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Vertientes
Históricas de la Nación Ecuatoriana |

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- El proyecto criollo
- Cuando se fundó el
Ecuador en 1830, la elección del nombre del nuevo estado,
que dejó de lado el tradicional de Quito, no fue una casualidad
o un descuido. Fue una respuesta a una realidad de fuerte regionalización.
Quito, el antiguo centro político y eje de la región
Sierra Centro Norte, tenía al frente a Guayaquil y Cuenca,
centros de regiones con perfiles económicos, políticos
y culturales propios. En medio de las transacciones iniciales,
se mantuvo la desarticulación entre las regiones y surgió
un estado débil e inestable.
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- El Ecuador no nació
con un territorio definido. Desde los primeros años de
la época republicana, los límites internacionales
del país quedaron sin precisarse y sujetos a una larga
historia de enfrentamientos, reclamos y pérdidas. La propia
ocupación del territorio fue parcial, ya que cubría
solamente los valles interandinos y las riberas del río
tributarios del Guayas. El poblamiento de zonas extensas como
Manabí y Esmeraldas fue marginal, y amplios sectores de
la Costa interna y la Amazonía quedaron fuera de la jurisdicción
estatal. La integración económica de las regiones
era francamente débil y no se había formado un
mercado nacional. La propia definición de "lo ecuatoriano"
tenía escasa raíces. La soberanía del nuevo
estado sufrió crónicas situaciones de desequilibrio
y desafío.
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- Los criollos de la antigua
Audiencia de Quito que arrebataron el poder las autoridades coloniales
españolas se plantearon un proyecto nacional que concebía
al naciente Ecuador como una continuación de la hispanidad
en el Nuevo Mundo. Estos señores de la tierra que habían
subordinado a su poder a los artesanos, pequeños propietarios
y sobre todo a la mayoría de la población que era
indígena, mantuvieron bajo fórmulas republicanas,
la discriminación étnica y la sociedad corporativa
del coloniaje; declararon idioma nacional al Castellano, excluyendo
al Quichua, que era entonces el de la mayoría; mantuvieron
una sociedad estamentaria se enfrentaron entre si en una larga
disputa regional, que expresaba la desarticulación prevaleciente.
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- El proyecto nacional criollo
no logró, pues, integrar a los diversos componentes sociales
y regionales del naciente Ecuador en una comunidad cultural que
asumiera una experiencia histórica y un destino común.
Desde el principio, las elites que dirigían el estado
central a base de inestables alianzas regionales y caudillistas,
se esforzaron por consolidar el control administrativo y se esmeraron
en buscar reiteradamente una identidad, acudiendo al uso de varios
recursos culturales y políticos. Pero todos los mecanismos
ideológicos fueron muy poco exitosos. En la práctica,
el divorcio de las familias gobernantes "blancas" y
el resto del país, "cholo", "montuvio",
e indio no pudo superarse. La Identidad del Ecuador criollo era
en realidad la de una minoría.
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- Al fundarse el estado, la
Iglesia Católica cuya prédica había justificado
la Conquista, y con el tiempo se había transformado en
crucial elemento de identidad para amplios grupos de la población,
se reconoció como "Religión de Estado"
se afirmó en su papel de vehículos de conservación
ideológica de la precaria unidad y de la dominación
socio-económica.
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- Los primeros años de
vida del Ecuador se caracterizaron por la inestabilidad de la
dispersión. A fines de la década de los cincuenta
se desató una crisis de dispersión regional, superada
por la voluntad de las elites dominantes de consolidar el Estado
Oligárquico Terrateniente como garantía de la mantención
de la unidad interna y como condición para afrontar las
nuevas situaciones internacionales que se daban en el marco de
la expansión del sistema mundial dominado por el capitalismo.
Gabriel García Moreno fue la gran figura de este proceso
de organización y consolidación estatal que, al
mismo tiempo que logró llevar adelante una obra material
y educativa inmensa, agudizó las contradicciones sociales
y políticas, especialmente por el hecho de haber acrecentado
el poder de la Iglesia dentro del Estado.
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- Las últimas décadas
del Siglo XIX atestiguaron el agotamiento del proyecto nacional
criollo-latifundista. Las contradicciones del garcianismo afloraron
y nuevos grupos sociales emergieron en la escena social y política.
En las propias filas del garcianismo sucesorio se comenzó
a cuestionar la visión criolla y a buscar raíces
populares de la nacional. Juan León Mera, crítico
de la Literatura, ideológico del conservatorismo, autor
del Himno Nacional y estudioso de la cultura popular fue la más
destacada figura de esta nueva actitud. Pero el liberalismo emergente,
con su principal ideólogo Juan Montalvo, fue el movimiento
que cuestionó a fondo la denominación terrateniente,
la visión hispanófila criolla y el predominio clerical.
El Liberalismo, que logró un gran desarrollo en Guayaquil
y otros espacios costeños como Manabí y Esmeraldas,
reivindicó la identidad mestiza y la necesidad de democratizar
la política y el Estado mismo. La Guerra Civil de 1895,
que no solo fue un enfrentamiento político y confesional,
sino también regional, logró echar bajo al gobierno
conservador e instauró un nuevo régimen y con él
una nueva formulación del proyecto nacional.
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