Ecuador DEBATE Nº 60
 
 COYUNTURA

La imagen de un altivo indio prehispánico y un sonido de milenaria evocación con el que se cierran las cadenas nacionales de televisión, evidencian justamente esos símbolos del indio arqueológico a que apela el imaginario nacionalista.

Idearios nacionalistas en una situación posnacional

La existencia de una situación posnacional, trae una circunstancia de cuestionamiento al Estado nacional como fuente principal de identidad. Lo posnacional alude a que se abre un abanico de lealtades e identidades que ya no son exclusivamente definidas por imaginarios nacionales(4). Por tanto, se produce una crisis de lo que se suele concebir como identidades nacionales. Esto se encuentra mencionado constantemente por distintos personajes productores de opinión, para quienes existe desde una carencia de autoestima, hasta la esperanza de retomar imaginarios de mestizaje renovados.

A la ya instalada vigencia de las identidades étnicas, se debe conectar las identidades locales y regionales que se fundamentan en la elaboración de imaginarios promovidos por las autoridades locales y sectores culturales. Por otra parte, alentadas por las migraciones emergen comunidades transnacionales que expresan redes y solidaridades que se fundamentan frecuentemente en la recreación de lazos de las regiones y grupos sociales de origen. En este sentido, las redes pioneras de la década de 1950 forjadas por los otavaleños son un antecedente.

Los imaginarios urbanos tienen como soportes las políticas de renovación urbana que definen a las ciudades como fuentes de identidad. Más precisamente, las ciudades se recrean como lugares de la tradición, por ello, también se alienta una representación histórica. En sus características específicas esto ha ocurrido en Guayaquil y Quito como dos modalidades de estas representaciones de identidad urbana. Aunque el proceso de reinvención quiteño mantiene lazos sólidos con imaginarios nacionales.

En este auge de identidades locales, conviene tener presente que un brote de esas identidades ya ocurrió en el pasado. Efectivamente, entre 1920 y 1960 emergieron determinadas manifestaciones de identidad local que dejaron sus huellas en la prensa local y las monografías de localidades y pueblos. Pero ese florecimiento se desarrolló en el marco de un Estado centralizado y de una ciudadanía restringida. En las actuales condiciones, con una declinación de esa forma estatal, se trata de una reivindicación de lo local frente al Estado central. Esto implica una reapropiación histórica y la construcción de símbolos identitarios.

Este es un factor adicional a la crisis del nacionalismo de corte tradicional. Eso si, se mantienen los símbolos y rituales que son cohesionadores de las fuerzas militares. Por eso el énfasis en ceremonias castrenses, desfiles cívicos y paradas militares.

La prohibición de la celebración del "Halloween" en el sistema escolar decretada por el Ministerio de Educación va en la misma línea. Se propone desplazar esa celebración por la conmemoración del día del escudo nacional. El reemplazo de una fiesta que desde hace unos treinta años se fue diseminando desde las elites a otros grupos sociales por la adhesión a un símbolo patriótico, es la confrontación entre una fiesta de origen norteamericano y un símbolo patrio que se lo hace revivir.

Un "Halloween" ya implantado y "nacionalizado", se confronta con un símbolo patrio. Una celebración de origen extranjero puede ser vista paradójicamente ya como parte de las costumbres nacionales en la esfera del consumo infantil y juvenil. Contraponerlo a un imaginario simbólico nacionalista tradicional es una falsa disyuntiva entre un evento de consumo cultural y la liturgia cívica.

La irrupción de celebraciones muy influidas por la actividad mercantil, ilustra un antiguo proceso que ya ha tenido sus manifestaciones en la jerarquización del sistema escolar y los factores de prestigio de esas celebraciones.

La constitución del universo ideológico del gobierno de Gutiérrez emerge oponiéndose a los idearios multiculturales que de un modo u otro ya están incorporados a las políticas y al debate público. No tiene sentido decir que Gutiérrez carece de ideología.

Un líder militar sin carisma

En la experiencia histórica del jefe presidencial se presentan por lo menos las siguientes figuras : a) el líder providencial y carismático que se legitima por su apelación al pueblo; b) el caudillo autoritario que impone autoridad por el miedo y el temor; c) el estadista que define un horizonte de definición y respeto a las reglas del juego; d) el liderazgo de origen militar que puede combinar todos los tipos de liderazgo mencionados, con una tendencia a definir el mando y la obediencia como virtudes cívicas, con un sesgo frecuente hacia el autoritarismo y el ruido de sables.

En los círculos militares existen determinados paradigmas de liderazgo. Por ejemplo, el general (r) José Villamil define una serie de características que debería tener un líder. "El verdadero líder no teme a otros ni es celoso, alienta a sus seguidores para que crezcan, lo superen y les ofrece oportunidades. Siembra y deja que otros cosechen. Asume responsablemente los retos, no se preocupa por la imagen ni las encuestas. Corre riesgos pero sin temeridad, que a la desgracia conduce; ni bravuconea para no caer en ridículo y descrédito. No elude la verdad, es paradigma de ella. Es valiente y desprendido"(5) . Implícitamente, plantea virtudes que evidencian los defectos de Gutiérrez. Es una noción de liderazgo que cumple ciertos requisitos políticos y morales en la voz de una tradición militar que respeta las formas.

El aparecimiento del coronel Gutiérrez como figura tras el golpe de enero del 2000, estuvo rodeado de un clima de desgaste de las creencias, crítica a la política y los políticos, sensaciones de profunda crisis institucional. Su liderazgo que ­sea o no producto de la casualidad- ha ido demostrando los rasgos castrenses de modo predominante. Aunque en el ejercicio del poder adopte formas y poses de estilo providencial, no posee rasgos carismáticos. En la definición weberiana del carisma, el líder posee cualidades fuera de lo común, con un aura que implica un fuerte vínculo emocional con las masas. Además, el espíritu de la época, ajeno a la creación y veneración de héroes, torna difícil la producción de líderes carismáticos.

En el liderazgo militar, lo más importante son las jerarquías y los valores disciplinarios de mando desde el superior al inferior. Proveniente de una institución que es el eje del monopolio de la violencia legítima, su ejercicio de gobierno, se contamina también de la noción de monopolio del ejercicio del poder.


(4) Arjun Appadurai, La modernidad desbordada, FCE/Trilce, B. Aires, 2001, p. 177.
(5) José Villamil, "Cualidades del líder", El Comercio, 12/11/2003.
 
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