Ecuador DEBATE Nº 60
 
 TEMA CENTRAL

El nuevo orden antiterrorista mundial
J. Sánchez Parga

El enorme diferencial de fuerzas y potencias en el mundo actual ha generado el terrorismo de los más débiles y provocado el antiterrorismo de los más poderosos como parte del "nuevo orden global". Con este presupuesto se abordan tres cuestiones: las estrechas articulaciones entre imperialismo norteamericano, nuevo orden mundial y guerra contra el terrorismo; la enorme maquinaria ideológica legitimadora del antiterrorismo; las profundas contradicciones políticas de la guerra antiterrorista. Concluye un breve tratado del "enloquecimiento de los poderes" en la sociedad moderna y en el marco de "the War on Terrorism".

"La cuestión es saber ­ dijo Humty Dumpty ­ quien manda... y punto"
(Lewis Carrol, Alicia a través del espejo).

"La violencia no es sino la más flagrante manifestación de poder"
(Hannah Arendt, Crisis de la república).

La tesis que nos proponenos argumentar es que el nuevo orden mundial se constituye como antiterrorista, ya que cualquier violencia a su interior y en contra de dicho orden no puede ser más que terrorista y declarada como tal. Según esto, y por muy paradójico que parezca, es el ordenamiento antiterrorista del mundo el que provoca el terrorismo y no al contrario.

Nunca hubo un "orden nuevo" sin un nuevo desorden; en la actual globalización el nuevo orden mundial es antiterrorista y el nuevo desorden terrorista. Lo realmente nuevo en el mundo no es el terrorismo, que en sus más diversas formas, variantes y situaciones siempre existió, sino el antiterrorismo o la "guerra contra el terrorismo" (war on terrorism); este fenómeno inédito, que es necesario explicar, constituye el real acontecimiento que marca la historia moderna desde el 11 de septiembre del año 2001, cuyas causas han de buscarse en la larga duración de procesos anteriores y de sus también largas proyecciones en el futuro(1) . Como todo gran acontecimiento esta fecha no puede alcanzar todo su sentido más que inscrita en la larga duración de la historia, en su mucho antes y su mucho después. El terrorismo actual no tiene nada que ver con las causas y formas históricas, las razones y estrategias políticas de los terrorismos de los años 70; el actual ha de ser comprendido dentro del nuevo orden global, referido a la guerra antiterrorista y a su conducción por parte de Estados Unidos(2) .

Al desaparecer el equilibrio entre las grandes potencias mundiales mantenido durante la guerra fría y la incorporación de todo el hemisferio socialista al núcleo político de dominación del orden mundial, todas las otras fuerzas y poderes en el mundo han quedado desalineados y sólo ellos podrían convertirse en una posible amenaza para el futuro: cualquier fuerza bélica o cualquier poder nuclear, cualquier amenaza militar, que no se encuentren integradas, "alineadas" al nuevo ordenamiento del mundo y a sus potencias dominantes (OTAN) aparecerían como un peligro terrorista. Era necesario legitimar junto con el nuevo orden económico (capitalista) y cultural (Occidente) un nuevo orden militar (antiterrorista), que por todos los medios por muy ilegales y destructivos que fueran, aniquilaran toda posible amenaza y oposición. Este nuevo orden antiterrorista global encontró en los atentados del 11 de septiembre su mito fundador y la justificación de una venganza "infinita" (everlasting).

La guerra antiterrorista será larga, ya que constituye una parte fundamental del nuevo orden político global y en particular del programa de dominación de los EEUU. Mientras haya guerra antiterrorista Washington podrá seguir legitimando su liderazgo militar en el mundo. De hecho, no hay cumbre política, no hay encuentro de jefes de Estado, ni reuniones de gobernantes, ni ruedas de prensa tras cualquier diálogo oficial en cualquier parte del mundo, que no concluyan con una obligada declaración de "guerra contra el terrorismo". Más que el terrorismo es la guerra antiterrorista que obliga a una reconfiguración geopolítica en el mundo, a una redefinición del orden jurídico y policial y hasta de la misma política y de la misma guerra. Y sin embargo, es la guerra antiterrorista que cada vez con mayor evidencia aparece ante los analistas más diversos como la principal amenaza para la seguridad y la paz en el mundo, y no tanto el mismo terrorismo. Nunca el armamentismo militar había alcanzado dimensiones tan enormes y nunca el orden legal internacional había sido tan transgredido como en la actualidad en nombre del antiterrorismo(3) .

