Ecuador DEBATE Nº 45
 
 CRITICA BIBLIOGRAFICA

CRITICA BIBLIOGRAFICA

La otra cultura: Imaginarios, Mestizaje y Modernización
(1998, Quito: Abya-Yala y Marka)

AUTOR: Hernán Ibarra
COMENTARIOS:
X. Andrade*

La otra cultura de Hernán Ibarra presenta, dada la diversidad de los temas tratados en diferentes ensayos por su autor, una multiplicidad de posibles entradas para su crítica. El autor pretende inscribirse en una tradición de estudios sobre culturas urbanas en América Latina que toma como referentes a "la cultura de masas, los ídolos populares y el mestizaje". Los problemas que devienen de su oscilación entre presentar una colección de ensayos y formular un tratado con pretensiones sociológicas, son comunes a los así llamados "ensayistas" en la escena local, quienes podrían ser bien definidos como aquellos quienes escriben con autoridad sobre cultura pero que, cuando presionados por una mayor rigurosidad académica en sus análisis, prefieren argumentar que el ensayo, como género, es esencialmente diferente a un artículo académico por ser el primero más superficial, libre en su estructura, y, fundamentalmente, un producto explícitamente subjetivo e impresionista.
Esta suerte de defensa, sin embargo, no inhibe una crítica más rigurosa respecto a los esencialismos implícitos en la interpretación de la cultura vía cuadros impresionistas. Más todavía cuando, creo, la responsabilidad y los desafíos para escribir sobre las culturas del mestizaje y de las ciudades en este país, precisamente por la ausencia de información antropológica sobre ellas, recae en escribir contra la corriente so pena de volver a postular, como lo hicieran los cuadros costumbristas de principios de siglo, una concepción de la cultura que se basa en la elaboración de catálogos de rasgos tipificantes. Y es con este ojo como yo quiero leer esta compilación de trabajos de Hernán Ibarra.

El hecho de que los ensayos de Ibarra hayan sido editados bajo la forma de libro y de que, en su introducción se establezca claramente un tono academicista precisamente debido a que el autor dice hallarse "distante tanto de las elaboraciones teóricas sin referentes concretos como de la simple exposición de datos", y al mismo tiempo reconocer una línea genealógica intelectual que empieza con Gramsci, y pasa por "Raymond Williams, Roland Barthes, Pierre Bordieu y Nestor García-Canclini [y Carlos Monsivais, añadiría, principalmente]". Para reforzar el efecto de autoridad académica, Ibarra plantea una advertencia a sus audiencias: "El lector informado podrá detectar y encontrar donde están las influencias [intelectuales del autor]". El problema fundamental en este libro, a nivel teórico, es que tales influencias aparecen tan ocultas, y, cuando lo hacen, aparecen tergiversadas, que me parece difícil que "el lector informado" que tiene en mente Ibarra para distinguirlo de audiencias ignorantes, pueda, efectivamente trazar esas líneas teóricas para intentar utilizar los textos de Ibarra con fines más interpretativos.


New School for Social Research y FLACSO-Ecuador

Para un ejemplo, nótese el tratamiento que él hace de "figuras" o "iconos" populares, tales como Evaristo, Carlos Michelena, y/o Daniel Santos. Ellos aparecen como una suerte de iluminados en lugar de pensárselos, a la Raymond Williams, por ejemplo, como productores culturales. Obviamente, es siempre tentador dejarse llevar por la fascinación por ciertos personajes de las culturas populares, y hasta aquí llegan los aportes y sugerencias de los retratos de Ibarra: ellos resumen los elementos de una fascinación personal, los mismos que, sin duda, servirán como documentos de una lectura [masculina] posible.

