Ecuador DEBATE Nº 59
 
 COYUNTURA

capaz de actuar con ética y que, cuando lo defenestran, canta sus verdades y se purifica en ese gesto. Tres, el funcionario que sustenta su arrogancia en poseer secretos de Estado.

Hemos aprendido a reconocer los actos de corrupción o los crímenes de Estado por boca de los corruptos y los asesinos. A los periodistas, en este país, no nos queda otra alternativa que dar fe a los rumores, cubrir la retirada o la cobardía de los informantes, actuar sobre los rencores políticos para investigar, desempolvar con enorme trabajo las memorias para encontrar la relación entre los hechos.

Y todo ello es visto como un hecho natural, porque en el país no hay el hábito de estar informado. Por tanto, aceptamos sin molestarnos una información de mala calidad. El sistema se sustenta en la desinformación. Más aún: la ausencia del derecho a la información nos deja, paradójicamente, de por medio, un vacío, una ausencia.

No hay derecho a la memoria que es donde la información se sedimenta. Tenemos un rasgo característico: el olvido, lo que nos arrastra a una constante nostalgia de identidad. Una crisis de identidad que, afirma Julia Kristeva, ocurre en las naciones y en los individuos: no sabemos más quiénes somos, ya no tenemos más aspiraciones, proyectos, cada uno se repliega sobre sí mismo, y todo aquello puede conducirnos al suicidio social.

Yo me pregunto qué ocurriría si se instaurara, no sólo el derecho a la información, sino algo que va más lejos: el derecho a la palabra. Si los silencios hablaran, no habría nada más subversivo que lo que pudiese nacer de sus voces. Si todos los silenciados de nuestro país hablaran. Qué pasaría, me pregunto, si en el Ecuador consiguiéramos derrotar al secreto de Estado, ese secreto que militares y policías han extendido a todos sus actos, sean o no materia de reserva? Qué sociedad surgiría de allí? Es posible derrotarlo sin antes conquistar, no el derecho, sino el hábito, la necesidad de la información?

Mientras tanto, si la democracia puede ser el escenario en el que quepamos todos, me desazona el modo cómo los medios de comunicación presentan a un amplio sector de la sociedad: el pobre.

¿Cómo participan los pobres en la información? Sorprendidos, tomados al azar quejándose de otros pobres; o presentados con sus pecados para justificar las exclusiones. Sorprendidos en el descontento, abordados en el momento en que sus sentimientos son confusos o contradictorios, los pobres ratifican con su desconcierto la necesidad de una clase política que estructure sus discursos abruptos, que encamine sus quejas desordenadas.

Igualmente, cuando se trata de consagrar la exclusión, allí están los medios, retratando en sus páginas o en sus pantallas a los pobres sorprendidos en las situaciones más vulnerables y más miserables. A eso, los periodistas llaman historias humanas, vendedoras.

La comunicación, en este caso, se convierte en espectáculo. Los medios se convierten, de este modo, en instrumentos de control social, en cómplices de una democracia limitada. Volvemos, de ese modo, a las sociedades de control evocadas por Foucault y Negri.

Finalmente, los medios de comunicación masivos, me temo, no están trabajando, como parecería lógico, para producir más sociedad. Si se los acusa de despolitizar a la población, podría decirse también que caminan al borde del peligro de des-socializarla, de neutralizar lo social, en la medida en que neutraliza y mina las relaciones sociales fundadas en la diversidad.

Por último, si volvemos a la preocupación por la credibilidad, cruzada por las angustias que acabo de exponer:

¿Podrán los medios recuperar credibilidad si aparecen como cómplices de los secretos de Estado?
¿Podrán recuperar credibilidad si hacen de la información un espectáculo?
¿Podrán recuperar credibilidad si no alcanzan a reflejar las diversidades?

Yo quisiera quedarme allí. Y si me quedo en esa pura constatación es porque pienso que la mayoría de nuestros medios de información, en su afán de tomar distancia del poder encarnado en el gobierno actual, están afirmando su poder asentado en nada, en un vacío al que le denominan "opinión pública"; están haciendo de la información de oposición un espectáculo; y no entienden el carácter de la transición que es la forma que este momento toma la diversidad.

 
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