Ecuador DEBATE Nº 58
 
 ENTREVISTA

LA CALIDAD SANITARIA DE LOS CULTIVOS DE IMPORTANCIA ECONÓMICA: Impactos Del Programa Nacional De Control Biológico Del Perú*

George Sánchez Quispe**

En la década pasada en el Perú se consideró que la mejor opción de política económica y desarrollo era la puesta en práctica de un conjunto de reformas con el claro objetivo de acercar la asignación de recursos a un sistema económico de libre mercado.

De un lado se implementó un programa de estabilización económica que buscó reducir drásticamente la inflación y equilibrar las cuentas fiscales. Paralelamente se inició un conjunto de reformas estructurales que permitieron liberalizar el comercio internacional y la cuenta de capitales, se flexibilizó el mercado laboral, se puso en marcha una reforma tributaria, se redefinió el rol del Estado en materia económica iniciándose un proceso de privatización, y se implementaron cambios en el mercado de capitales y el sistema de pensiones. Como consecuencia de estas reformas y del plan de estabilización se logró reducir la inflación de un 7,0% en 1990 a 6.5% en 1997, se reinsertó al país al mercado financiero internacional y se alcanzó un importante dinamismo de las exportaciones, factores todos que contribuyeron a que la economía alcance un crecimiento acumulado de 43% entre 1990 y 1997, equivalente a una tasa media anual de crecimiento de 5.2% (Valdivia, 2001).

Por otro lado, la nueva orientación económica generó expectativas positivas sobre los efectos favorables que podían darse para el sector agrario y la eliminación del sesgo anti-agrario introducido por las políticas macro económicas de las décadas anteriores. En particular, se pensó que el nuevo orden económico introduciría una corrección en el tipo de cambio real que sería ampliamente ventajoso para el sector, dado que constituía un sector relativamente transable. Sin embargo, el tipo de cambio real en vez de incrementarse como se anticipaba permaneció estancado y muy por debajo de los niveles de los años pre-reforma, lo que restringió los efectos esperados de la reforma sobre el sector agropecuario. Esto explica en parte el deterioro observado de los precios reales agrícolas. No obstante, es posible distinguir dentro de la evolución de los precios reales del sector un mejor desempeño relativo de los exportables cuando se los compara con los precios de los importables y de los no transables. En parte ello refleja los mejores precios del café durante los primeros años de la década pasada, pero también es consecuencia de las reformas comerciales y las reducciones de los aranceles y las barreras para-arancelarias a los bienes en general, incluyendo los agropecuarios.

En suma, las reformas económicas no lograron una devaluación del tipo de cambio real que hubiese generado un efecto precio favorable para la agricultura como un todo. Sin embargo, se dieron cambios en precios relativos que permitieron mejorar los términos de intercambio del campo frente a los bienes industriales pero los retrasaron en comparación a los servicios. Asimismo, al interior de la agricultura han sido los bienes agrícolas exportables los que han observado precios relativamente más favorables frente a los importables y no transables (Krueger, Schiff y Váldez, 1991).

En la década pasada el sector agropecuario ha mantenido una participación promedio del orden del 8% de la producción agregada, habiendo sido liderado el crecimiento agrícola por los cultivos de papa, arroz, café, trigo y maíz, entre los productos tradicionales. En el caso de la producción pecuaria sobresalió la crianza de aves. Para entender mejor el crecimiento de la producción agrícola en la década del 90 es importante diferenciar el incremento mostrado en el área sembrada de las variaciones en rendimiento. Se observan que en la mayoría de los casos el incremento del área de producción ha generando variaciones positivas en la producción, siendo principalmente productos de exportación los que muestran un crecimiento guiado por mejoras en sus rendimientos.

Con relación al sector externo, la oferta agropecuaria ha respondido al nuevo entorno de apertura comercial de los noventa y el consecuente reacomodo de precios relativos dentro del sector. Esto ha significado un incremento sostenido de las exportaciones agropecuarias permitiendo recuperar, en términos reales, los niveles de finales de los setenta y comienzo de los ochenta. Así, el total de exportaciones del sector pasó de ser del orden de los US$ 300 millones en 1990 a unos US$ 700 millones hacia fines de la década pasada. Las importaciones agropecuarias igualmente siguieron una fuerte tendencia creciente hasta 1998, año en que el ajuste general del gasto agregado afectó también a las importaciones agrícolas. El resultado ha sido un sector bastante más abierto al comercio internacional y con unas exportaciones agropecuarias más dinámicas que las exportaciones globales de la economía, permitiendo que la contribución del déficit comercial agropecuario al déficit comercial global haya venido decreciendo a lo largo del tiempo. Asimismo es importante destacar que fuera del importante incremento en las exportaciones de café, han sido más bien las exportaciones no tradicionales (que en el 2000 representaban el 64%) las que han logrado un importante desarrollo, lideradas por productos como los espárragos en conserva y frescos, los forestales maderables, pelos e hilados finos, mangos y la harina de flores de marigold.

En los últimos años la producción agropecuaria se ha visto afectado por problemas sanitarios. La sanidad vegetal del agro peruano se ha visto afectada por aparición de diversas plagas y enfermedades atentando contra la calidad sanitaria y productividad de los cultivos, además reducir los niveles de las exportaciones agropecuarias. En las últimas décadas se han detectado cerca de 70 plagas y enfermedades que afectan la producción nacional con pérdidas que bordean el 35% de la misma. Uno de los problemas más importantes del subsector agrícola de la costa del país es la mosca de la fruta, la cual ha impedido el desarrollo más dinámico de las exportaciones hortofrutícolas, en las cuales la costa peruana, por su ubicación y condiciones climáticas tendría una gran ventaja comparativa. El impacto en términos de las pérdidas anuales se ha calculado en US$ 100 millones.

La situación zoosanitaria peruana se caracteriza por la presencia de la fiebre aftosa, que se ha constituido en uno de los principales problemas sanitarios, en bovinos y vacunos. Durante los últimos diez años esta enfermedad se ha manifestado en forma epidémica en 1990, 1993 y 1996, esta enfermedad afecta la producción de leche y carne; y las pérdidas durante un año epidémico

 
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