MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

 Conquista Española e inicios de la época Colonial, el siglo XVI

 
GRABADO
Desembarco en tierras Americanas
Grabado de Teodoro de Bry, 1590, tomado del libro América, de Philip Zigler.
Banco central del Ecuador, Fondo Jacinto Jijón y Caamaño.
El asalto a Las Antillas y la crítica de la conquista
Los viajes de Colón a Las Antillas y a la costa continental americana encendieron rápidamente en los europeos la ambición por las riquezas que podían ofrecer las nuevas tierras descubiertas, tierras que se consideraron parte del Asia ­por lo que se las llamó las "Indias occidentales"­ hasta las primeras décadas del siglo XVI, época en la que Américo Vespucio comenzó a difundir la idea de que se trataba de continentes distintos.
 
Pero aunque es cierto que las empresas descubridoras de esos años se mantuvieron en el empeño de encontrar la ruta del a Especiería, la gente que en ellas participó las aprovechó para saciar su sed de oro y para justificar, con los envíos de ese codiciado metal a la Corona Española, la prosecución de las exploraciones.
 
El rescate del oro en las Antillas se hizo con el trabajo de los nativos expresamente esclavizados para ese propósito o previamente repartidos entre los colonos a través de la encomienda, que aparece allí por primera vez como la institución básica que regularía la relación entre los dominadores y la población nativa.
 
De hecho, por medio de ella los conquistadores adquirieron el derecho de poseer un número determinado de indios para su servicio, a cambio de la obligación de favorecer el adoctrinamiento de su encomienda. Las matanzas directas para someter a las poblaciones, características de la primera fase de la conquista, el cruel e intenso ritmo de trabajo y las enfermedades transmitidas por los colonos provocan que en menos de veinte años la población nativa se extinguiera casi en su totalidad.
 
Sólo en la isla Española (actuales República Dominicana y Haití) los aproximadamente 500.000 habitantes que existían en 1492 se redujeron a 32.000 para 1514, es decir, 16 años después. La intensidad de la explotación también se puede advertir en el volumen de oro antillano que llegó a Sevilla hasta 1520: 14.118 kilos de oro, sin incluir el de contrabando.
 
Tan impactantes fueron las atrocidades cometidas en la conquista de Las Antillas, que las primeras denuncias provinieron del mismo sector español y terminaron favoreciendo un debate sin precedentes, no igualado por potencia colonial alguna en la historia, en que se sometió a discusión la legitimidad misma de la presencia europea en el nuevo mundo.
 
Asumieron la defensa de los indígenas los religiosos españoles de la Orden de Santo Domingo, con Bartolomé de la Casas de la cabeza. Su lucha llevó a que la Corona revisara los fundamentos mismos de la colonización, cuyo problema central era en ese momento la encomienda. Se procedió entonces a introducir una modificación sustancial, que iba a causar revuelo entre los encomenderos: la encomienda no sería perpetua y sólo duraría el lapso de dos vidas.
 
El gobierno de las "Indias"
España se atribuyó el gobierno de las Indicas no sólo por supuestos derechos derivados a la conquista, sino porque los papas favorecieron a los Reyes Católicos con concesiones en el gobierno de la Iglesia. A través de lo que se denominó el "Patronato"; por ejemplo, los monarcas se atribuyeron el derecho de intervenir a el "gobierno espiritual", presentando sus candidatos a los cargos eclesiásticos, entre ellos los de obispos.
 
Otro de los beneficios era el de los diezmos eclesiásticos, impuestos que la Corona se otorgó para sí a cambio de construir y sostener iglesias en América. Los reyes se preocuparon también de reglamentar desde el principio los beneficios que iban a obteniendo de la conquista y el control de las tierras y hombres descubiertos.
 
Fue por eso que a Colón se le recortaron los privilegios obtenidos a través de las Capitulaciones de Santa Fe, por las que se le habían concedido títulos militares, nobiliarios y repartimientos de indios. En adelante, se procedería de igual forma con todos los conquistadores, cuyas posibilidades de acción ­a partir de principios del siglo XVI­ terminaron siendo notablemente disminuidas con el envío de funcionarios directos del rey: los gobernadores.
 
