Ecuador DEBATE Nº 58
 
 COYUNTURA

gobierno, además de conjurar el principal peligro de desestabilización, se dota de dos fuerzas capaces de neutralizar o disuadir cualquier género de movilizaciones antigubernamentales.

La metamorfosis del movimiento indígena en partido político con su participación (y cooptación) en el actual gobierno clarifica muy significativamente en qué medida el carácter político de los movimientos sociales ha llegado a pesar tanto en ellos que termina transformándolos en movimiento y partido político. Lo que obliga a pensarlos de muy diferente modo. Fue muy elocuente la tensión y las diferencias entre dirigentes indígenas de la CONAIE y la dirección del partido Pachacutick en cuanto a la modalidad de participación en el gobierno y sobre todo cuando fueron tomadas las primeras medidas de ajuste económico dictadas por el FMI. Pero la gran contradicción que presenta el cambio de lo social (movimiento) a lo político (partido) consiste en que el movimiento en cuanto partido deberá ser pensado y tratado en términos de representación política. Al movimiento se le podría cuestionar sobre la conducción de los sectores indígenas por parte de su dirigencia y organizaciones, pero el partido y sus políticas pueden ser cuestionados en cuanto a su representación de dichos sectores indígenas.

Esta transformación política de un movimiento social (como es el caso del movimiento indígena) resulta extremadamente significativa de un doble fenómeno: en primer lugar, en democracias gobernadas por fuerzas oligárquicas (nacionales y globales) un movimiento social solo sobrevive en la medida que se politiza y termina perdiendo su fuerza social al convertirse en partido; en segundo lugar, dicha transformación muestra cómo las violencias de un sistema político destruye las estructuras que lo integran: politizando la sociedad civil (movimientos sociales) y privatizando la sociedad política (los partidos, sus fuerzas, estrategias e intereses)6. En conclusión, el movimiento indígena que había representado y podía representar un serio desafío para cualquier gobierno, una vez convertido en partido político o subsumido por el partido, pierde toda su fuerza social.

Una vez captada e integrada en el gobierno esta doble alianza (indígena y militar), Gutiérrez se asegura antes de iniciar su gobierno una triple alianza. En primer lugar, con el FMI y el gobierno de los EEUU. El apoyo de Bush y del Departamento de Estado tenía la finalidad de rectificar una imagen que pudiera asociarlo al perfil demasiado reformista o revolucionario de un Chávez o un Lula, con los que la prensa internacional lo había en un principio identificado
7. En segundo lugar, el apoyo del FMI respondía a la misma táctica reactiva: el FMI podía ser un enemigo político (durante la campaña electoral), pero era el mejor aliado gubernamental: y si el FMI legitimaba el gobierno de Gutiérrez a costa de deslegitimarlo ante las fuerzas e ideas que los apoyaron, muchas de éstas son ya parte del mismo gobierno. En tercer lugar, las posiciones y discursos reformistas y de izquierda, también usados durante la campaña electoral, quedarán hipotecados en las conversaciones y acuerdos con la derecha política nacional, la que representada en el PSC apuesta más por una estabilización que por una desestabilización del actual gobierno, para garantizar su mejor sucesión. Aun cuando no haya un pacto explícito de sucesión con la derecha, a lo que más podría aspirar un gobierno como el actual es concluir su período constitucional. Esto podría constituir la mejor herencia para el relevo del PSC.

Tras los fracasos gubernamentales de los dos anteriores gobiernos, y ante el ineludible riesgo de gobernar una democracia con políticas fondomonetaristas, con una institucionalidad tan precaria y al margen de las mismas instituciones democráticas y del Estado, en lugar de adoptar un proyecto o programa de gobierno, cualquiera que sea, el Presidente opta más bien por tácticas y estrategias, escaramuzas y estratagemas gubernamentales. Mas que "carecer" de una línea o plan de gobierno, sus movimientos políticos entre versátiles y erráticos, sus cambios constantes de posicionamientos, y la misma configuración tan heterogénea y nepotista de su gobierno, todas estas actuaciones responden a un mismo condicionamiento y objetivo: no gobernar el país sino simplemente administrarlo. Lo cual podrá reforzar tanto como debilitar su gobierno, dependiendo del tipo de dificultades y conflictos que tenga que enfrentar.

La militarización del gobierno y del mismo Estado no se limita a fines defensivos del propio gobierno sino a una remilitarización de la política nacional, que en parte compensa a las FFAA del histórico protagonismo perdido al firmarse la paz con el Perú, en parte les devuelve una influencia mayor, de la que nunca carecieron del todo, en la escena política nacional, y finalmente les proporciona tres nuevos campos de acción geopolítica: la defensa del territorio nacional frente a la guerra interna colombiana, la participación en la guerra antiterrorista comprometida con la base de Manta (centro hemisférico de operaciones militares norteamericanas sustitutivo del de Panamá) y la militarización del orden interno y guerra contra la delincuencia 8.

Si más de dos décadas de régimen democrático no han logrado supeditar del todo o definitivamente las FFAA al ordenamiento jurídico, económico y político del Estado nacional, permitiendo que tanto judicial como económica y políticamente las FFAA sigan regulándose por procedimientos tan autónomos como poco públicos, el actual gobierno parece querer fortalecer aún más los poderes y autonomías militares, con mayores competencias deliberativas 9. Una interrogante política no dejará de pesar sobre el actual gobierno: en qué medida su poder (lejos de estar en la Constitución) está en las FFAA o el mismo se ha vuelto rehén de ellas.


que aún se suceden, no hay que olvidar la presencia de generales dirigiendo el Municipio de Quito, y la Prefectura del Carchi.
6 Hemos desarrollado más ampliamente esta problemática en Desconsolidación democrática y destrucción del sistema político, CAAP, Quito, enero, 2003.
7 En su primera visita a la Casa Blanca, el Coronel ® se declaró "el más fiel aliado del gobierno de Bush" en todas sus luchas. Cfr. I. Ramonet, "Vive Brasil!", Le Monde Diplomatique, janvier, 2003; Emir Sader, "Année crucial pour la gauche latino-américaine", Le Monde Diplomatique, fevrier, 2003. Ambos autores consideran Gutiérrez representante de una nueva izquierda y enemigos del neoliberalismo.
8 Ya electo el Presidente, el Coronel ® declaró "como militar su profundo pesar" por la firma de la paz con el Perú, firmada por el presidente que él mismo derrocó. Mientras que la política nacional y la de su Canciller es no declarar terrorista la guerrilla colombiana, sus posiciones al respecto parecen contradictorias; pero tanto las posiciones de involucramiento como de no involucramiento refuerzan y legitiman el armamentismo del Ejército Nacional. Gracias a uno de los artículos intencionalmente más confusos de la Constitución ecuatoriana las FFAA han integrado la policía nacional, militarizando aún más la naturaleza castrense de ésta, sustrayéndola a las competencias del Ministerio de Gobierno, y facilitando las actuaciones policiales por parte de las FFAA:
9 La misteriosa y explosión de los polvorines del cuartel de Riobamba, la verosímil intencionalidad y responsabilidades criminales del Ejército, y el tratamiento secreto y extrajudicial de todo el asunto, puso en evidencia, que nada se respeta tanto en el país como los fueros y privilegios militares.

 
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