MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

 La consolidación de la sociedad criolla

 
GRABADO
La Casa de las cien ventanas
Guayaquil
Grabado de Roura Oxandaberro, Colección Carlos Fernández.
Felipe V (1700 ­ 1746) otorgó a Francia el derecho de introducir esclavos en América a cambio de mercancías, y en 1713, a través del Tratado e Utrecht, se otorgó este derecho a Inglaterra. En 1728 se estableció la Casa de Contratación en Cádiz y se creó la Compañía de Comercio. Más tarde, Fernando Vas (1746 ­ 1759) y Carlos III (1759 ­ 1788) se mostraron también partidarios del libre comercio.
 
En 1765 se puso fin al monopolio de Cádiz y Sevilla y se autorizó a las puertos de Barcelona, Santander, Coruña, Málaga, Alicante, Cartagena y Gijón comerciar con América. En 1778, a través de la "Pragmática de libre comercio", se amplio esta posibilidad a trece puertos españoles y veinte americanos. En 1797 se autorizó el comercio entre las colonias y los Estados Unidos y Francia.
 
La reducción del comercio de textiles y la introducción de efectos europeos al territorio de la Audiencia de Quito, afectaron directamente a los centros de producción de estos artículos conocidos como "obrajes", lo que trajo como resultado el cierre de muchos de ellos. El comercio de textiles hacia el polo minero de Potosí se liquidó, pero continuó articulado a los espacios del norte del Perú y del Virreinato de Santa Fe, lo que evitó la crisis obrajera total.
 
Entre 1779 y 1783 ingresaron 4'313.516,6 pesos por concepto de exportación de textiles al norte, con un crecimiento del 142.14% en relación con 1700 (Marchán: 1989:257). La articulación con el espacio norte estuvo también en función de la producción minera de Nueva Granada. De igual forma, la producción agropecuaria de las haciendas encontró mercado para sus productos agrícolas en la Costa, cuya economía se encontraba reactivada gracias a la producción del cacao.
 
Sin embargo, a pesar del comercio con el norte, la cantidad del dinero que ingresaba a la Audiencia era reducida, por lo que las autoridades establecieron otros mecanismos para generar recursos, como el incremento del cobro de tributos a los indígenas.
 
La suma de estas circunstancias: importación de mercancías, reducción de las exportaciones, reducción del comercio regional y envió a España de la masa de dinero recaudado por concepto de tributo, trajo como consecuencia inmediata la escasez de moneda en el espacio colonial quiteño.
 
Causas de la crisis
La libertad de comercio y la competencia que significó para las manufacturas textiles la introducción de efectos extranjeros: Los textiles de Quito eran de inferior calidad y para su producción se empleaban técnicas poco rentables, se trabajaba en telares de mano y, sobre todo, los trabajadores en los obrajes se conseguían a la fuerza a través de la mita. También el sistema de obrajes fue objeto de transformación, cuando en 1704 se suprimió la mita como forma de trabajo en los obras de comunidad, se los clausuró y pasaron a mano de particulares. Este proceso generó rentas para la Corona a través del pago de licencias de funcionamiento (Terán: 1989: 270).
 
Aumento de la tributación: Según datos proporcionados por González Suárez, en cuatro años el presidente José García de León y Pizarro logró recaudar 1'017.300 pesos, mientras que su predecesor en siete años sólo había recaudado 713.351 pesos (González Suárez: 1970: 1204). En este hecho intervinieron algunos factores como un nuevo censo de población, la supresión de los intermediarios en el cobro y la intensificación de la explotación a la población indígena sujeta al pago del tributo.
 
La escasez de circulante provocada por varias razones: La salida de moneda hacia a metrópoli, la falta de exportaciones textiles y la transferencia de ingresos para los jesuitas exiliados en Italia.
 
La concentración de la propiedad de la tierra y consolidación del latifundio: Este proceso no fue un aspecto propio del siglo XVIII. Durante el período colonial las propiedades de los españoles, y posteriormente de los criollos y mestizos, se expandieron con la implementación de ciertos mecanismos, algunos de ellos legales pero muchos arbitrarios. Entre los primeros se puede mencionar a la distribución de tierras por parte de las autoridades coloniales; la compra de tierras; las concesiones realizadas por las autoridades étnicas en favor de personas particulares o comunidades religiosas. Entre los segundos se puede mencionar sobre todo al constante despojos de la propiedad indígena, bien por la falta de títulos o por el abandono de las tierras comunitarias por la disminución de la población y el forasterismo, es decir, la huida de los indígenas de sus parcialidades con el fin de evadir las contribuciones. Los indios forasteros no estaban sujetos al sistema de tributo. En el siglo XVIII la Corona implementó un mecanismo de legalización de las tierras mal o bien adquiridas, a través de las "composiciones". Los propietarios tenían que justificar la propiedad por medio de la presentación de los respectivos títulos. Quienes se encontraron en mejores condiciones para hacerlo fueron los criollos y los españoles peninsulares, mediante los documentos otorgados con anterioridad por la Corona. Muy pocos indígenas aprovecharon de este recurso, por no poseer los papeles que garantizaran su propiedad.
 
