Ecuador DEBATE Nº 59
TEMA CENTRAL
LA FEMINIDAD: ¿Cómo se construye?*
Martine Lerude**
El término feminidad es interesante, puesto que a pesar de su ligazón lejana a la anatomía, se distingue radicalmente de la maternidad que es con frecuencia considerada como el cumplimiento y el acabamiento de la feminidad.
El análisis que se propone viene de un lugar bien preciso: Europa. Mediante una lupa que es la del Psicoanálisis. ¿Cómo se plantea la cuestión de la feminidad? ¿Cómo podremos intentar definirla? Los trabajos sobre la feminidad son muy ricos, muy abundantes y generaciones tras generaciones de analistas han trabajado esa cuestión, recordamos los trabajos sobre la feminidad precoz de Jones y de Freud que han durado más o menos medio siglo.
Hoy ya no estamos en ese oscurantismo que ha envuelto a la feminidad y que hemos ya superado, atravesado ese momento en que la feminidad era una cuestión enigmática, en la que se hablaba de continente negro y la pregunta de Freud de ¿qué quiere una mujer? Es la versión masculina de la pregunta que encuentra todo ser humano. Es decir ¿qué es lo que se quiere?; ¿qué es lo que el Otro quiere de mi?
Los mitos son tenaces y hacían de la mujer (o de las mujeres) locas o brujas, y con seguridad han dejado trazas, huellas en la psiquiatría y en las historias. La cuestión de la feminidad continúa escribiéndose en cada generación de hombres y mujeres porque se sitúa en el corazón, en el centro de los intercambios humanos, en el corazón del encuentro sexual y amoroso, porque en ella habita el fantasma y esto ocurre siempre sea cual sea nuestro sexo anatómico y sea cual sea nuestra elección de objeto amoroso.
Si nos referimos a los diccionarios etimológicos aprendemos que la palabra feminidad viene tanto del latín feminino, que significaba amamantar y que es también succionar: como del indo-europeo felare que significa chupar, feliz. La versión latina feminino significa más ampliamente mujer, hembra y esposa. Esa palabra de feminidad aparece hacia 1.265, de acuerdo al diccionario, y se emplea para designar el conjunto de caracteres propios a la mujer. Otros autores, algunos como Budelaire -el poeta- ha inventado otra palabra alrededor de feminidad, como por ejemplo femineidad. Y encontramos también otra palabra introducida recientemente, feminitud, que está construida como la palabra negritud para significar el lugar de la mujer en el campo social.
El término feminidad es interesante, puesto que a pesar de su ligazón lejana a la anatomía se distingue radicalmente de la maternidad que es con frecuencia considerada como el cumplimiento y del acabamiento de la feminidad. De ahí que, si esa palabra feminidad designa el conjunto de caracteres propios a la mujer al tratarla de una manera analítica, vamos a ver cómo ese término se despliega a través de tres niveles diferentes. Evidentemente, esta definición es un tanto artificial pero va a permitirnos abordar tres campos.
Primero podemos hablar de la feminidad a nivel subjetivo es decir, del recorrido que una niña tiene que cumplir para convertirse en mujer; un segundo nivel podemos hablar de la feminidad a nivel colectivo y social, puesto que ese recorrido subjetivo está tomado, atrapado en un imaginario colectivo, es decir, en una fosa, en una mezcla de imágenes y de perjuicios que están determinados por la cultura; y un tercer nivel a través del cual podemos ver la cuestión de la feminidad que sería la de la relación con el otro sexo, es decir al fantasma del compañero, lo que nos va a permitir abordar la cuestión del masoquismo femenino. Desarrollaremos cada uno de estos tres niveles.
1) Primer nivel, el recorrido subjetivo que una niña debe atravesar, cumplir para convertirse en mujer.- Gracias a Francoise Dolto y a Lacan, que no han cesado de repetirlo, reconocemos que el sujeto está inmerso en un baño de lenguaje que le preexiste. En el nacimiento este recorrido se inicia con la nominación, su nombre lleva la marca de lo femenino. En lengua francesa hay una serie de nombres mixtos que vienen del masculino que no dejan de tener cierto tipo de incidencia y de problemas en la cuestión de la identidad, nombres como: Claude, Dominique, Daniele, Michelle, que son nombres de pila dobles que valen tanto para el varón como para la mujer. Al parecer en la lengua española esos nombres son raros.
Desde el nacimiento, la anatomía del bebé viene a ser validada por un decir "es una niña", "es un niño" y por una inscripción simbólica, por el nombre de pila. Desde el comienzo el decir del familiar, el decir de la madre, el decir del padre, vienen a introducir a inscribir en el infante, en el sujeto, antes de la palabra, a inscribir toda una red de palabras, de significantes que van también a determinar una identidad sexual, su identidad sexuada y llamarlo niña o varón. Esto es importante porque de entrada hay una palabra determinante.
Freud se interesó por el desarrollo libidinal del niño, como algo común tanto a la niña como al varón hasta un cierto punto, hasta la entrada de la fase fálica. En una conferencia en 1.933 "sobre la feminidad", Freud nos indica que la feminidad es el abordaje en dos tiempos alrededor del eje de la fase fálica; insisto en estos dos tiempos porque vamos a reencontrarlos en todo momento, cuando hablamos de feminidad.
Hasta este estadio -hasta la fase fálica- tanto la niña como el varón tienen un desarrollo libidinal idéntico, esa es la tesis freudiana esencial. Por desarrollo libidinal debemos entender el encadenamiento de las pulsiones parciales y la erotización de los orificios, es decir la fase oral y anal. Tanto la niña como el varón tendrán que vérselas como una líbido de sentido único, masculino. Lo que Lacan va a retomar a su modo, fundando la repartición sexuada de los seres humanos, que él llama "habla-ser", alrededor de un
* Conferencia presentada en octubre de 1998 en el CELA-PUCE, Quito.
** Psicoanalista
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