MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

Historia del espacio y el territorio en el Ecuador

 
Resulta igualmente inapropiado hablar de "límites" del Tahuantinsuyo, pues más bien los pueblos o ciudades eran "zonas de contacto más o menos fluidas", entre las cuales era muy difícil trazar una línea de demarcación. Esto habría ocurrido justamente en el caso de la zona norandina o Andes septentrionales, actual Ecuador, en donde se dieron tres áreas de integración o unificación política. La primera, a partir de la cuenca del río Chira y siguiendo por el callejón interandino, una zona de auténtica presencia inca, cuyo eje fue Tomebamba (actual Cuenca), a la que se denominó "otro Cuzco"; la segunda, cuyo eje fue Tacunga (hoy Latacunga), también establecimiento de tipo otro ­ Cuzco, y, por último, la actual región de Quito hasta el norte de Ibarra, en que predominaron los llamados mitmaj conocidos en Quito como mitimaes.
 
Al mismo tiempo, el Tahuantinsuyo se dividió en dos mitades o sayas: Hanan, la parte de arriba y Hurin, la parte de abajo, con lo cual se trascendió el nivel cosmogónico, pues, por un lado, el avance que hicieron los incas se sostuvo desde el centro, y por otro, porque la dualidad, rasgo de civilizaciones antiguas que también se dio en los Andes, permitió que la presencia inca resultara menos odiosa al compartir un principio esencial, mágico y político, de organización espacial.
 
El ejemplo del Estado Inca en los Andes ecuatorianos demuestra con claridad que no obstante haber logrado la incorporación de los territorios norandinos a su sistema "cuatripartito", los incas encontraron dura resistencia entre los pueblos aborígenes con los que tuvieron que luchar durante unos diecisiete años para establecer su presencia. Los incas no lograron terminar con la resistencia de los señoríos étnicos que iban sometiendo; así sucedió en Tomebamba y Quito.
 
La explicación debe buscarse en los conflictos suscitados por la propia estructura política inca (estado centralizador) y la autonomía que poseían los señoríos étnicos norandinos. Los incas cortaron, por ejemplo, los vínculos de intercambio a larga y mediana distancia que los pueblos de los sierra habían mantenido durante muchos años con las tribus de las selvas occidentales y amazónicas.
De allí que habrían encontrado dura resistencia entre los yumbos del noroccidente de Pichincha, los ancestros de los cayapas y los tsatchelas o colorados; los chonos, lachas y otros grupos más. Los incas debieron llegar a la región de los Quijos, sin embargo, como existían allí sociedades más complejas, como los omaguas, no consiguieron ninguna hegemonía.
 
Casi en vísperas de la invasión europea (1531), el Tahuantinsuyo sufrió debilidades internas: unas, como consecuencia de la prolongada movilización militar contra los señoríos étnicos norandinos, lo que provocó motines entre la aristocracia cuzqueña, y, otras, como consecuencia de la rivalidad entre Huáscar y Atahualpa, que se disputaban la sucesión del gobierno imperial, tras la muerte de su padre Túpacyupanqui.
 
Los sentimientos anti ­ incas entre los señoríos norandinos hicieron posible la alianza con los españoles, como fue el caso de os cañaris, quienes, aunque en un principio comprometidos con la causa inca, decidieron finalmente ayudar a los españoles en la conquista del sur andino. En el norte, también los españoles encontraron apoyo entre los cayambis, dirigidos por el cacique Quiamba Puento. En Quito, Rumiñahui reprimiría a los señores de Zámbiza, Collahuazos y Pillajos, como rebeldes anti ­ incas, encabezados por el curaca Suquillo, en procura de detener el avance español.
 
Penetración Colonial Española y Organización Territorial
Desde el inicio, los conquistadores se dieron cuenta de la particularidad geográfica e histórica que poseían los territorios norandinos. Frente a esta realidad, que exigía el establecimiento de específicos mecanismos de control y organización de este vasto espacio, desarrollaron un sistema jurisdiccional de unidades menores y mayores que biunívocamente se correspondían tanto en el ámbito temporal ­ civil (gobernaciones, alcaldías, corregimientos, cabildos, audiencias y virreinatos), como en el espiritual (obispados, parroquias, curatos y arzobispos).
 
Este sistema se refería a la jurisdicción como el espacio, no necesariamente delimitado, en donde una autoridad cualquiera ejercía su mando. En cuanto a la jurisdicción eclesiástica, ésta se concedía únicamente a través de bulas pontificias.
 
La jurisdicción civil y "espiritual" no siempre se cumplió de manera estricta, ya que muchas veces se combinaron las atribuciones de las autoridades civiles y eclesiásticas. Por ejemplo, los términos generales que abarcó la Audiencia de Quito en 1563 acogieron los del Obispado de 1545; sin embargo, en cuanto a sus límites, mientras que por el norte el Obispado sólo iba hasta Pasto (pues Popayán era la capital de otra diócesis), Cali, Buenaventura y Buga. Por el sur, ocurría lo contrario, el Obispado se extendía hasta San Miguel de Piura, pero en cambio, en lo civil, pertenecía a la Audiencia de Lima.
 
