Ecuador DEBATE Nº 60
TEMA CENTRAL
1. El nuevo orden político mundial y su conducción imperialista
La guerra fría que dividió el mundo y mantuvo un equilibrio geopolítico entre dos bloques hemisféricos con sus respectivas potencias nucleares, comenzó a ser políticamente ganada (por EEUU) y perdida (por la URSS) por razones económicas, con el proceso de internacionalización del sistema capitalista y no del sistema comunista. Sin olvidar que la guerra fría tuvo también sus guerras no declaradas con centenares de miles de víctimas(6) . El socialismo estaba ya vencido desde el inicio y mucho antes de la crisis de la Unión Soviética y de la caída del muro de Berlín, incapaz de internacionalizarse y volverse global permite la hegemonía y el dominio al capitalismo, que emprende, ya a partir de la Segunda Guerra Mundial, su imparable proceso de internacionalización y mundialización. Por eso, el modelo de globalización actual se encuentra determinado por la mayor capacidad de internacionalización del capital y no del comunismo, y por eso también son los EEUU la potencia económica que lidera la dominación política del nuevo orden mundial.
Mientras que la Guerra fría permitió la conformación de un bloque de países "no alineados", en la actual guerra caliente contra el terrorismo, no hay cabida alguna ni siquiera para los indecisos, ya que la disyuntiva se ha vuelto radicalmente brutal y ha sido conjugada de muchos modos: "quien no está con nosotros está contra nosotros"(7) . Nunca un enemigo "exterior" produjo una alianza tan global y tan estrecha a su interior: "las grandes potencias del mundo nos encontramos del mismo lado, unidos por los mismos peligros comunes de la violencia terrorista y el caos"; lo que en otras palabras significa reconocer que el terrorismo y el caos sólo pueden provenir de los países débiles, pequeños y empobrecidos(8) . Sin embargo, el problema no es la violencia en sí, más o menos puntual u ocasional, sino el poder real al que responde: "todo depende del poder que haya detrás de una violencia" (H. Arendt, p. 151); y todo el mundo ha de rendirse ante la evidencia de la enorme desigualdad entre el poder existente tras el antiterrorismo y el poder inexistente tras el terrorismo.
El efecto combinado del fin del ciclo del Estado-nación y su decline, junto con las consecuencias devastadoras del neoliberalismo han generado una "geopolítica del caos", que dará lugar a fenómenos de terror y terrorismo, y finalmente a una guerra antiterrorista con su política de guerra preventiva sustitutiva de la teoría de la disuasión(9) . De esta manera la globalización que había comenzado a desarrollarse y manifestarse en su dimensión más socio-económica y técnico-comunicacional termina descubriendo su verdadera naturaleza, todo su poder y alcance políticos. Un nuevo orden nunca es sólo económico, político e ideológico, sino también militar; siempre requiere de poderes políticos pero también de fuerzas armadas. Y si el nuevo ordenamiento global del mundo empezó siendo económico, ya que eran el ámbito, las fuerzas e intereses económicos los dominantes, ahora trata de dotarse también de un orden político y por supuesto militar: la guerra antiterrorista es el campo de batalla de ese nuevo ordenamiento militar del mundo. Recordar que la figura de la guerra preventiva, ya desde los pensadores escolásticos medievales era considerada contraria al derecho internacional, puesto que podía degenerar en una venganza arbitraria, obliga simultáneamente a reconocer los medios y procedimientos terroristas en los que ineluctablemente puede incurrir una tal guerra contra el terrorismo.
Sin ignorar que todos los países del mundo se encuentren interesados y comprometidos en la lucha contra el terrorismo, sería ilusorio desconocer que tal guerra global no sería posible sin la conducción de Estados Unidos, y que en esta guerra ponen a prueba toda su dominación militar, su hegemonía política y supremacía económica; en definitiva todo su proyecto neo-imperialista(10) . Es evidente que los EEUU siempre fueron imperialistas, pero únicamente a partir del 11 septiembre no sólo manifestaron sino que también utilizaron una "ideología imperialista", y hasta hicieron retórica de ella convirtiéndola en mensaje(11) . La conjunción del imperialismo con la tesis de la guerra preventiva hacen que ésta, además de injustificable, se vuelve infinita e indiscriminada, al apoyarse sobre el dilema de la seguridad y la amenaza: "atacar a cualquiera antes de que pueda atacarme"; lo que generaliza la guerra hobbesiana de todos contra todos.