Su objetivo fue sustituir el poder militar emanado de la Conquista por el poder civil dependiente de la Corona. Pese a que algunos conquistadores recibieron como recompensa el título de gobernador, la Corona puso límites de sus facultades, pues quería evitar que las distintas posesiones americanas surgieron autoridades patrimoniales locales y poderosas señores feudales (Kanetske: 1997: 117).
Para regular las relaciones de la metrópoli con Ultramar, la Corona había establecido ya en 1503 la Casa de Contratación, destinada a controlar el tráfico comercial entre España y América. Y como primero y máximo órgano del gobierno civil se creó el Consejo de Indias, derivado del Consejo de Castilla, que empezó a funcionar alrededor de 1517, sirviendo además de tribunal de última instancia para las cortes de justicia americanas.
 
Pero la creación de estas instituciones no iba a significar que las Indicas recibieran el mismo tratamiento que los reinos de España. En realidad esa red de instituciones estaba al servicio de un sistema colonial en proceso de configuración.
 
La colonización emprendida por España se sustentó en la creación de estructuras políticas, económicas e ideológicas de dominación destinadas a someter un extenso territorio que estaba fuera del suyo, y cuya apropiación iba a permitir en adelante explotar la fuerza de trabajo nativa ya organizada y sus variados y ricos recursos naturales.
 
El intercambio colombino y la transformación de la base productiva
 
[] los españoles trajeron a las nuevas tierras muchos organismos[] que tuvieron marcados efectos en las estructuras sociales. La presencia de los caballos revolucionó el arte de al guerra, y el empleo de mulas y burros aumentó las posibilidades del transporte a larga distancia. Los caballos y mulas proliferaban en la sierra. En poco tiempo los abundantes pastizales se convirtieron en criaderos de bestias para la economía minera panandina. El aumento de recuas y su conducción entre el "desembarcadero" de Guayaquil y la sierra, comenzaba a ocupar ­casi esclavizar­ a los naturales que habitaban en pueblos a lo largo del antiguo camino aborigen.
 
Mayores consecuencias aún produjo la introducción de ganado ovejuno. Bajo el imperio incaico, se había inculcado la producción de lana de camélidos (llama y alpaca). [] Con la destrucción del régimen inca y con las depredaciones de españoles que hurtaron miles de animales para finalidades de alimentación y transporte, los rebaños imperiales rápidamente desaparecieron. [] En poco tiempo se notó el fenomenal éxito de las ovejas españolas en ambientes nor-andinos []
 
[] El ganado vacuno también se multiplicó a un paso acelerado, ocupando terrenos cultivables que el reducido grupo de cultivadores indígenas ya no podían sembrar ni defender militarmente. La tecnología agrícola a base del arado de buey, posibilitó el uso intensivo de tierras que antes se cultivaban solamente mediante el método de quema y barbecho.
 
El efecto del "ganado menor" no fue tan negativo. En pocos años la población andina asimiló completamente los animales domésticos menores, importados de Europa. Las gallinas tuvieron éxito casi instantáneo en el mundo indígena, y los cerdos [] pudieron no solamente florecer bajo climas de variada altura, sino acompañar a sus dueños en sus expediciones. Las semillas europeas aumentaron apreciablemente el potencial productivo de los Andes []. El trigo y la cebada, sin llegar a ser comidas importantes en la cocina aborigen, se difundieron ampliamente porque los encomenderos exigieron su producción a modo de tributo. Es probable que, en cierto grado, la cebada desplazara los tubérculos andinos (papa, oca, mashua, etc.) y a las chenopodáceas (quinua, cañihua). Las cosechas tropicales del Nuevo Mundo también se radicaron desde comienzos de la época colonial. En los territorios del actual Ecuador, el cultivo de la caña de azúcar comenzó durante principios de la colonia, y el banano ­planta de probable origen africano­ aumentó el potencial productor de regiones con suelo muy húmedo.
 
Tomado de Frank Salomon, "Crisis y transformación de la sociedad aborigen invadida", en Enrique Ayala Mora, Edit., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 3, Corporación Editora Nacional / Grijalba, Quito, 1988, 108-111
 

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