En lo que toca a la región amazónica, a pesar de que antes de 1563 se iniciaron desde Quito las incursiones a esta zona, fue muy difícil para las autoridades españolas determinar límites fijos a esta jurisdicción, que estaba bajo la jurisdicción del Presidente de la Audiencia. De ahí que en la propia cédula de erección de la Audiencia de Quito se hayan fijado como términos "todos los territorios que se descubrieren y poblaren", por la imposibilidad de la corona de poseer información suficiente y medios adecuados para determinar sus linderos.
 
Juntar para separar: La Ciudad Hispana y las Reducciones
En lo que al ámbito regional y local ­ urbano se refiere, el deseo del Rey español fue que todos vivieran reunidos, con el fin de ejercer sobre los aborígenes un mejor control, que era posible si se dispersaban. De allí que en el asunto de fundar ciudades siempre se obedeció al monarca, debido a razones defensivas, económicas y políticas.
 
Defensivas, por que al estar juntos ­ indios y españoles -, los colonos podían controlarlos mejor, protegerse mejor de un medio social extraño y hostil; económicas, porque al mantener a una población concentrada, era más fácil que funcione una economía autosuficiente mediante la división del trabajo y el control de la mano de obra, y políticas, porque al ser residentes, los castellanos asumían inmediatamente los derechos de autogobierno.
 
En cuanto a la organización espacial urbana, los primeros habitantes de las ciudades iniciaron los procesos de apropiación y control de las tierras de los aborígenes de la zona, mediante la primera delineación de la urbe o "traza", así como con la delimitación de ejidos.
 
Las reducciones
El Estado español proyectó asimismo nuclear al os indígenas en pueblos, de modo de establecer la "república de blancos", estos últimos establecidos en calidad de residentes en las ciudades. El mecanismo utilizado con ese propósito fue el sistema de la encomienda (institución de origen español), mediante la cual se creó el espacio apropiado para agrupar a los indígenas en pueblos y desarrollar paralelamente la tarea de evangelización.
 
Cuando se inició la producción minera, en la segunda mitad del siglo XVI, el Estado español dio un profundo viraje político con respecto a la población indígena, con el propósito de aminorarles el grado de explotación a la que hasta entonces había sido sometida, y promulgó dos ordenanzas (de corregidores en 1565 y de indios en 1566) que regulaban el proceso de reducción de los pueblos indígenas, bajo la vigilancia de un corregidor, a quien se le asignó la tarea de alterar el patrón andino de ocupación del suelo y del acceso a la tierra.
 
Se redistribuyó de manera compulsiva a la población indígena, sobre todo en el territorio de los corregimientos, en donde además de existir una mayor concentración, se la vinculó a los mercados mineros a través de la producción textil obrajes, que constituyó no sólo el motor de la economía de la Audiencia, sino (y más aún) la clave de la organización del espacio.
 
Simultáneamente, las autoridades eclesiásticas llevaron a cabo la distribución de parroquias y doctrinas, delimitando territorialmente cada doctrina, de acuerdo con el número de feligreses y no en función de circunscripciones geográficas derivadas de las encomiendas, con lo que el encomendero perdió su poder en la designación de los doctrineros.
 
Las tres formas históricas: la encomienda, la reducción y el obraje, habrían constituido la base sobre la cual fueron organizados los pueblos indígenas en la Audiencia de Quito. En este sentido, un ejemplo típico sería el pueblo obrajero de Chambo, ubicado en el corregimiento de Riobamba, actual provincia de Chimborazo.

 
La Provincia de Mainas y la Cédula Real de 1802
 
Más tarde, en 1775, la provincia de Mainas fue tomada en cuenta para ser agregada al nuevo obispo de Cuenca, proyecto que no se llevó a efectivizar. Este fenómeno no coincidió con la época de mayor agudización del conflicto limítrofe entre las dos coronas sobre sus territorios en la zona del Río de la Plata y del Marañón. Para el caso de la primera, la creación del virreinato rioplatense constituyó el mecanismo adecuado para frenar las invasiones lusitanas aquellas tierras. Para defender la zona del Marañón, la Presidencia de Quito organizó expediciones que tuvieron por objeto llegar a un acuerdo definitivo en la delimitación de fronteras entre las dos monarquías. El presidente de Quito, José Dibuja y el comisario de límites, Francisco Requera, participaron muy comprometidamente en este cometido. En la iniciativa de Dibuja jugaban, al parecer, intereses oficiales como el de vinculara la región de Mainas con mercados europeos, a través de la construcción de un puerto en el Marañón Requena, por su parte, en calidad de comisario, consignó el cargo de gobernador de la provincia. Bajo estas funciones realizó varios informes sobre la situación de los pueblos de la misión, en los cuales destacó la necesidad de proporcionar atención espiritual a la provincia a través de la creación del Obispado y del fortalecimiento militar de la frontera mediante la conformación de la Comandancia General. La resolución a estas propuestas se tradujo finalmente en la cédula real de 15 de julio de 1802, por medio de la cual se legalizó el establecimiento de estos cuerpos gubernamentales de distinta índole pero con una sola base geográfica como jurisdicción.
 
María Elena Porras
 

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La Hora 2003 - Quito - Ecuador