Para estudios culturales más sistemáticos, sin embargo, se requiere preguntar sobre las fuerzas e industrias culturales que inventan a tales personajes, y, adicionalmente, ubicar a estos en un campo de competencias que los constituye y los redefine. Así, por ejemplo, se podría pensar a la creación de tales personajes no tanto como resultado de meras inspiraciones internas a ellos mismos, sino, como efecto de la construcción de culturas "populares". Finalmente, contrariando a modas de interpretación textualistas cuyo énfasis en el análisis de los textos mismos [para el caso que me ocupa, letras de canciones, guiones teatrales, chistes políticos, revistas "eróticas"] muchas veces obnuvila a sus autores sobre el alto grado de idiosincrasia de sus lecturas, y sobre el efecto autoritario de tales lecturas en desmedro de introducir las posibilidades polifónicas de interpretación de tales textos por parte de audiencias heterogéneas en términos, fundamentalmente para los casos estudiados por Ibarra, de género y de clase.

A cual "otra cultura" se refiere Hernán Ibarra? Sus ensayos quieren aportar a la comprensión del "mundo mestizo" en el Ecuador contemporáneo. Aquí radica precisamente el valor de este texto puesto que poco se conoce sobre mestizaje y ciudades en el país y puesto que el escribir sobre estos temas exige un alto grado de imaginación y creatividad para pensarlos en ausencia de una tradición intelectual, y también de datos históricos y culturales, más específicos. Sin embargo, el apropiarse de discusiones sobre mestizaje en América Latina que utilizan a México como referente primario, resulta siempre arriesgado, especialmente considerando situaciones históricas y condiciones étnicas particulares para el caso ecuatoriano. No obstante, una de las dimensiones motivo de negligencia en los debates sobre postcolonialismo en general y sobre América Latina en particular, es la del rol de los centros ­para nuestro caso, México, Argentina y hasta cierto punto Brasil- como elementos de colonización cultural en el resto de la región. Entre paréntesis, creo que analizar esta dimensión brindaría luces sobre aspectos claves de las culturas populares en Ecuador, por ejemplo, analizando la importancia del cine, la industria disquera, la televisión, y la prensa mexicanos [principalmente comics] para entender la construcción de tales culturas como efecto de múltiples fuerzas en competencia que son, finalmente, negociadas localmente.

En este sentido, Ibarra se ve enfrentado a un dilema más profundo al producir teoría sobre el mestizaje en la región, que es el de pensar en los casos marginales, y ciertamente el Ecuador se enlista bajo esta etiqueta tanto para estudios sobre cultura en Latinoamérica cuanto en la región andina. El trabajo de Ibarra es, ciertamente, pionero en escribir, si bien es cierto con un sentido sociológico restringido, sobre iconos populares en este país, y en hacerlo con cierto grado de atención etnográfica, como, por ejemplo, cuando se adentra en lugares donde se performa strip-tease [para hombres, debo subrayar] en ciudades tales como Riobamba. Sin embargo, su grado de involucramiento en situaciones etnográficas varia y, cuando pretende elaborar lecturas culturales sobre textos, como cuando discute el caso de la revista Mango ­supuestamente "erótica", y aquí cabría preguntarse exactamente en que sentido lo es, si es que en algún sentido, más allá de presentar estereotípicas imágenes de desnudos femeninos inscritos más bien en una larga tradición masturbatoria que al autor se le escapa mencionar, y artículos que reproducen más bien el silenciamiento de los cuerpos como una extensión de un discurso de dominación masculina y religiosa, característica a una aldea llamada Quito.

En su lectura de Mango, por ejemplo, el autor otorga a estos materiales culturales un supuesto valor transgresivo y, más aun, un carácter simbólico para definir un tiempo ­los noventas- caracterizado, según Ibarra, por mayores libertades sexuales, sin pensar dos veces en cual es, si alguna, la importancia de estos materiales culturales para las audiencias nacionales, quienes los consumen y como ellos son, de hecho, leídos. Adicionalmente, "lo erótico" es definido como una suerte de calentamiento previo para la obtención de orgasmos heterosexuales, y no como un universo simbólico problemático, esto es sin atender a connotaciones históricas y culturales muchas veces contradictorias ­entre la observación y la violencia de tales representaciones, por ejemplo.

