Ecuador DEBATE Nº 60
 
 COYUNTURA

INTERNACIONAL
¿En las puertas de un mundo nuevo?
Neoimperialismo y respuestas

Mariano Aguirre(*)*

El sistema internacional se encuentra en uno de sus momentos más graves desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Las tensiones que antecedieron a la guerra de Irak y los pasos que están dando EEUU y algunos de sus aliados con posterioridad a la contienda muestran que hay un intento de reorganizar el mundo, de alcanzar un nuevo orden que recuerda los peores intentos autoritarios del siglo XX.

Después de la Segunda Guerra Mundial, de la creación de las Naciones Unidas y la descolonización de una serie de países, el sistema internacional de Estados alcanzó la forma que conocemos en la actualidad. La estructura de la ONU conjugó el máximo poder mundial en el Consejo de Seguridad y la representación de todos en una Asamblea General sin poder decisorio. Esa entidad multilateral convivió con la política de la Guerra Fría que partió al mundo en varios bloques enfrentados, con mayor o menor intensidad según los momentos: EEUU y sus aliados contra la URSS y los suyos; China versus EEUU y la URSS; y el denominado Tercer Mundo dividido internamente, con grandes diferencias y tratando de constituirse en un bloque homogéneo.

El sistema económico, comercial y financiero se organizó en torno al dólar como moneda de referencia, con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) para organizar los flujos de capital, regular y organizar liberalmente la economía mundial. Las empresas multinacionales fueron los principales actores de la expansión capitalista; los bancos y las compañías financieras sentaron las bases para un sistema que hacia los 80 cambió la producción de bienes materiales por los servicios, a la vez que buena parte del capital productivo se volvió especulativo. Se empezó a producir más bienes con menos manos de obra; y el dinero generó dinero que se esfumó de las fábricas para ir a dar intereses en bancos, bolsas de valores y bonos en diversos sitios del planeta. La desmaterialización de la producción acompañó la desnacionalización del dinero.

Entre 1945 y 1989 EEUU se consolidó como la mayor potencia hegemónica Occidental. La ex URSS le disputó, y en ocasiones obstruyó ese poder, pero nunca llegó a ser una competencia real en términos científico-tecnológicos. Más aún, a partir de los años 80 su declive se hizo cada vez más fuerte, y cuando algunos líderes soviéticos como Mijail Gorbachov pretendieron modificar el sistema desde dentro éste terminó colapsando. China, en cambio, pasó de la ortodoxia comunista y el control del Estado a una modernización económica con cambio político muy controlado que la puede situar en el siglo XXI como una potencia industrial, comercial y militar. Japón llegó a los años 80 convertida en una potencia de alcance global, con un fuerte control de mercados y compitiendo con EEUU.

Europa, por su parte, ganó en este tiempo un peso científico-tecnológico, industrial y comercial que le permitió hacia los años 70 ser competencia de EEUU y afianzar la construcción de la Unidad con una progresiva inclusión de nuevos miembros, entre ellos España, Portugal y Grecia en los años 80, y quince miembros de la zona oriental más recientemente. Al mismo tiempo, expandió su influencia comercial en áreas como el Mediterráneo y América Latina. Rusia heredó el lugar de la ex URSS en las Naciones Unidas pero su fuerza económica, comercial e impacto político disminuyó notablemente. Su mayor peso quedó depositado en las armas nucleares, en la extensión geográfica que le sitúa en Occidente y Oriente al mismo tiempo, la capacidad de exportación de armas y el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Estados en fragilidad

En el llamado Tercer Mundo hubo crecimientos desiguales, la mayor parte de ellos dependientes. En algunos casos, especialmente en Africa subsahariana, La descolonización produjo soberanías pero no Estados sino entidades frágiles. Las formas de organización social precoloniales desaparecieron o se pervirtieron a la vez que las modalidades del Estado moderno modelo europeo se impusieron de forma violenta y muchas veces arbitraria. Diversos factores han producido esas entidades frágiles y en algunos caso en colapso: las luchas entre las élites que lideraron las independencias, las demandas de sociedades empobrecidas, el usufructo de las masivas riquezas por parte de esas élites y sus aliados internacionales. El resultado ha sido Estados en confrontación permanente en los que los derechos de los ciudadanos no están asegurados; y la corrupción, las mafias y el clientelismo sustituyen a la política de Estado y la democracia(1). Los países de Asia central, parte de la ex URSS, se encuentran, también, en una situación similar. A la vez, los estados balcánicos se ven afectados seriamente por el poder de las mafias que tratan de sustituir y controlar al Estado.

Oriente Medio y el Norte de Africa quedaron dominados por élites postrevolucionarias que establecieron regímenes autoritarios asentados sobre alianzas con entidades preestatales (clanes, tribus) que ejercen su poder a través de la represión. La expulsión de los palestinos de sus tierras, el establecimiento del Estado de Israel y el apoyo de EEUU y Europa enclavaron un conflicto que se ha prolongado hasta ahora. Las negociaciones de los años 90 no han servido para avanzar hacia la creación de un Estado palestino a cambio de la paz. Por el contrario, la derecha israelí se ha fortalecido en sus posiciones y los grupos radicales palestinos han desplazado al débil gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) con sus golpes terroristas contra objetivos civiles y militares.

Algunos estados poscoloniales se convirtieron, pese a sus desigualdades y desequilibrios, en potencias regionales, como México, Brasil, Suráfrica, India, Egipto, Turquía y algunos de ellos en potentes centros de producción y exportación de multinacionales extranjeras y propias como Corea del Sur y Singapur. Chile es un caso especial: la estructura del Estado fue suficientemente fuerte como para reestablecer la democracia luego de la dictadura militar de los años 70, y ha podido encontrar un hueco económico y comercial gracias a la diversificación de sus relaciones externas. Otros países que despuntaban como nuevos miembros del mundo industrializados cayeron en poderosas crisis -Indonesia, Argentina- al seguir la pie de la letra las recetas ultraliberales del FMI e ineficacia de sus gobiernos. Al destruir su capacidad productiva, fomentar el consumo suntuario, y ser gestionados por gobiernos corruptos, descendieron en la escala de la capacidad productiva y perdieron sus posibilidades de ser agentes para garantizar los bienes básicos de sus ciudadanos. Algunos de estos países habían sufrido brutales dictaduras militares en los años 60 y 70 que tomaron el poder para contener movimientos de cambio social.

La globalización jerárquica

Entre los años 80 y el fin de siglo el sistema internacional asistió al desarrollo del fenómeno denominado de la globalización, o mundialización. O sea, a la expansión en el conjunto del mundo de los modos y relaciones capitalistas de producción y comercio. Esta globalización es jerárquica y desigual porque beneficia mucho más a unos sectores que a otros, refuerza el poder de las corporaciones transnacionales, de las empresas que tienen capacidad de descentralizar la producción y el comercio, y reproduce la explotación de millones de personas que se integran en sistema productivos con poca capacidad de negociación. Al mismo tiempo, otros millones de ciudadanos viven la marginalidad, siendo parte de la denominada economía informal, sin protección ni derechos. La pobreza extendida en la base


* Director del Centro de Investigación para la Paz/FUHEM. Miembro del Consejo de Dirección del Transnational Institute, Amsterdam.
(1) Mariano Aguirre y Cecilia Bruhn, Guerra y olvido, Intermón-Oxfam, Barcelona, 2002.

 
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