Ecuador DEBATE Nº 60
 
 TEMA CENTRAL

Que se lleven sus matanzas a otra parte, que no me dejan ver la telenovela(*)*
(Medios de comunicación, violencia y terrorismo)

Carlos Monsiváis(**)**

Antes del 11 de septiembre y la invasión a Irak, el término globalización describe de manera más bien borrosa o abstracta, el control estadounidense de los extraordinarios cambios tecnológicos y, de manera concomitante, el proceso de eliminación de las alternativas políticas y culturales.

Ahora, tras la emergencia de opciones surgidas de la defensa de los derechos humanos todavía no muy firmes pero en modo alguno irrelevantes, la globalización se ha vuelto también un término abierto que refiere la simultaneidad de experiencias, actitudes, informaciones y modas, pero ya no la homogeneidad de reacciones y acciones. Lo iniciado en Seattle y Milán se amplía y vigoriza por los movimientos antibélicos.

A los medios de comunicación se les ha considerado el vocero más importante o influyente del modelo único de la globalización. Al irse clarificando la existencia de alternativas y coincidencias críticas, conviene revisar el papel de los medios y la noción fatalista que los ampara: seamos apocalípticos o seamos integrados, los medios son lo irrefutable, lo que inutiliza a las protestas y devasta la diversidad. El fatalismo organiza sus lugares comunes a modo de santuarios de las ponencias, los artículos y los intercambios de puntos de vista. En estas notas uso como punto de partida la primera entronización del determinismo de los medios: el carácter de "Universidad de las nuevas generaciones".

I Violencia y terrorismo

"Te aseguro que entre gente de la misma edad los delincuentes han visto diez veces más horas-televisión que los aspirantes a la santidad"

Desde mediados de la década de 1960: los medios (la televisión, el cine, la Internet, los juegos de video) son objeto de una acusación severísima: someten a sus espectadores, en especial a los niños, al bombardeo de imágenes-shock que constituyen su formación esencial. Antes de concluir la escuela primaria, los niños mexicanos han visto ocho mil asesinatos y cien mil acciones violentas (La Jornada, 3 de julio de 2001), lo que conduce a alegatos como el del profesor Felipe Neri Rivero: "¿Cómo negarles o reprocharles a los niños que jueguen a guerritas, luchitas, a ser los superhéroes de la televisión, a policías y ladrones o nuevos Rambos, si las calles, los mercados, las escuelas y sus propios hogares están infestados de armas y violencia en todos los órdenes?" (en Anuario Educativo Mexicano: Visión retrospectiva, UPN/La Jornada, 2002).

Si la televisión como la pedagogía última de la sociedad, el determinismo es la ideología que la explica. ¿Quién discrepa del You're what you see, del "Eres lo que contemplas, porque cuando no piensas con imágenes te vuelves inarticulado". De acuerdo con esta lógica sin escapatorias, los egresados de la primaria retienen varios axiomas: a) el que ve televisión compulsivamente (casi todos) extravía su sentido de la ética porque, por ejemplo, los únicos policías honestos a su disposición visual mueren en los primeros cinco minutos del episodio; b) el dilema profundo del Homo Videns oscila entre la condición de víctima y la de victimario. Nadie prefiere la primera y pocos la segunda, con lo que el Homo Videns carece orgánicamente de identidad; c) toda representación de la violencia corroe los sistemas valorativos tradicionales.

El espectador, o todavía más, la espectadora, viven estupefactos porque -según Marshall McLuhan, profeta de otra era, la televisión potencia la simultaneidad, la síntesis y la inmersión participativa, y todo ello con independencia de su mensaje. Así, ante las imágenes de violencia tanto la síntesis disponible como la inmersión participativa son de índole didáctica ("Si el lenguaje de la violencia es natural, el que yo no lo posea me coloca en desventaja"). Pero con todo y alejamiento del mensaje, la creencia da un vuelco radical el 11 de septiembre con las imágenes de las Twin Towers, repetidas obsesivamente y convertidas con rapidez en el símbolo del tránsito de una sociedad confiada a una recelosa y muy inquisitorial. Ante el terrorismo y los bombardeos a las sociedades que han sido las primeras en padecer sus efectos, ¿tiene sentido preguntarse cuántas horas de programas violentos ven los niños? Si la violencia es uno de los grandes lenguajes internacionales, ¿cómo ocultar este conocimiento? Sostener que sólo a la mayoría de edad se comprende lo prohibido y lo indeseable es otra de las técnicas para infantilizar la educación. Desde el 11 de septiembre al insistir en el terrorismo, lo que en materia de formación de las personas y las sociedades, reclasifica la violencia.

"Si no fuera por la tele, los malhechores no se hubieran enterado de la existencia del delito"
Se insiste: los niños ven televisión en cuando pueden y cuánto pueden, con o sin vigilancia de los padres o de las madres solteras, y los medios electrónicos los enfrentan al detalle de los hechos de sangre. "Se les educa para la violencia, esa hija bastarda de la televisión". Tal creencia, nunca muy segura de sí misma, se aletarga en la energía declamatoria: "¡Fuera la violencia de la pantalla chica!" y se opone a la exhibición de cadáveres.

De tarde en tarde, desde los altos niveles burocráticos o desde las organizaciones de la derecha, se promueven en toda América Latina las prohibiciones y los intentos de prohibiciones.
En México, en 1993, el grupo Mujer de Blanco, dirigido por César y Maribel Coll, organiza una manifestación frente a la filial de Televisa en Guadalajara. En el clímax, los participantes destruyen a martillazos tres aparatos de televisión porque "difunden el hedonismo y la violencia". En 1997, a solicitud del presidente de México Ernesto Zedillo, se cancelan dos series diarias de muchísimo éxito que dan


* Este artículo apareció en la Revista Mexicana Etcétera en el No. de Junio 2003. Agradecemos a Marco Levario, Director de la Revista por permitirnos su difusión.
** Carlos Monsiváis es escritor. Esta es una versión corregida por el autor para Etcétera de la conferencia magistral presentada durante la Conferencia Internacional sobre Medios de Comunicación: Guerra, Terrorismo y Violencia, organizada por el Departamento de Comunicación de la UIA, a través de su Cátedra Unesco.

 
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