Los problemas más serios, sin embargo, obedecen a tres procesos. Primero, la naturalización de categorías tales como "lo erótico" que, en el fondo, habla de un tratamiento de las categorías de género como si fueran naturales. Por ejemplo, la lectura que hace Ibarra de la salsa, así como la de lo erótico, es elaborada en una voz masculina que no solo excluye sino que estigmatiza como las mujeres piensan y actúan este tipo de discursos. Un segundo proceso que afecta el análisis de Ibarra es la esencialización de los fenómenos que estudia, así por ejemplo, la salsa aparece como una invención "auténtica", como si ésta hubiese sido construida más allá de la exotización colonialista sobre "lo latino". A mi juicio, los efectos más dramáticos de tales esencialismos se dan vía la repetición acrítica de oposiciones binarias que forman parte del sentido común pero que son elevadas por intelectuales locales ­residentes en Quito- como si fueran legítimas categorías de análisis. Así, por ejemplo, "lo tropical" se presenta en oposición a "lo andino" como si ambos fueran todos homogéneos, y como si estas nociones explicaran algo a algún nivel de análisis, amén de un determinismo geográfico craso.

El tercer y último proceso que afecta negativamente la posibilidad de una lectura más antropológica y más etnográfica de las culturas populares, viene dado por una colusión de "lo textual" con "lo performativo", como si hubiera una correspondencia entre los niveles del discurso y del despliegue público del baile, por ejemplo. Tal colusión tiene repercusiones interpretativas graves: se asume (1) que los bailadores de salsa están performando el texto de las canciones, (2) que la lectura de tales textos es única y automática, esto es sin mediaciones culturales, (3) que el baile en si mismo es un paradigma para leer no la conexión entre el discurso y el despliegue de los cuerpos, sino la incapacidad de los bailarines "andinos" para ajustarse al modelo ideal de como leen, piensan, bailan, y de acuerdo a este análisis, finalmente terminan en la cama, los bailarines "tropicales". Se asume, así, que la colusión entre lo textual y lo performativo es perfecta en el caso "tropical" y es no solo imperfecta sino "traumática" en el caso "andino". Falta una etnografía del baile, y una concepción del baile como un acto de performance. Por un lado, el baile es presentado en una forma tan abstracta que es difícil discernir si es que el referente necesariamente es la salsa o prácticamente cualquier otro género bailable. Por otro lado, los significados del baile y las audiencias que lo performan aparecen como algo dado. En tanto acto de performance, el baile no puede ser analizado como una mera reproducción, sea esta feliz o truncada, "tropical" o "andina" para utilizar las dicotomías del autor, del texto.

La noción de performance implica varios niveles de análisis y no solamente lo textual: no es que los actores/participantes del baile son actores siguiendo guiones claramente descritos con anterioridad solamente. El hecho de que la salsa sea un estilo de música y de baile no significa que los sentidos otorgados a ese estilo sean dominantes o exclusivos y que sean reproducidos ad infinitum. El movimiento, lo gestual, el intercambio discursivo ocurrido en el acto del baile, la presentación del yo elaborado por los participantes, las rupturas e interrupciones de la puesta en escena, son elementos a considerarse seriamente. Así como lo es el consumo de alcohol y, por lo menos para estratos medios y altos, de cocaína como vehículos no solo para catalizar una forma de performance sino para exacerbar las connotaciones sexuales y también violentas/de género de la salsa.

Son estos y otros temas y problemas, entre otros, los que levantan estos ensayos. Aquellos quienes se interesan en el estudio de las culturas populares en Ecuador deberán, entonces, utilizar paralelamente este texto en su calidad de documento de otra cultura que requiere también ser deconstruida: la del intelectual de clase media, hombre, y serrano, y los esencialismos que devienen de esta posición. Es en esta moneda de dos caras donde radica el valor del último libro de Hernán Ibarra, y es por ello que su lectura será siempre fructífera. Finalmente, creo que los ensayos más históricamente informados, tales como los que abren el libro sobre el proceso de modernización en Quito, dan cuenta de un trabajo de investigación más sistemático que resultaría igualmente deseable para el análisis de los temas más culturales.

 
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