Ecuador DEBATE Nº 59
 
 TEMA CENTRAL

... emplearon las estructuras del paralelismo de género para ligar los ayllus a su dominio". A pesar de una clara prevalencia sobre las otras expresiones religiosas del culto al sol eminentemente masculino y aunque el Inca fuera su representante terrenal dotado de un poder absoluto, las vinculaciones de las mujeres a los cultos de la Pachamama, la tierra madre, se mantuvieron y de este modo gran parte de sus derechos, sin que intervenga en esas esferas ninguna dominancia masculina.

Desde luego muchos elementos constitutivos de la subjetividad femenina en este contexto quedan fuera de nuestro alcance; por ejemplo no sabemos mucho ni de las particularidades de la relación madre/hija, ni de la manera de percibir las relaciones sexuales o de las formas de identificación al propio sexo. Se trataban de sociedades sumamente tradicionales donde lo colectivo prevalecía sobre lo individual y la estructuración subjetiva era esencialmente organizada bajo la forma de una identificación social predeterminada respecto a la cual los avatares individuales tenían poco peso. Aunque podemos suponer la existencia de modalidades especiales de estructuración subjetiva avalizadas socialmente en casos excepcionales - así en muchas sociedades el shamanismo fue una manera para integrar a personalidades marginales -, por lo general la transgresión a la norma llevaba a una exclusión de la comunidad; y el aborto, el adulterio o el incesto podían ser causas de severos castigos.

El sistema andino de vinculación entre los sexos indicaba una organización sumamente estructurada, y la repartición de poder se ajustaba de manera muy equilibrada aunque jerarquizada a esta situación. Que sea un hombre que haya ocupado el lugar supremo de Inca responde a un hecho universal. Como lo nota con mucha sensatez Peggy REEVES SANDAY en su libro Poder femenino y dominio masculino7, en muchas sociedades primitivas o tradicionales las mujeres prefieren adjudicar el rol de jefe a hombres más bien que ejercer directamente la autoridad, probablemente porque la maternidad les da un rol insustituible en la sociedad con un valor simbólico claramente definido, mientras que el hombre depende de la construcción social de su rol. La tendencia generalizada de las mujeres a delegar el poder en lugar de monopolizarlo parece responder a una dialéctica propia al proceso de simbolización inherente a la esencia humana. La evolución sociocultural siempre sigue el camino de lo más concreto a lo más abstracto. En este sentido no parece justificado considerar que el sistema andino presentaba formas de sumisión de la mujer a un poder machista sino que era un ejemplo de articulación muy compleja y dinámica de las relaciones de sexo.

Anomia, desestructuración familiar y mestizaje

Precisamente este equilibrio fue roto por la colonización española con el proceso de destrucción cultural violenta y de desestructuración social que produjo al nivel de la sociedad una anomia persistente. Siempre el desastre de la aculturación y de la destrucción sociocultural se repercuta dramáticamente en el 'montaje social'8 que une toda sociedad alrededor de un emblema fálico, tótem, padre, cetro, y casi siempre se acompaña de un aumento vertiginoso del alcoholismo y de las plagas sociales concomitantes. En lo que se refiere a la temática de la mujer y de la familia, dos fenómenos tuvieron un impacto decisivo, la aculturación y el mestizaje. En especial, la familia y la relación entre los sexos así como los roles tradicionales se vieron muy afectados por el nuevo contexto histórico. Como sea las situaciones de desorganización social y de aculturación son particularmente propicias al levantamiento de tabús e interdicciones esenciales. Si la Ley Universal de prohibición del incesto a través de todas sus variantes constituye el fundamento de cada sociedad, se entiende que, cuando ocurren acontecimientos tan dramáticos como la Conquista, este mismo fundamento se trastorna y se desvirtúa totalmente. Como dice GRUZINSKY, citando a DEVEREUX, "el debilitamiento de las costumbres confirmaría que todo proceso de aculturación facilita la expresión de pulsiones reprimidas en la cultura de origen"9.

La desestructuración del sistema de parentesco es un efecto directo de cualquier colonización. Sin embargo en razón de pulsiones mortíferas particularmente fuertes desatadas por la Conquista y relacionadas con la imposible mediación por una palabra y por la ausencia de diálogo cultural, la destrucción de los modelos familiares tradicionales tomó a menudo formas radicales, facilitando una manipulación muy sutil de las relaciones sociales. Además el rápido aumento de una población mestiza huérfana de inserción sociocultural creó problemas jurídicos y por ende sociales inéditos que nunca encontraron respuestas adecuadas. Sólo las comunidades indígenas que, en su estrategia de sobrevivencia, se alejaron del mundo de los Conquistadores, lograron mantener un sistema de parentesco tradicional. Sin embargo su representatividad numérica fue cada vez menor y su significación sociocultural nunca fue considerada de gran relevancia, pues lo único que de los indígenas interesaba a la Colonia era su capacidad de pagar el tributo.

Si miramos ahora hacia el mundo de los conquistadores y su vinculación con los sectores indígenas, con los cuales establecieron contactos sexuales, observamos un panorama muy complejo y una serie de hechos llamativos. Desde el principio se planteó el problema de las parejas "mixtas", para llamarlas así, de su legitimidad y de las cuestiones de filiación con la aparición del grupo social nuevo de los mestizos.

En toda la América Andina, esta población mestiza, nacida de las parejas "mixtas" en el encuentro entre el viejo y el nuevo mundo, fue la de mayor crecimiento y representó el grupo de más alto peso demográfico. El mestizaje plantea una problemática no sólo social sino más aún subjetiva. En efecto un mestizo puede interrogarse sobre su pertenencia a una comunidad cultural u otra, y a la vez sentirse excluido o efectivamente marginalizado por un criterio de apariencia física. MÖRNER subraya que: "la aculturación es a veces muy difícil para el individuo. Puede conducir a los que afecta, sean o no sangre-mezclada, a la condición de 'marginal', de desarraigado, de inestable, de desadaptado... son


7 P. REEVES SANDAY, Poder femenino y dominio masculino. Sobre los orígenes de la desigualdad sexual. Editorial Mitre, Barcelona, 1981, p.141 ss.
8 P. LEGENDRE, De la Société comme Texte, Fayard, Paris, 2001.
9 S.GRUZINSKY, "La mère dévorante: Alcoolisme, sexualité et déculturation chez les Mexicas (1500-1550) Cahiers des Amériques latines 20, 1979, p.25.

 
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