La conciencia imperialista se impone a los norteamericanos y sus gobernantes como una consecuencia lógica de su doble poderío económico y militar: nuevo, en cambio, es el uso retórico con fines de legitimación de la lógica imperialista, a la vez que condición y resultado rigurosos del nuevo orden mundial, que requería de una conducción política: "el imponente poder destructivo que sólo puede llegar a tener una democracia totalmente movilizada y altamente industrializada"(12) . Si el imperialismo perteneció siempre de manera más o menos implícita o virulenta a las mentalidades y políticas norteamericanas, nunca como ahora había sido tematizado de manera tan expresa, para formar parte de las agendas tanto de sus intelectuales como de los programas gubernamentales(13) . La real novedad en el complejo imperialista consiste en el inédito y enorme reforzamiento del poderío militar: "¿qué pasa en el mundo cuando un solo país un verdadero subcontinente es susceptible de encarnar el poderío en el doble sentido de potencia económica y militar? ... Una política imperial es indisociable de un espíritu de conquista o de erradicación de las amenazas"(14) .
Mientras que las lógicas y estrategias terroristas no pueden ser más que locales, aunque se inscriban en el marco de procesos históricos globales, la lógica antiterrorista sí es necesariamente global, idéntica a la del orden y dominación que dicha guerra sustenta y legitima. Desde esta perspectiva declaraciones que parecen fanfarronadas, como la de "combatiremos el terrorismo en todo el mundo", "en todo lugar y por todos los medios" (Bush y Sharon) adquieren una profunda racionalidad política; como la denuncia contra 60 países que podrían estar comprometidos con el terrorismo, ya que todo sospecho de terrorismo es tan terrorista como quienes no se oponen a los terroristas. Es el orden político global el que hace también necesariamente global la guerra antiterrorista. Y es la mundialización del antiterrorismo que lo vuelve más peligroso que el mismo terrorismo, tanto por su poder de destrucción como por su capacidad para generar inseguridades y limitar libertades(15) . El efecto devastador de la expansión imperialista actual
(6) No hay que olvidar Corea y Vietnam ni medio siglo de carnicerías de víctimas civiles de las dictaduras latinoamericanas.
(7) Ironías de la historia e ingenuidades irresponsables de la prensa: al día siguiente del 11 de septiembre el diario Le Monde exhibía un enorme epígrafe en su primera página: "Todos nosotros somos americanos". Desgraciadamente aquella emotiva y desafortunada frase se volvió un siniestro presagio: hoy quien no sea norteamericano corre el serio riesgo de volverse sospechoso de terrorismo.
(8) Joseph S. Nye Jr. "Poder y estrategia de los Estados Unidos después de Irak", en Foreign Affairs, julio-sept. 2003.
(9) En el mencionado estudio, "El terrorismo y sus enemigos o el ocaso de la política", tratamos el fenómeno del terrorismo y antiterrorismo desde la perspectiva del decline de los Estados nacionales y una redefinición del "monopolio de la violencia legítima". En el presente texto enfocamos la misma problemática desde "el nuevo orden político global".
(10) Qué pasa con el mundo cuando un solo país un verdadero subcontinente es susceptible de encarnar el poderío en el doble sentido de la potencia económica y militar? ... Una política imperial es indisociable de un espíritu de conquista o de erradicación de las amenazas" (Thérése Delpech, Politique du chaos. L´autre face de la mondialisation, Seuil, Paris, 2002: 10).
(11) Hassner cita una conocida declaración de Teodoro Roosvelt: "si no mantenemos nuestros valores bárbaros no podremos proteger nuestras instituciones civiles" (Entrevista a Pierre Hassner, "L´action préventive est-elle una stratégie adaptée? Les contradictions de l´empire américain", en Esprit, n. 287, 2002: 75).
(12) Max Boot, "La nueva forma estadounidense de hacer la guerra", Foreign Affairs, jul sept, 2003. Este artículo muy representativo de los que aparecen en las revistas de análisis político norteamericanas ilustra de manera muy precisa la fusión de una mentalidad belicista e imperialista.
(13) Más aún, en contra del consejo de T. Roosvelt, quien recomendaba "hablar con mesura cuando se porta un gran garrote", el discurso imperialista se ha vuelto cada vez más insolente: "si la gente quiere que seamos un poder imperial que así sea" (W. Kristel, The Weekly Standard, citado por J. S. Nye, o.c.).
(14) Olivier Mongin, "Un an apres. Une entrée brutale et tardive dan l´apres guerre froide et la mondialisation", Esprit, n. 187, agost. sept. 2002: 10.
(15) Es opinión unánime de los expertos la imposibilidad de que los diversos terrorismos existentes puedan acceder al armamento nuclear, y las limitadas posibilidades para usar armas químicas y biológicas, las que por otro lado no tendrían los efectos de destrucción masiva que se les atribuye; mientras que de otra parte nunca fue tan colosal el armamentismo norteamericano, cuyo presupuesto para el 2002 2003 superaría los 400 mil
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