Ecuador DEBATE Nº 59
COYUNTURA
- Dolarización: se acumulan dudas
Marco Romero Cevallos
Desde el año pasado y durante el primer semestre del 2003 se han incrementado los sectores que, en forma cada vez mas enérgica, señalan los límites de la dolarización y los pobres resultados alcanzados bajo este esquema monetario. El debate ha salido del ámbito académico en el que siempre mantuvo cierta presencia y de un limitado eco en la opinión pública, hacia los sectores empresariales y políticos que han planteado diversas inquietudes respecto a su continuidad.
La intensidad del debate y de sus implicaciones ha llevado el tema hasta el nivel presidencial, desde donde se ha ratificado el carácter irreversible de la dolarización y la necesidad de tomar medidas para reforzarla. Las discusiones, marcadas por un gran esquematismo y posiciones más ideológicas que técnicas, han tendido a polarizarse entre los sectores catastrofistas y los sectores optimistas. Entre los primeros se menciona la necesidad imperiosa de diseñar una estrategia de salida "ordenada" de la dolarización, ahora que todavía habría tiempo. Los últimos destacan la "estabilidad del dólar" y rechazan una vuelta a la incertidumbre y a las devaluaciones periódicas; no obstante, ninguno ha intentado esbozar los costos económicos, sociales y políticos.
En este artículo examinaremos algunos elementos centrales del debate mencionado, así como la evidencia empírica disponible sobre la dinámica reciente de la economía ecuatoriana, estableciendo sus principales tendencias y las presiones actuales y previsibles sobre variables claves para la vigencia de la dolarización en el Ecuador.
Un debate que gana espacio
En el mismo momento que se adoptó y luego se ratificó la dolarización unilateral de la economía ecuatoriana, como una medida desesperada, sustentada en un razonamiento básicamente político, sin el suficiente análisis técnico peor una evaluación de sus implicaciones en el mediano y largo plazo, existieron algunas voces que cuestionaron este "salto al vacío", asumido como el suicidio monetario escogido para dar solución a la crisis más profunda de la economía ecuatoriana en su vida republicana.1 Tales posiciones fueron minoritarias y desechadas como actitudes nostálgicas, por parte de la mayoría que apostaba a las promesas de una economía estable y dinámica vendidas generosamente junto a esta opción monetario cambiaria.
Cabe destacar la posición del sector empresarial del país que se puso decididamente a favor de la dolarización, por considerarla como la mejor o la única opción disponible para enfrentar las dificultades de la economía ecuatoriana. Algunos incluso la vieron como el primer paso hacia una nueva forma de insertar al Ecuador o incluso a un fragmento de él en la economía global, como un polo moderno y flexible, posicionado en sectores dinámicos de los servicios. En los gremios empresariales había un segmento más ideologizado y fundamentalista que asumió el papel de propulsor de la dolarización; como veremos ese sector es hoy el que mantiene la defensa más militante de dicha medida.
Dichos sectores enfatizaban que la dolarización traería consigo la estabilidad de los precios y su convergencia hacia los niveles internacionales; bajas tasas de interés y, por lo tanto, mayor inversión y generación de empleo.Simultáneamente, sin embargo, y desde diversas perspectivas se planteaba que la adopción del dólar no era, por si sola, ninguna panacea y que debía ir acompañada de una serie de políticas diseñadas para consolidar el esquema y dotar a la economía de herramientas que le permitan responder ante choques de origen interno o externo. Entre dichas medidas se incluían: la flexibilización del mercado de trabajo, que apunten a lograr no sólo un equilibrio fiscal sino la acumulación de superávit que permitan pagar el servicio de la deuda externa; la creación de diversos fondos de estabilización ("colchones"), que sirvan para amortiguar caídas bruscas de los ingresos por exportaciones, y específicamente del petróleo, y otras variaciones bruscas de las tasas de interés internacionales u otros factores y condiciones económicas del ámbito externo, que afectan negativamente a sectores o agentes en el país.
Esos planteamientos fueron poco discutidos, pero incluso se adoptaron algunas acciones en tal sentido, desgraciadamente sin el impulso, la prioridad y la consistencia suficientes; así, por ejemplo, se acumularon ciertos recursos en un fondo petrolero, gracias a los elevados precios del crudo obtenidos en el 2001 y el 2002.; sin embargo, tales recursos desaparecieron cuando cumpliendo el ciclo político del gasto público descrito por Jürgen Schuldt (el "efecto monumento"), el régimen anterior expandió el gasto en la parte final de su ejercicio.
Así tenemos que el gasto del sector público no financiero aumentó en 29.8 y 21.8 por ciento, en el 2001 y 2002, respectivamente; esa evolución corresponde casi exactamente al incremento registrado en el gasto realizado por el gobierno central; en los dos años hay un fuerte incremento en el rubro sueldos, pero también se expanden significativamente las transferencias dentro de los gastos de capital. Tales transferencias corresponden fundamentalmente a las asignaciones que realiza el gobierno central a los gobiernos locales, para desarrollar la escasa obra pública o para mantener la infraestructura disponible.
En suma, no ha existido ningún cambio en el manejo irresponsable, clientelar y sin ninguna planificación del gasto público; no ha existido ninguna mejora significativa en la infraestructura disponible en el país, ni se ha incrementado cuantitativa ni cualitativamente el gasto social. Sin embargo, un aspecto mucho más importante en el período reciente, pero particularmente en los tres años de vigencia de la dolarización es la magnitud de los pagos por servicio de la deuda externa que ha debido realizar el país; así tenemos que ese rubro ha significado pagos efectivos por 2.106 millones de dólares en el 2000, por 1622.9 millones en 2001 y 1407 millones en el 2002.
Si consideramos los desembolsos por deuda pública externa realizados en el mismo período, encontramos que el Ecuador ha "exportado" capitales al resto del mundo por montos de 1.207,7; 681.4 y 900.5 millones de dólares en cada año, respectivamente. Este problema, definido como el de las transferencias netas negativas que caracterizó a la década pérdida de los ochenta, reaparece y se agrava en la "media década perdida" establecida por la CEPAL para el período 1997-2002.
Cabe destacar que esta tendencia se presenta a pesar de la renegociación que realizó el país en julio del
/ La revista Ecuador Debate ha incluido diversos análisis sobre la dolarización y la crisis antes y durante la vigencia de la dolarización, desde múltiples perspectivas. Existieron igualmente otros analistas, más bien pocos, que alertaron sobre los riesgos y las restricciones asociadas a la rigidez y las exigencias de dicho esquema monetario; entre ellos, cabe mencionar los trabajos realizados por Alberto Acosta, Carlos Marx Carrasco, los miembros del Foro Ecuador Alternativo y los que se incluyen en la obra colectiva: "Macroeconomía y Economía Política en Dolarización", Universidad Andina Simón Bolívar , ILDIS, Abya-Yala, 2001.
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