1995). Para un espléndido tratamiento metodológico de la cuestión de la democracia ver Whitehead (1997). También Gabardi (2001)
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