MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

 El apogeo del Orden Colonial

 
INDIGENAS
Hilando
Grabado de Martínez
de Compañón, Tomo II, Lám. XLI.
Características económicas y sociales de la Real Audiencia de Quito
A pesar de que la producción minera de Potosí (en la actual Bolivia), a partir de 1640 empezó a declinar ­crisis, por cierto, que se profundizó en el siguiente siglo­, la Audiencia de Quito a lo largo de ese siglo ­XVII­ desarrolló una importante producción textil articulada con ese centro de producción. Es una etapa durante la cual el orden colonial, con sus instituciones, alcanzó su máximo apogeo.
 
El proceso de consolidación colonial se evidencia a través de tres aspectos. En el social, con la configuración de una sociedad estamental, en la cual los españoles peninsulares y criollo se encontraban en la cúspide de la pirámide social, seguidos por los mestizos que irrumpen a la sociedad en esta etapa, y luego por lo indígenas. En el político, la legitimación y reconocimiento no sólo de la autoridad real, sino del poder de los cabildos como instituciones de gobierno local. Y en el religioso, la consolidación de la Iglesia, a la que el Estico, constituyéndose por lo tanto en una institución con grandes prerrogativas.
 
La economía
La principal actividad económica de la Audiencia en los años inmediatamente posteriores a la conquista española fue la explotación minera de oro. Empero, a finales del siglo XVI los yacimientos de este mineral prácticamente se agotaron, de manera que las actividades económicos debieron canalizarse en otras direcciones: la producción agropastoril, la de textiles y el comercio.
 
La economía quiteña del siglo XVII se estructuró alrededor de estas actividades productivas. Sin embargo, se debe señalar que la manufactura textil se desarrolló más intensamente que las otras actividades, al punto de convertirse en el capítulo principal de la economía colonial quiteña, en este período.
 
La actividad textil y las otras actividades productivas determinaron la conformación de subregiones económicas complementarios. De esta manera, la Sierra Norte (actuales provincias de Chimborazo, Cotopaxi, Pichincha e Imbabura) se especializó en la producción textil de lana de oveja. Ahora bien, con vistas a proveer a este sector de materas primas y a su mano de obra de alimento, la actividad agropecuaria se orientó a su abastecimiento.
 
Así , del ganado ovino se obtuvo la lana y muchas tierras se dedicaron al cultivo del nogal y la cochinilla, de donde se extraían los tintes para las telas; en cambio, la cabuya y el algodón se utilizaron para la fabricación de textiles de baja calidad.
 
La Sierra Sur (actuales provincias de Bolívar, Cañar, Azuay y Loja) compartió con la Norte la actividad textil. Pero si bien compartió se fundamentó en el tejido de algodón, también la producción de ganado mular y la explotación de la cascarilla o quinina fueron importantes. La zona de Loja fue el centro especializado en la producción de mulas utilizadas en el comercio de larga distancia. Por su parte, la zona de Cuenca se especializó en la explotación de quinina.
 
La costa basó su economía en dos actividades fundamentales: la producción de cacao y la fabricación de barcos en el astillero de Guayaquil. A diferencia de la producción textil, estas actividades vincularon a este región con los mercados de fuera del virreinato. El cacao, que se producía intensamente desde entonces, se exportaba a Panamá, México y a puertos del Caribe.
 
El sector de la manufactura textil
De acuerdo con lo señalado, el siglo XVII es el siglo de auge de los textiles. Y es que después de su primer boom, ocurrido entre 1580 y 1610, el segundo se produjo en los años posteriores a 1620.
El desarrollo de la manufactura textil en la Sierra hizo que la Audiencia se integre al circuito comercial peruano, pero también el granadino (territorios de la Nueva Granada). Estos vínculos comerciales le permitieron a la Audiencia de Quito introducir en su territorio plata amonedada (plata acuñada), indispensable para las transacciones comerciales internas de menor escala.
 
Obreros, obrajuelos y chorrillos: unidades de producción textil.
Los textiles se elaboraban con los llamados obrajes, chorillos y obrajuelos. Se establecieron obedeció a tres razones fundamentales:
 
1.- El aumento de población indígena que experimentó la Sierra entre finales del siglo XVI y las primeras décadas del siglo XVII, debido al regreso de los indios que trabajaban en las minas de Zaruma y Portovelo, a sus pueblos serranos de origen.
 
2.- La consolidación de la producción agropastoril, que implementada desde mediados del siglo XVI experimentó un significativo apogeo desde principios del siglo XVII, convirtiéndose en la base de la producción textil, por las razones antes señaladas.
 
3.- La política del estado español en favor de la encomienda y el tributo, que convierte al obraje en centro importante de extracción tributaria y, al mismo tiempo, en centro aglutinador de los pueblos indígenas desde 1570.
 
Los obrajes se concentraron principalmente en Quito, Latacunga y Riobamba. En estas zonas funcionaron alrededor de cincuenta obrajes, que se fueron estableciendo desde 1560.
 
En lo que se refiere a los obrajes, hubo de dos clases: los de comunidad y los de particulares. Los obrajes de comunidad fueron unidades productivas pertenecientes a las comunidades indígenas, que se fundaron con el objeto de proporcionarles un medio competente a través del cual obtener dinero para pagar el tributo monetario a los encomenderos.
 
Los obrajes de particulares, en cambio, fueron unidades productivas de corte empresarial privado iniciadas por españoles de corte empresarial privado iniciadas por españoles encomenderos o comerciantes, que vieron en el comercio de textiles la oportunidad de obtener magníficas ganancias. Por ejemplo, algunos descendientes de los conquistadores, como los Ramírez de Arellano, Lorenzo de Cepeda, Bernardino Ruiz y Juan de Vera Mendoza, entre otros, fueron dueños de obrajes.
 
Los obrajes de particulares contaron con entregas periódicas de fuerza de trabajo indígena, concedida por el estado español, preocupado de incentivar la producción textil. Los obrajes particulares generalmente se establecieron cerca de los pueblos de indios. Otros se fundaron en centros urbanos como Quito, Riobamba y Latacunga.
 
Por su parte los "chorrillos" fueron unidades productivas intermedias entre los obrajes de comunidad y los grandes obrajes particulares.
 
Los llamados "obrajuelos" constituyeron unidades productivas de carácter doméstico, que generalmente se instalaron en las afueras de las ciudades, aunque también los hubo en los patios de las casonas familiares. Estas unidades menores trabajaron con mano de obra especializada, es decir, con indígenas que habían aprendido el oficio previamente y conocían cada una de las fases productivas del tejido de los paños.
 
Estos dos tipos de unidades (chorrillos y obrajuelos) se especializaron en la producción de tejidos de baja calidad para suplir las necesidad del mercado local, tales como telas bastas, jergas y bayetas. En otros casos, la función que cumplieron fue la de realizar sólo una fase del producto del tejido, que luego era terminado en el obraje.
 
Cada una de estas unidades ­obrajuelos y chorrillos­ funcionó con un número determinado de telares. Para el caso de las obrajuelos entre cuatro y doce; en cambio, los obrajes contaban a veces hasta con cine telares, lo que da cuenta de la importancia de la producción textil en la época.
Las comunidades religiosas también incursionaron en la producción textil. Los jesuitas, mercedarios y dominios fueron propietarios de sendos obrajes en los valles y alrededores de Quito. La Campaña de Jesús, por ejemplo, tuvo obrajes en el Valle de los Chillos y en Patete el famoso obraje de San Ildefonso.
 

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La Hora 2003 - Quito - Ecuador