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La
Fundación de la República |


- VISTA PANORAMICA
- De la ciudad de Cuenca
- Fotografía
tomada de Salvat
- Editores Ecuatoriana, Historia
del Ecuador, Vol. 6, Salvat Editores Ecuatoriana, 1989.
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- La sierra sur
- Esta región (Cañar,
Azuay y Loja) tenía las características económicas
generales de la sierra, pero allí la concentración
de tierras y el concertaje tenían menores proporciones.
Junto a una mayor fragmentación de la propiedad rural,
se encontraba mayor diversidad en las relaciones productivas
y actividades económicas. Allí, además de
los conciertos, existían "arrimados" y "aparceros".
Junto a las actividades agropecuarias, se hallaban también
la artesanía, la recolección de quina y la minería.
Frente a la una virtual inexistencia de comercio con el norte,
el intercambio con el sur era sumamente activo. Así, productos
cuencanos se hallaban en Lima.
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- La costa
- En la región costeña,
cuyo eje era Guayaquil, la exportación del cacao experimentó
un notable incremento. De este modo fue creciendo un grupo de
latifundistas y comerciantes. Desde fines del siglo XVIII, en
especial durante la Independencia, se expandió la frontera
agrícola. "El latifundio dice Hamerly
comenzó a convertirse en la forma dominante de posesión
de las tierras en las planicies del Guayas y el Litoral sur".
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- El crecimiento del latifundio
en esta región se dio con preponderancia de la "sembraduría",
pero la pequeña propiedad seguía siendo importante.
Tierras pertenecientes a campesinos no indígenas, mestizos,
mulatos y negros libres abastecían una parte del mercado
interno. Además del comercio con Europa, Guayaquil tenía
intercambio con Panamá, Perú y Chile.
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- Como las comarcas serranas
producían poco y en ellas se cultivaba más o menos
lo mismo, el intercambio era reducido. Los productos agrícolas
que se vendían eran maíz, cebada, otros granos,
papas, legumbres y trigo. En algunos valles bajos de la Sierra
se hallaban productos tropicales o semitropicales en cantidades
reducidas. Se comerciaba también ganado mayor y lanar,
cueros, panela y aguardiente de caña. Al final de la época
colonial regía en la Sierra un sistema de ferias locales.
Después de la década de 1830, se dio una elevación
de los precios agropecuarios. Ciertas ferias locales cobraron
importancia.
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- Pese a las dificultades de
comunicación había intercambio entre Sierra y Costa.
Los principales ejes de comercio eran Quito Riobamba
Guayaquil y Cuenca Guayaquil. Desde el puerto principal
se llevaban al altiplano, además de artículos importados,
sal, tabaco, frutas tropicales, ganado y cera. A su vez, de la
sierra se enviaban a la costa legumbres y cereales, textiles
y cueros para el mercado interno y exportación. El estado
desastroso de los caminos, agravado por el clima, las revueltas
y los bandidos, dificultaba el comercio interno. De allí
que la Costa fue abasteciéndose de ciertos alimentos con
la importación. Esto se dio en la medida en que se elevaron
las exportaciones.
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- La costa se volcó a
la producción para el mercado externo. Especialmente la
exportación del cacao experimentó ya desde fines
de la época colonial un gran incrementó. Los principales
mercados eran México, América Central y España.
Además, se exportaba café y tabaco, "cascarilla"
(corteza de quina) recogida en la sierra sur; cueros y textiles
de la sierra norte. Estos últimos, sin embargo, salían
en mayor cantidad por las fronteras terrestres. Hacia la mitad
del siglo XIX, se fue incrementando el comercio exterior y se
fueron también diversificando los mercados y los proveedores
de manufacturas. Luego de la Independencia, varios países
europeos, principalmente Inglaterra, intensificaron sus relaciones
comerciales, aunque en menos volumen de lo que se afirmado. La
pequeñez del Ecuador y su enorme distancia respeto de
los centros europeos del desarrollo capitalista, retardaron su
inserción en el mercado mundial.
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- Red urbana y actividades
económicas
- A inicios de la república,
existía ya una red urbana en la Sierra. Aunque con localización
y jerarquía desiguales, habían doce ciudades con
un total de setenta a ochenta mil habitantes. Además de
la capital, Quito, en cada valle interandino se asentaba una
ciudad (Cuenca, Riobamba, Ibarra, Loja, Ambato, Latacunga, Guaranda).
Eran centros de funcionamiento administrativo, religioso y comercial.
Eran habitadas por los propietarios agrícolas, comerciantes
y oficiales del Gobierno, por mestizos dedicados al pequeño
comercio, la artesanía y la agricultura, y los indígenas
que se dedicaban al servicio doméstico y público.
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- Los mercados de las ciudades
serranas estaban surtidos de productos agrícolas, que
se conseguían por precios bajos. Las tiendas eran activas.
Los artesanos estaban vinculados por "clientela" a
los terratenientes y los conventos, y vendían sus productos
en el taller o por intermediarios. Los artesanos eran un grupo
de gran importancia económica y peso social en las ciudades.
Estaban organizadas en gremios, controlados por los cabildos
y por la Iglesia. El "taller" , organizado dentro de
la tradición artesana, estaba dirigido por un maestro
que tenía bajo su autoridad a "oficiales" y
"aprendices". Igual que en la agricultura, había
un nivel muy bajo de desarrollo de la producción, que
utilizaba gran cantidad de mano de obra con instrumentos muy
elementales. Sin embargo, la habilidad de los artesanos era reconocida.
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- A inicios de la República,
Quito era la ciudad más grande del país, con 24.939
habitantes, seguida por Cuenca que tenía 18.919. La capital
había crecido sin organización urbanística.
Casi los únicos edificios de significación arquitectónica
eran los conventos y las iglesias, que le daban un aire característico
y albergaban un poderoso grupo de clérigos y monjas. Las
casas populares eran de una planta y servían también
de taller artesanal. Las residencias de los aristócratas,
grandes y de dos pisos, iban de acuerdo con la forma de vida
de sus ocupantes, que pasaban buena parte del año en sus
propiedades rurales.
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- Hacia 1830 Guayaquil era todavía
una ciudad pequeña, pero en crecimiento. Su clima era
muy fuerte y las condiciones higiénicas y de salubridad
bastante precarias. Las construcciones eran básicamente
de madera, lo cual agudizaba el peligro de incendio. La ciudad
fue en poco tiempo la segunda del país. No terminaría
el siglo XIX sin que pasara a ser la primera, con más
de sesenta mil habitantes. Su situación privilegiada como
puerto se complementaba con su ubicación muy favorable
en el centro del sistema fluvial de la Costa Sur. Conectadas
con Guayaquil crecieron Daule, Babahoyo, Machala, Milagro. En
la costa norte, crecieron también, aunque en proporciones
más modestas, Manta, Bahía y Esmeraldas, Portoviejo
sufrió por largo tiempo una recesión.
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