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gobierno, además
de conjurar el principal peligro de desestabilización,
se dota de dos fuerzas capaces de neutralizar o disuadir cualquier
género de movilizaciones antigubernamentales.
La metamorfosis del movimiento indígena en partido político
con su participación (y cooptación) en el actual
gobierno clarifica muy significativamente en qué medida
el carácter político de los movimientos sociales
ha llegado a pesar tanto en ellos que termina transformándolos
en movimiento y partido político. Lo que obliga a pensarlos
de muy diferente modo. Fue muy elocuente la tensión y
las diferencias entre dirigentes indígenas de la CONAIE
y la dirección del partido Pachacutick en cuanto a la
modalidad de participación en el gobierno y sobre todo
cuando fueron tomadas las primeras medidas de ajuste económico
dictadas por el FMI. Pero la gran contradicción que presenta
el cambio de lo social (movimiento) a lo político (partido)
consiste en que el movimiento en cuanto partido deberá
ser pensado y tratado en términos de representación
política. Al movimiento se le podría cuestionar
sobre la conducción de los sectores indígenas por
parte de su dirigencia y organizaciones, pero el partido y sus
políticas pueden ser cuestionados en cuanto a su representación
de dichos sectores indígenas.
Esta transformación
política de un movimiento social (como es el caso del
movimiento indígena) resulta extremadamente significativa
de un doble fenómeno: en primer lugar, en democracias
gobernadas por fuerzas oligárquicas (nacionales y globales)
un movimiento social solo sobrevive en la medida que se politiza
y termina perdiendo su fuerza social al convertirse en partido;
en segundo lugar, dicha transformación muestra cómo
las violencias de un sistema político destruye las estructuras
que lo integran: politizando la sociedad civil (movimientos sociales)
y privatizando la sociedad política (los partidos, sus
fuerzas, estrategias e intereses)6.
En conclusión, el movimiento indígena que había
representado y podía representar un serio desafío
para cualquier gobierno, una vez convertido en partido político
o subsumido por el partido, pierde toda su fuerza social.
Una vez captada e integrada en el gobierno esta doble alianza
(indígena y militar), Gutiérrez se asegura antes
de iniciar su gobierno una triple alianza. En primer lugar, con
el FMI y el gobierno de los EEUU. El apoyo de Bush y del Departamento
de Estado tenía la finalidad de rectificar una imagen
que pudiera asociarlo al perfil demasiado reformista o revolucionario
de un Chávez o un Lula, con los que la prensa internacional
lo había en un principio identificado7. En segundo lugar, el apoyo del FMI respondía
a la misma táctica reactiva: el FMI podía ser un
enemigo político (durante la campaña electoral),
pero era el mejor aliado gubernamental: y si el FMI legitimaba
el gobierno de Gutiérrez a costa de deslegitimarlo ante
las fuerzas e ideas que los apoyaron, muchas de éstas
son ya parte del mismo gobierno. En tercer lugar, las posiciones
y discursos reformistas y de izquierda, también usados
durante la campaña electoral, quedarán hipotecados
en las conversaciones y acuerdos con la derecha política
nacional, la que representada en el PSC apuesta más por
una estabilización que por una desestabilización
del actual gobierno, para garantizar su mejor sucesión.
Aun cuando no haya un pacto explícito de sucesión
con la derecha, a lo que más podría aspirar un
gobierno como el actual es concluir su período constitucional.
Esto podría constituir la mejor herencia para el relevo
del PSC.
Tras los fracasos gubernamentales
de los dos anteriores gobiernos, y ante el ineludible riesgo
de gobernar una democracia con políticas fondomonetaristas,
con una institucionalidad tan precaria y al margen de las mismas
instituciones democráticas y del Estado, en lugar de adoptar
un proyecto o programa de gobierno, cualquiera que sea, el Presidente
opta más bien por tácticas y estrategias, escaramuzas
y estratagemas gubernamentales. Mas que "carecer" de
una línea o plan de gobierno, sus movimientos políticos
entre versátiles y erráticos, sus cambios constantes
de posicionamientos, y la misma configuración tan heterogénea
y nepotista de su gobierno, todas estas actuaciones responden
a un mismo condicionamiento y objetivo: no gobernar el país
sino simplemente administrarlo. Lo cual podrá reforzar
tanto como debilitar su gobierno, dependiendo del tipo de dificultades
y conflictos que tenga que enfrentar.
La militarización
del gobierno y del mismo Estado no se limita a fines defensivos
del propio gobierno sino a una remilitarización de la
política nacional, que en parte compensa a las FFAA del
histórico protagonismo perdido al firmarse la paz con
el Perú, en parte les devuelve una influencia mayor, de
la que nunca carecieron del todo, en la escena política
nacional, y finalmente les proporciona tres nuevos campos de
acción geopolítica: la defensa del territorio nacional
frente a la guerra interna colombiana, la participación
en la guerra antiterrorista comprometida con la base de Manta
(centro hemisférico de operaciones militares norteamericanas
sustitutivo del de Panamá) y la militarización
del orden interno y guerra contra la delincuencia 8.
Si más de dos décadas
de régimen democrático no han logrado supeditar
del todo o definitivamente las FFAA al ordenamiento jurídico,
económico y político del Estado nacional, permitiendo
que tanto judicial como económica y políticamente
las FFAA sigan regulándose por procedimientos tan autónomos
como poco públicos, el actual gobierno parece querer fortalecer
aún más los poderes y autonomías militares,
con mayores competencias deliberativas 9.
Una interrogante política no dejará de pesar sobre
el actual gobierno: en qué medida su poder (lejos de estar
en la Constitución) está en las FFAA o el mismo
se ha vuelto rehén de ellas.
que aún se suceden,
no hay que olvidar la presencia de generales dirigiendo el Municipio
de Quito, y la Prefectura del Carchi.
6 Hemos desarrollado más ampliamente esta problemática
en Desconsolidación democrática y destrucción
del sistema político, CAAP, Quito, enero, 2003.
7 En su primera visita a la Casa Blanca, el Coronel ® se
declaró "el más fiel aliado del gobierno de
Bush" en todas sus luchas. Cfr. I. Ramonet, "Vive Brasil!",
Le Monde Diplomatique, janvier, 2003; Emir Sader, "Année
crucial pour la gauche latino-américaine", Le Monde
Diplomatique, fevrier, 2003. Ambos autores consideran Gutiérrez
representante de una nueva izquierda y enemigos del neoliberalismo.
8 Ya electo el Presidente, el Coronel ® declaró "como
militar su profundo pesar" por la firma de la paz con el
Perú, firmada por el presidente que él mismo derrocó.
Mientras que la política nacional y la de su Canciller
es no declarar terrorista la guerrilla colombiana, sus posiciones
al respecto parecen contradictorias; pero tanto las posiciones
de involucramiento como de no involucramiento refuerzan y legitiman
el armamentismo del Ejército Nacional. Gracias a uno de
los artículos intencionalmente más confusos de
la Constitución ecuatoriana las FFAA han integrado la
policía nacional, militarizando aún más
la naturaleza castrense de ésta, sustrayéndola
a las competencias del Ministerio de Gobierno, y facilitando
las actuaciones policiales por parte de las FFAA:
9 La misteriosa y explosión de los polvorines del cuartel
de Riobamba, la verosímil intencionalidad y responsabilidades
criminales del Ejército, y el tratamiento secreto y extrajudicial
de todo el asunto, puso en evidencia, que nada se respeta tanto
en el país como los fueros y privilegios militares.
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