Ecuador DEBATE Nº 58
 
 DEBATE ANALISIS

REFLEXIONES ANTROPOLÓGICAS ACERCA DE LAS PROBLEMÁTICAS ACTUALES DE LA CULTURA EN ECUADOR

Mauro Cerbino*

Reconstruir los niveles de socialización en un contexto marcado por profundas diferenciaciones culturales y sociales puede ser la tarea de la que llamaríamos una ética lúdica: así como en el juego es imprescindible que exista el respeto y el reconocimiento de cada participante, para establecer nuevas formas de vínculo entre las diferencias hay que partir de ese mismo respeto y reconocimiento. Pero tal vez hay que cumplir con un paso anterior, el de la tolerancia. Esta tiene que entrar en escena en la dinámica del juego si se quiere asegurar su desenvolvimiento.

Las reflexiones que a continuación se presentan constituyen una serie de exploraciones conceptuales sobre algunos interrogantes que en la actualidad requieren de nuestra atención y pretenden contribuir a definir los términos de la problemática contemporánea de la educación; la cual, no obstante los cambios vertiginosos generados por los procesos de mundialización de la cultura y el despliegue de nuevas tecnologías de la comunicación como en el caso de Internet, no sólo se mantiene vigente, sino que con mayor ímpetu se coloca en el centro de la extraordinaria discusión que recoge el desafío de estimular el desarrollo del conocimiento a partir de la complejidad individual y cultural de nuestro vivir.

Frente al cuestionamiento de los modelos de producción del saber típicos de la modernidad, el filósofo francés Edgar Morin, señala que la educación del futuro debe asumir como necesidad primaria la de enseñar a conocer el conocimiento, a desentrañar sus dispositivos y sus dificultades, "intentando armar cada mente en el combate vital para la lucidez". "Es necesario, sigue Morin, promover un conocimiento capaz de captar los problemas globales y fundamentales para inscribir en ellos los conocimientos parciales y locales". Para cumplir con el propósito planteado por el filósofo francés, es necesario que la educación deje de concebirse definitivamente como una instancia para la simple transmisión de conocimientos y pase a ser el lugar para la elaboración de nuevas formas de "capital simbólico" que permita a los sujetos apropiarse de la realidad y del mundo de manera significativa.

En el ámbito de esta renovada metodología de la educación adquieren especial importancia los temas tratados en este trabajo que van desde la problematización de nociones como: cultura, diferencia e identidad hasta el planteamiento y la defensa de la tolerancia, del desarrollo de la capacidad lúdica y de la potenciación del capital simbólico en los niños con el objetivo que puedan servir de insumos para que la educación inicial se traduzca en una plataforma especial para mejorar los niveles de sociabilidad y aportar a la construcción de entornos más democráticos y participativos.

EN TORNO A LAS NOCIONES DE CULTURA, DIFERENCIA E IDENTIDAD

El término cultura ha sido muy discutido durante décadas y aún alimenta uno de los más importantes debates no sólo en el ámbito restringido de las ciencias sociales, sino en el espectro de la opinión pública mundial. Si bien un intento científico de definición se produce en la tradición de estudios antropológicos, es innegable que el uso, debido también a una cierta popularización del término, ha entrado a formar parte de nuestros repertorios de juicios y de comprensión de la realidad.

A la notable difusión del término se acompaña una consolidada afirmación de que el sentido de cultura no se restringe a la dimensión de lo culto, en medida de la cantidad de libros leídos o de la acumulación de conocimientos elitistas y de la que entonces serían portadores sólo algunas personas y no otras, sino que llega a verse como el conjunto de costumbres, estilos de vida, prácticas sociales y expresivas que se refieren a un determinado grupo humano y que por lo tanto lo vuelven reconocible.

El mérito implícito en esta transformación del sentido de la noción de cultura es que se ha traducido en la consideración, o cuanto menos en la sospecha, de la coexistencia de una pluralidad de culturas y que, aunque se puede seguir pensando que la propia es la más importante, hay que reconocer indudablemente la toma de conciencia de que, la cultura entendida de esta forma más amplia, no es prerrogativa de unos cuantos sujetos especiales (que logran cultivar el espíritu según sugiere el significado del verbo latín colere) sino de todas las personas que viven en este mundo, y que "tienen cultura" por el sólo hecho de ser humanos.

Las consecuencias de esto no son secundarias. En primer lugar permiten cuestionar la pretendida superioridad de ciertas culturas sobre otras. En efecto, en base a qué criterios se puede establecer la superioridad. Pertenecer a una determinada cultura puede ser importante o imprescindible para unos (lo que, por decirlo de alguna manera, se inscriben en esta cultura) pero no para otros (que se colocan afuera). De tal forma que la importancia es relativa y no absoluta. El significado de esta importancia es uno entre muchos posibles. La constatación, pacífica o conflictiva, de esta condición relativa de la cultura, da paso a la idea de que el mundo está hecho de diferencias. Podemos ver entonces que la noción de cultura tiene como corolario el planteamiento de la diferencia. Pensar en ella, es el desafío más acuciante de estos tiempos tardomodernos, tanto desde la reflexión teórica como desde las prácticas y la acción de los sujetos individuales y colectivos.

Gracias al despliegue y al incremento del turismo de masas existe un consumo exótico de la diferencia, cuando entramos en contacto con modos de vida desconocidas (del comer, del vestir y otros ámbitos obviamente además del idioma). Ahí hacemos experiencia de la diferencia por el hecho de que el lugar en el que nos encontramos y su gente no nos es familiar. Evidentemente este no es el único ejemplo de contacto con la diferencia. Tenemos vivencia en diversos grados de intensidad en muchas ocasiones


* Antropólogo, profesor - investigador de FLACSO sede Ecuador. Este ensayo ha sido escrito para el Programa Nuestros Niños del Ministerio de Bienestar Social como un aporte teórico a la elaboración del currículo para la educación inicial de 0 a 5 años.

 
  <----

---->