MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política

 
GUAYASAMIN
Los trabajadores
1942
Fotografía tomada de Historia del Arte Ecuatoriano, tomo 4, Salvat Editores Ecuatoriana, 1986
"Revolución Juliana", Crisis de Hegemonía y Estabilidad Política (1925 ­ 1960)
 
El Contexto
En el período 1925 ­ 1960 se destacan dos momentos bastantes definidos: el uno que va de 1925 a 1948 y el otro de 1948 a 1960.
 
El primer momento, que parte de la revolución "juliana" y culmina con el inicio del gobierno Galo Plaza, fue un período de la historia ecuatoriana que estuvo marcado, al menos en sus primeros lustros, por la preocupación colectiva respecto a los problemas sociales, por la persistencia de la recesión económica, por las reorientación productiva, la agitación social y la inestabilidad política. En el segundo, se viviría un relativo clima de tranquilidad social y estabilidad económica y política, resultado, en mucho, de las prósperas condiciones creadas por el auge bananero. De todas formas, en gran parte del período, los ecuatorianos vivieron turbulentas y traumáticas experiencias como la misma juliana, la guerra de los cuatro días (1932), la guerra con el Perú (1941) y "la gloriosa" (144) que marcaron en los más profundo la conciencia colectiva de los ecuatorianos.
 
1925 a 1948 fue una etapa que se inicio con una transformación del aparato estatal, intensa lucha y carencia de hegemonía política de algún sector de la sociedad que dieron como resultado la ingobernabilidad y una enorme inestabilidad política. Ciertamente en esta época, es decir, en veintitrés años, se sucedieron alrededor de veintisiete gobiernos, ente dictaduras militares y civiles, gobiernos provisionales y regímenes democráticos.
 
En cambio ente 1948 a 1960, bajaron las tensiones políticas, los gobiernos democráticos se sucedieron en el marco constitucional, la planificación estatal apareció y un nuevo impulso modernizador vivió el Estado.
 
En todo el período, la gente entre cuartelazos, matanzas, crisis de la economía mundial y persecuciones vivió nuevas experiencias como la radio, el cine hablado, la aviación, las novedades del fútbol nacional y la mayor presencia del automóvil en las estrechas calles de las urbes que vieron crecer sus espacios. Más adelante experimentó con mayor fuerza la moda estadounidense y el miedo al nacionalsocialismo. Siguió con atención las noticias sobre la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente, fue testiga de los primeros efectos de la "Guerra Fría", y de la tímida presencia de la televisión . Fueron hombres mujeres que se enamoraron al calor del pasillo, de "Benítez y Valencia", del tango, del bolero y posteriormente de Elvis y del rock, y se divirtieron con las películas mexicanas, con Cantinflas, y con las estampas de "Evaristo".
 
Por otra parte, desde los años veinte de este siglo se potenciaron las capacidades organizativas y de movilización de viejos grupos humanos (artesanos y militares) pero también hicieron su ingreso a la escena nacional nuevos actores sociales (obreros y clases medias) que exigieron su reconocimiento social y político. Las calles, el espacio público, fue el territorio donde, en forma generalizada, se expresaron las demandas. La tranquilidad pueblerina de antaño, alterada de cuando en cuando por los chismes, por cualquier escándalo social y por las luchas políticas y armadas de los caudillos y sus huestes vio, con asombro y no menos susto, la presencia de la organización y movilización popular, de la huelga obrera y de otras formas de reclamo y de presencia de los de "abajo". El Estado, las elites sociales, la opinión pública, el Ejército, la Iglesia y los intelectuales, desde sus particulares visiones, corrieron a explicarse y dar cuenta de este fenómeno. Prestos dieron nueva forma a los partidos políticos, reestructuraron la legislación, fundaron organismos estatales y reflexionaron, escribieron o pintaron retratos novedosos del ambiente social que les abrumó. En este marco surgió el realismo social y el indigenismo.
 
Semejantes percepciones de lo social y las subsecuentes acciones en este campo y, y sobre todo, los cambios que se dieron en el marco de representaciones de la gente, en su cosmovisión y en su cultura tuvieron directa y mayor relación con las transformaciones políticas y jurídicas que impulsó al Estado y, en menos medida, con las alteraciones surgidas de las estructuras social y económica del país.
De cualquier manera existieron algunas modificaciones en los aspectos económicos y social que incidieron en la estructuración de clases sociales, en sus relaciones y en la producción de las ideas.
 
La Juliana y la Medicina de la Moneda
El Mayor, Ildefonso Mendoza, en Guayaquil, y el General Francisco Gómez De la Torre, en Quito, dirigieron el movimiento de la joven oficialidad que dio al traste con el último gobierno de la Plutocracia. Se formó una Junta de Gobierno integrada por uno de los más firmes opositores de los regímenes costeños, Don Luis Napoleón Dillon, liberal de avanzada, cercano al socialismo y fundador de la fábrica textil más moderna de entonces, La Internacional. El fue el representante del sector social dirigente de la sierra que mayores intereses tuvo en una transformación económica y social. Luchas intestinas, desacuerdos y contradicciones llevaron a la Junta a su disolución y la proclamación por parte del ejército, en 1927, del doctor Isidro Ayora como encargado del poder. Este puso en práctica algunos ideales julianos de democratización de las relaciones sociales y de modernización del Estado.
 
Creó el Ministerio de Previsión Social, la Caja de Pensiones y acogió algunas demandas de los sectores subalternos. Sin embargo, la realización más firme estuvo en el campo de la economía y la modernización del Estado. Dictó medidas tendientes a la estabilización monetaria y al control inflacionario evitando las permanentes devaluaciones mediante las cuales los agroexportadores habían venido superando la crisis del cacao. Para esto, en un hecho sin precedentes en el país donde todos los bancos tenían capacidad de emisión, creó el Banco Central, institución encargada de emitir billetes y de promover la política monetaria del país. Con esto descargó un duro golpe contra los agroexportadores que, hasta ese momento, por su calidad de propietarios de las divisas y de los mayores bancos, habían impuesto su voluntad al Ecuador entero.
 
Además, siguiendo con el plan de reformas, creó al Banco Hipotecario para generar créditos a favor de la agricultura, fundó la Contraloría General del Estado, la Dirección General de Obras Públicas e instituyó la Superintendencia de Bancos. Más también, en el campo fiscal impulsó una Reforma Tributaria y una mejor estructuración del presupuesto.
 
Ayora, confirmado presidente por el Congreso de 1929, hizo un gobierno que favoreció los intereses de los industriales al promover una política proteccionista y dio al mismo tiempo gusto a los importadores al impulsar un esquema monetario, el patrón oro, que mantenía una "moneda sana".
 
La salud monetaria, en el marco de la crisis mundial de 1930, derivó en deflación, perjudicando a los negocios y particularmente a los agroexportadores que, sintiéndose afectados, decidieron, con el apoyo de otros sectores, desplazar en 1931 a Ayora del poder. Con este episodio se inauguró un momento de enorme inestabilidad política en el país.
 

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