La concentración de tierras favoreció fundamentalmente a las órdenes religiosas (en particular a la de los jesuitas) que lograron acumular enormes extensiones de tierra. Según González Suárez, setenta y siete de las mejores y más productivas haciendas estuvieron en sus manos.
 
En 1767 se emitió la orden de expulsión de los jesuitas y sus propiedades pasaron a manos de algunas familias, lo que dio lugar a que los españoles y criollos concentraran en sus manos la mayor cantidad de tierras. De esta manera, el Marqués de Selva Alegre y el corregidor Joaquín Tinajero (pariente del primero) recibieron ocho latifundios. De diecinueve haciendas en Imbabura, catorce pasaron a manos de cuatro propietarios y seis a la familia Calixto Muñoz.
 
En Pichincha, treinta propiedades pasaron a seis personas, entre ellas Pedro Ante y el Marqués de Selva Alegre. En Cotopaxi, este último personaje recibió cuatro haciendas. En Cuenca, de diez haciendas, ocho pasaron a ser propiedad de Juan Chica y Sánchez y dos de Manuel García. En Guayas y El Oro, Miguel de Olmedo y Pedro Arteta recibieron también una buena cantidad de tierras (Arias: 1990 : 206 ­ 207).
 
Por otra parte, el sistema de encomienda entró en un proceso paulatino de liquidación con su incorporación a la Corona. Se inició este proceso de liquidación con las encomiendas de personas no residentes en las colonias. En 1718 la Corona decretó su incorporación total. (Terán: 1989: 270).
La disminución de la propiedad indígena incidió directamente en la utilización de la fuerza de trabajo por parte de las haciendas. Sin tierras, los indios se veían precisados a vender "voluntariamente" su energía a estas unidades de producción. El mecanismo empleado para retenerla fue el endeudamiento.
 
Esta forma de trabajo se conoce como "concertaje". El indígena establecía con el hacendado una relación de trabajo mediatizada por el endeudamiento. A pesar de estar estipulada la asignación de un salario por sus servicios y una parcela para sembrar y vivir con su familia, el concertaje tenía una serie de responsabilidades económicas y sociales, que lo llevaban a endeudarse constantemente con el patrón, lo que impedía que en algún momento pudiera dar por terminado su contrato.
 
De esta manera, la permanencia en la hacienda de la fuerza de trabajo indígena se prolongaba por generaciones. La deuda era transmitida a los hijos, por lo que la permanencia del grupo familiar en ella se daba por tiempo ilimitado.
 
En algunos casos, la hacienda incluía a comunidades enteras dentro de sus límites. Dentro de la hacienda, a más del sistema de endeudamiento funcionaban también sistemas ideológicos de retención de la mano de obra comunera. El patrón se convertía en una suerte de padre, protector y otorgador de bienes y servicios.
 
De esta manera, la consecución de mano de obra era más rentable y menos represiva que a través de la mita. Este proceso se inicio en el siglo XVII, cuando la Corona reglamentó la libre oferta de mano de obra. En 1601 se prohibió la mita de servicios personales y se estimuló a los indios para que ofrecieran "su trabajo en lugares públicos" (Pérez: 1947: 285).
 
Catástrofes naturales y epidemias: Otro de los factores que contribuyeron a agudizar la crisis económica fueron los cambios bruscos de clima, ya que hubo una época de sequías o excesos de lluvias o heladas. Se sucedieron también una serie de temblores y terremotos.
 
Sobreexplotación de la fuerza de trabajo indígena por la carga exagerada de trabajo y de tributos: Esto condujo a una disminución notable de esta población y a una importante migración.
En resumen, la crisis económica de la Audiencia de Quito y la crisis de Potosí no fueron fenómenos aislados; como decíamos, España se debatía también en un serio proceso de decadencia a nivel económico, político y social. Las arcas reales estaban vacías y era urgente impulsar una reforma tributaria en América, con el fin de conseguir un aumento de sus ingresos.
 
El comercio con las colonias era reducido y España se había convertido en un mero exportador de mercancías europeas. La guerra que sostenía con Inglaterra le resultaba demasiado onerosa y sufrió una invasión por parte de Napoleón, lo que significó el derrumbe de la monarquía.
En el espacio colonial se asistía a un proceso de resquebrajamiento de la unidad regional y la autosuficiencia económica (Marchán: 1989) . La producción textil experimentó un duro golpe con la introducción de efectos europeos.
 
A nivel de los sectores sociales, se fortalecieron ciertos sectores criollos (comerciantes y hacendados de la costa) frente a la pérdida de legitimidad de la Corona. La inquietud social no se hizo esperar y se produjo una ola de movimientos urbanos y rebeliones indígenas.
 

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