Si el terrorismo moderno en su forma global ha de ser explicado no sólo a partir del decline de los Estados nacionales y de su pérdida de "monopolio de la violencia legítima" sino también del nuevo orden político mundial, la guerra contra el terrorismo aparece como la expresión y consecuencia de esa nueva "soberanía" que pretende el nuevo orden político de la globalización y su conducción política por el imperialismo norteamericano(4) . Ahora bien el riesgo que amenaza al imperio en su dominio del orden mundial y en su conducción de la guerra antiterrorista es quedarse solo, descubriéndose como el verdadero terrorista, ya que si "la extrema forma del poder es la de Todos contra Uno, la extrema forma de la violencia es la de Uno contra Todos"(5) .

Por un lado, el nuevo modelo de terrorismo resulta la consecuencia directa e ineluctable del nuevo ordenamiento político del mundo, por otro lado la guerra antiterrorista, cada vez con mayor evidencia, se muestra necesaria para la consolidación de dicho orden global. Por esta razón es necesario entender el nuevo imperialismo norteamericano tanto dentro del ordenamiento político global como de la guerra antiterrorista. Finalmente ni el terrorismo ni el antiterrorismo, ni este orden político mundial ni el proyecto imperialista norteamericano son comprensibles al margen de los "macropoderes económicos" (U. Beck), que realmente gobiernan los poderes políticos en el mundo. La post-guerra fría y la consolidación de los metapoderes en el mundo exigían una nueva división del mundo, diferente y más efectiva que la precedente división (Norte / Sur), un nuevo modelo de conflicto, no ya económico ni político sino cultural y terrorista / antiterrorista, y un nuevo miedo que movilizara los imaginarios y las inseguridades (el Islam).


(1) Un hecho histórico hace historia en la medida que rompe el curso de las sucesiones e inaugura nuevos procesos; pero la eficacia de tal acontecimiento ha de ser por ello explicada en procesos muy anteriores que lo preparan y será capaz de interpretar los acontecimientos futuros durante largo tiempo. "No necesitamos buscar un nombre a la era de la post-guerra fría. Desde ahora será conocida bajo el nombre de la era del terrorismo". Ch. Krauthammer (International Herald Tribune, 14.09.2001) acierta pero se equivoca de denominación, pues son las fuerzas dominantes del antiterrorismo las que dan nombre a la nueva era.
(2)La revista Esprit, n. 94-95, oct. ­ nov. 1984 presenta un dossier sobre los terrorismos de los años 70; los artículos de Philippe Raynaud, "Les origines intellectueles du terrorisme" y Michael Wieiorka, "Comment devient-on terroriste?" son tan ilustrativos de las diferencias, como las que presentaba el terrorismo anarquista.
(3) Un balance de los últimos cuatro años con su cómputo de víctimas y destrucciones en todos los lugares del mundo demostraría que la guerra antiterrorista ha cobrado muchos centenares de miles de víctimas, mientras que las del terrorismo no rebasan la decena de miles; la conclusión es que la guerra antiterrorista es más mortífera que el terrorismo
(4) En un estudio anterior, "El terrorismo y sus enemigos: el ocaso de la política", presentado en el Congreso de Filosofía Política de Alcalá de Henares, septiembre 2002, habíamos enfocado el fenómeno terrorista desde las nuevas formas de violencia y despolitización surgidas a consecuencia del decline de los Estados nacionales en cuanto "monopolio de la violencia legítima".
(5) Hannah Arendt, Crisis de la República, Taurus, Madrid, 1998: 144. De ahí el denodado afán de Washington de no quedarse sólo en su guerra contra el terrorismo, ni siquiera en su guerra contra Irak; lo que pretendía no era sumar fuerzas, que no necesitaba, sino evitar quedarse sólo contra todos.

 
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