MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana

 
Izquierda
Eugenio Espejo
Derecha
Simón Bolívar
El proyecto criollo
Cuando se fundó el Ecuador en 1830, la elección del nombre del nuevo estado, que dejó de lado el tradicional de Quito, no fue una casualidad o un descuido. Fue una respuesta a una realidad de fuerte regionalización. Quito, el antiguo centro político y eje de la región Sierra Centro Norte, tenía al frente a Guayaquil y Cuenca, centros de regiones con perfiles económicos, políticos y culturales propios. En medio de las transacciones iniciales, se mantuvo la desarticulación entre las regiones y surgió un estado débil e inestable.
 
El Ecuador no nació con un territorio definido. Desde los primeros años de la época republicana, los límites internacionales del país quedaron sin precisarse y sujetos a una larga historia de enfrentamientos, reclamos y pérdidas. La propia ocupación del territorio fue parcial, ya que cubría solamente los valles interandinos y las riberas del río tributarios del Guayas. El poblamiento de zonas extensas como Manabí y Esmeraldas fue marginal, y amplios sectores de la Costa interna y la Amazonía quedaron fuera de la jurisdicción estatal. La integración económica de las regiones era francamente débil y no se había formado un mercado nacional. La propia definición de "lo ecuatoriano" tenía escasa raíces. La soberanía del nuevo estado sufrió crónicas situaciones de desequilibrio y desafío.
 
Los criollos de la antigua Audiencia de Quito que arrebataron el poder las autoridades coloniales españolas se plantearon un proyecto nacional que concebía al naciente Ecuador como una continuación de la hispanidad en el Nuevo Mundo. Estos señores de la tierra que habían subordinado a su poder a los artesanos, pequeños propietarios y sobre todo a la mayoría de la población que era indígena, mantuvieron bajo fórmulas republicanas, la discriminación étnica y la sociedad corporativa del coloniaje; declararon idioma nacional al Castellano, excluyendo al Quichua, que era entonces el de la mayoría; mantuvieron una sociedad estamentaria se enfrentaron entre si en una larga disputa regional, que expresaba la desarticulación prevaleciente.
 
El proyecto nacional criollo no logró, pues, integrar a los diversos componentes sociales y regionales del naciente Ecuador en una comunidad cultural que asumiera una experiencia histórica y un destino común. Desde el principio, las elites que dirigían el estado central a base de inestables alianzas regionales y caudillistas, se esforzaron por consolidar el control administrativo y se esmeraron en buscar reiteradamente una identidad, acudiendo al uso de varios recursos culturales y políticos. Pero todos los mecanismos ideológicos fueron muy poco exitosos. En la práctica, el divorcio de las familias gobernantes "blancas" y el resto del país, "cholo", "montuvio", e indio no pudo superarse. La Identidad del Ecuador criollo era en realidad la de una minoría.
 
Al fundarse el estado, la Iglesia Católica cuya prédica había justificado la Conquista, y con el tiempo se había transformado en crucial elemento de identidad para amplios grupos de la población, se reconoció como "Religión de Estado" se afirmó en su papel de vehículos de conservación ideológica de la precaria unidad y de la dominación socio-económica.
 
Los primeros años de vida del Ecuador se caracterizaron por la inestabilidad de la dispersión. A fines de la década de los cincuenta se desató una crisis de dispersión regional, superada por la voluntad de las elites dominantes de consolidar el Estado Oligárquico Terrateniente como garantía de la mantención de la unidad interna y como condición para afrontar las nuevas situaciones internacionales que se daban en el marco de la expansión del sistema mundial dominado por el capitalismo. Gabriel García Moreno fue la gran figura de este proceso de organización y consolidación estatal que, al mismo tiempo que logró llevar adelante una obra material y educativa inmensa, agudizó las contradicciones sociales y políticas, especialmente por el hecho de haber acrecentado el poder de la Iglesia dentro del Estado.
 
Las últimas décadas del Siglo XIX atestiguaron el agotamiento del proyecto nacional criollo-latifundista. Las contradicciones del garcianismo afloraron y nuevos grupos sociales emergieron en la escena social y política. En las propias filas del garcianismo sucesorio se comenzó a cuestionar la visión criolla y a buscar raíces populares de la nacional. Juan León Mera, crítico de la Literatura, ideológico del conservatorismo, autor del Himno Nacional y estudioso de la cultura popular fue la más destacada figura de esta nueva actitud. Pero el liberalismo emergente, con su principal ideólogo Juan Montalvo, fue el movimiento que cuestionó a fondo la denominación terrateniente, la visión hispanófila criolla y el predominio clerical. El Liberalismo, que logró un gran desarrollo en Guayaquil y otros espacios costeños como Manabí y Esmeraldas, reivindicó la identidad mestiza y la necesidad de democratizar la política y el Estado mismo. La Guerra Civil de 1895, que no solo fue un enfrentamiento político y confesional, sino también regional, logró echar bajo al gobierno conservador e instauró un nuevo régimen y con él una nueva formulación del proyecto nacional.
 

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La Hora 2003 - Quito - Ecuador