Ecuador DEBATE Nº 57
 
 DEBATE CRITICA BIBLIOGRAFICA

LA NARRATIVA MESTIZA DEL ECUADOR
AUTOR: Rafael Polo
COMENTARIO: Manuel Espinosa Apolo

Este libro evidencia un importante esfuerzo intelectual persigue por lo tanto rigurosidad teórica en base a un marco conceptual actualizado, dentro del enfoque de los Estudios Culturales. Sin embargo, aparece atrapado en los límites de una tesis de maestría, razón por la cual resulta un trabajo preliminar, en cuanto a la información que proporciona y a la sistematización de la misma, así como al alcance de la reflexión e interpretación. A veces, da la impresión que se trata de una simple ejercitación académica, esto es, una aplicación de ciertas categorías bourdianas a un fenómeno de nuestra realidad.

El objeto de estudio del libro es el discurso de la sociedad ecuatoriana como nación mestiza y la participación de los intelectuales en la elaboración del mismo. Este proceso de afirmación del mestizaje como narrativa de la nación sería ­según el autor- un proceso que tuvo tres momentos diferenciados: 1) el realismo social de los años treinta, 2) la oficialización de la nación mestiza como identidad pública del Estado, propagada desde la Casa de la Cultura, y 3) la crítica de los tzántzicos al concepto de Cultura Nacional desarrollada por la Casa de la Cultura y la búsqueda de una auténtica cultura nacional a través de un mestizaje que suponga un sincretismo cultural real.

El libro analiza los dos últimos momentos, sin que exista una justificación argumentada de por qué se deja afuera el primero. Si bien es cierto que el tercer momento tiene su razón de ser en tanto que critica y niega al segundo, no es menos cierto que en el primero sientan las bases para la elaboración del discurso realizado por Benjamín Carrión, de ahí que la delimitación temporal resulta arbitraria. Por está razón, el afán de dar cuenta del proceso se queda trunco. Es más, el deseo de dar cuenta de los dos momentos en los límites que impone un trabajo monográfico, impide que el autor se detenga lo suficiente en cada uno de ellos, por lo que el análisis y la argumentación resultan insuficientes y superficiales. Hubiese sido preferible que la investigación se restringiera exclusivamente al segundo, es decir, al análisis de la participación de Benjamín Carrión en la reivindicación de la nación mestiza, que es en definitiva el centro de interés del autor y el tema que articula la obra.

El argumento central puede resumirse de la siguiente manera: La afirmación del mestizaje como narrativa de la nación que realiza Benjamín Carrión sucede en el momento en que se vive el hundimiento, en la subjetividad del cuerpo social, de la nacionalidad ecuatoriana, después de la guerra con el Perú en 1941, el Protocolo de Río de Janeiro en 1942 y el estallido de "La Gloriosa" . Al interior del campo intelectual surge entonces, la preocupación por definir y caracterizar la identidad nacional. Dos posiciones que se enfrentan por instituir un punto de vista como legítimo se diferencian claramente: 1) la hispanista representada por Camilo Ponce Enríquez y Jacinto Jijón y Caamaño, quienes toman como referencias para su elaboración, la cultura hispánica y su impronta en nuestra cultura, al mismo tiempo que expresan la necesidad de restituir el orden moral como sostén de las relaciones simbólicas; y, 2) aquella que define a la nación como mestiza, considerándola como una síntesis asimétrica de los "elementos" indígenas y blanco-españoles, representada por Benjamín Carrión. Sin embargo, en la elaboración de relatos nacionales, unos y otros comparten un discurso teleológico de origen, una perspectiva racial, la sistemática negación del otro, especialmente del indio, en donde Quito es presentado como un centro desde donde se irradia la civilización.

La segunda posición triunfa y se instituye como punto de vista legítimo, con la fundación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) por parte del Estado. Se trata, por tanto, de una obra "desde arriba". La creación de La Casa de la Cultura Ecuatoriana no es por tanto el resultado de una vanguardia intelectual o de un movimiento impugnador que se agrupa alrededor de dicha institución, sino la respuesta del Estado, quien le asigna la tarea de: "robustecer el alma nacional y esclarecer la vocación y el destino de la patria". Es decir, su función es refundar el cuerpo de la nación ecuatoriana, generar una identidad y las relaciones simbólicas de pertenencia, cuya parte central es reconstruir la narrativa de la nación. Con la CCE se sientan las bases y las condiciones institucionales para la generación de una intelectualidad estatal.

Con la instauración de dicha institución, la nación mestiza, como comunidad imaginada, se convierte en una preocupación estatal y en versión pública de la "nacionalidad". La función de la CCE se reduce a una cruzada de imposición e incorporación a la ecuatorianidad mestiza que se expresa en la "teoría de la pequeña nación".

A continuación el autor expone la parte más polémica del libro: la calificación de la obra y el papel que juega Benjamín Carrión en dicha coyuntura. Para Rafael Polo, el intelectual lojano no es un crítico o un suscitador sino el restaurador de un orden simbólico anterior. Carrión es el ideólogo del mestizaje desde una mirada aristocratizante, elitista y europeizante. Su obra se reduce a construir un cuerpo simbólico útil para legitimar y homogeneizar a los ecuatorianos, ya porque olvida que los indios forman una cultura distinta o ya porque la idea de integrarlo solo busca diluirlo en el mestizaje, a más que desarrolla un discurso lineal y continuo de la historia nacional. La narrativa de la nación mestiza evidencia, de esta manera, la falta de aprehensión de una realidad compleja, contradictoria y múltiple. La CCE dirigida por Carrión, llevará a cabo un proceso restaurador que afirma el dominio de una clase como dominio simbólico en la construcción de referentes históricos y culturales, de los cuales se encontraba excluida la cultura popular y las culturas indígenas, a pesar que incentivó los estudios folklóricos y antropológicos por primera vez en el país.

En la formulación de esta hipótesis, el autor se apoya en un supuesto cuestionable: toda acción estatal está reñida con los intereses subalternos. Por otra parte, resulta contradictoria la idea de considerar la obra de Carrión como meramente restauradora de un orden simbólico anterior, cuando al mismo tiempo se señala que con la creación de la narración de la nación mestiza se crea por primera vez un nuevo referente simbólico, basado esta vez en el mestizaje. Es obvio que la construcción de Carrión solo fue posible en la medida que enfrentó la posición hispanista-moralista de la nación ecuatoriana representada por los conspicuos intelectuales del conservadorismo: Jijón y Caamaño y Ponce Enríquez. ¿Acaso esto no le otorga a Carrión un carácter impugnador? El juicio del autor en cuanto a que la fundación de la CCE no obedece a una acción impugnadora y el considerar a Carrión como un mero restaurador, es demasiado concluyente, ya sea por la débil argumentación y la exigua documentación.

Un tercer momento en la afirmación del mestizaje como fundamento de la nación corresponde a la aparición del movimiento cultural: los Tzántzicos. Se trata de una vanguardia dentro del campo

 
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