Ecuador DEBATE Nº 59
TEMA CENTRAL
IMÁGENES DE MUJERES Y EDUCACIÓN: QUITO EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX*
Ana María Goetschel
En medio de una incipiente modernización de la sociedad quiteña de la primera mitad del siglo XX, en la que siguió prevaleciendo un sistema de dominación étnica y patriarcal, se produjo un desplazamiento de las imágenes de las mujeres de sectores medios. Si bien en la mayoría de los casos el hogar continuó siendo el único espacio posible, también emergieron otras formas de representación: la de las mujeres trabajadoras, profesionales, creadoras, electoras.
El objetivo de este artículo es mostrar las imágenes de las mujeres quiteñas de sectores medios y su constitución dentro de las reformas educativas liberales y postliberales de la primera mitad del siglo XX. La educación de las mujeres en esta época atraviesa por varias etapas y configura, de algún modo, imágenes distintas sobre las mujeres: desde una imagen tradicional centrada en lo doméstico y en el espacio privado hasta otra "moderna" que intentaba convertirlas en objeto de preocupación estatal como "madres" pero también como "trabajadoras" y "profesionales". En medio de un proceso que no es lineal sino más bien complejo y contradictorio, me pregunto si la educación de estos años favoreció o no para la constitución de estas mujeres como sujetos modernos1 y su inserción en el mundo público.
Comenzaré introduciendo los antecedentes históricos y un breve contexto de este proceso para luego referirme a la educación y su contribución a la formación de una esfera pública para las mujeres. Para esto exploraré dos aspectos: las Revistas Feministas de comienzos de siglo y algunas prácticas educativas de las maestras de esa época.
Contexto introductorio
Hasta la Revolución Liberal y a partir del proceso de "civilización cristiana" impulsada por el gobierno de Gabriel García Moreno (1860-1875) las mujeres de sectores medios y altos fueron vistas, fundamentalmente, como parte del espacio familiar y doméstico. Eran concebidas como "puntal de la familia y base de la vida social", las que forman las costumbres y ejercen una eficaz y poderosa influencia en el destino y porvenir de las sociedades. Por eso la preocupación puesta en su educación religiosa y moral, en el adorno de su espíritu y su formación como administradoras del hogar. Aún cuando algunas participaron en la vida pública y en obras de caridad y beneficencia, el eje educativo fundamental fue la formación de las mujeres como madres de familia cristianas.
En cuanto a las mujeres de sectores populares urbanos, si bien se encontraban influidas por las ideas de la resignación y moral cristiana, los roles cumplidos por ellas dentro de las relaciones de trabajo y de género las colocaban muchas veces, en condición distinta. Por sus necesidades de subsistencia, desde la época colonial habían participado de manera activa en el comercio y actividades artesanales. Sin embargo, ese no era el caso de las mujeres sujetas a un control permanente como la servidumbre urbana y las huérfanas y asiladas en institutos de caridad.
En el contexto del liberalismo, la educación y las imágenes de las mujeres empiezan a cambiar, concibiéndose sus roles de manera distinta. Sus funciones como madres siguieron siendo fundamentales, sobre todo como protección a la infancia y de una concepción moderna de la puericultura, pero sus posibilidades de acción en la vida pública fueron un poco más amplias. Se abrieron puestos de trabajo desempeñados por mujeres en la administración pública, en la educación y en otras actividades profesionales. En pequeña proporción, la dinámica económica hizo posible que las mujeres se incorporaran a la manufactura y a la industria.
La educación laica desempeñó un papel importante en este sentido. La creación del Instituto Nacional Mejía (1897) como una avanzada de la educación laica y del Normal Manuela Cañizares (1901) permitió que las mujeres de sectores medios fueran a la Universidad o se gradúen de profesoras y se incorporen al Magisterio Nacional. Por otra parte, el acceso más libre al cine, al teatro, el deporte en los años 20, permitió cierta liberalización de las costumbres
Durante el proceso de la Revolución Juliana (1925), que en términos históricos fue una continuación de la Revolución Liberal y de una mayor modernización del Estado, el acceso de las mujeres a la vida pública, a la educación y al mundo del trabajo fue mayor, prefigurándose, aunque incipientemente, la imagen de la mujer profesional. Aunque lentamente y en forma restringida, empezaron varias mujeres a incursionar en profesiones como la abogacía, la medicina, la ingeniería y a participar activamente en los partidos políticos tanto tradicionales (liberal y conservador) como en los nuevos (velasquista, socialista y comunista).A partir de esos años se desarrolla una preocupación estatal por la educación técnica. Fue una época de crisis y de insurgencia social y al Estado le interesaba realizar acciones que contribuyan a un control mayor de la población, así como capacitar a la mujer e inscribirla dentro del proceso de modernización económica de la sociedad. En estos años se crea una sección femenina de la Escuela de Artes y Oficios, el Liceo Municipal Fernández Madrid, el Técnico Simón Bolívar y otros institutos técnicos. A estas actividades debe sumarse la acción de la Iglesia Católica, no solo mediante sus colegios y escuelas tradicionales, como las secciones populares de la Providencia, Los Sagrados Corazones y el Buen Pastor, sino de la Acción Social Católica.
Por otra parte, dentro del proceso inconcluso de crear un estado benefactor en el Ecuador de los años 30, uno de los ejes de preocupación estatal fue la población y, de manera particular, la maternidad y la protección de la infancia, como también de los trabajadores y la mujer obrera. En este contexto aparecen como imágenes de mujeres, además de las mujeres de la casa, de las madres, esposas e hijas cristianas, las "mujeres profesionales", "las madres modernas", "las mujeres obreras", "las electoras" como objetos de políticas de gobierno y la necesidad de dotar a estas mujeres de instrumentos educativos acordes con esta nueva condición.
Todas estas fueron acciones estatales e institucionales, es cierto, ¿pero se las debe ver únicamente en términos de gobernabilidad? Acaso las mujeres no ganaron nada? Existe una tendencia a mirar los procesos sociales únicamente a partir de la constitución del Estado Nacional, dejando de lado los intereses y necesidades de los propios sectores sociales. Las acciones de las maestras ilustradas de comienzos de siglo que incursionaron en el mundo público a través de la prensa y la literatura, las prácticas educativas que desarrollaron en sus clases, las acciones políticas y las organizaciones en las que participaron muchas de ellas, acaso no significaron avances de las mujeres en medio del sistema patriarcal?.
* Este artículo es parte de una investigación mas amplia auspiciada por el CAAP, Centro Andino de Acción Popular y Wotro, Netherlands Foundation for the Advancement of Tropical Research.
1 Parto de la noción de sujeto moderno planteada por Nancy Amstrong en su texto Deseo y Ficción Doméstica, (Ed. Cátedra, Madrid, 1990) cuando se refiere al papel de los libros de conducta y las novelas escritas por mujeres en la Inglaterra del siglo XVIII que forjaron un nuevo ideal femenino acorde con el Estado Moderno. En esta visión el valor de estas mujeres ya no depende de las ventajas patrimoniales de una sociedad patrimonial, sino de sus méritos personales conseguidos a base de su trabajo y esfuerzo.
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