MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

 La Fundación de la República

 
VISTA PANORAMICA
De la ciudad de Cuenca
Fotografía tomada de Salvat
Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador, Vol. 6, Salvat Editores Ecuatoriana, 1989.
La sierra sur
Esta región (Cañar, Azuay y Loja) tenía las características económicas generales de la sierra, pero allí la concentración de tierras y el concertaje tenían menores proporciones. Junto a una mayor fragmentación de la propiedad rural, se encontraba mayor diversidad en las relaciones productivas y actividades económicas. Allí, además de los conciertos, existían "arrimados" y "aparceros". Junto a las actividades agropecuarias, se hallaban también la artesanía, la recolección de quina y la minería. Frente a la una virtual inexistencia de comercio con el norte, el intercambio con el sur era sumamente activo. Así, productos cuencanos se hallaban en Lima.
 
La costa
En la región costeña, cuyo eje era Guayaquil, la exportación del cacao experimentó un notable incremento. De este modo fue creciendo un grupo de latifundistas y comerciantes. Desde fines del siglo XVIII, en especial durante la Independencia, se expandió la frontera agrícola. "El latifundio ­ dice Hamerly ­ comenzó a convertirse en la forma dominante de posesión de las tierras en las planicies del Guayas y el Litoral sur".
 
El crecimiento del latifundio en esta región se dio con preponderancia de la "sembraduría", pero la pequeña propiedad seguía siendo importante. Tierras pertenecientes a campesinos no indígenas, mestizos, mulatos y negros libres abastecían una parte del mercado interno. Además del comercio con Europa, Guayaquil tenía intercambio con Panamá, Perú y Chile.
 
Como las comarcas serranas producían poco y en ellas se cultivaba más o menos lo mismo, el intercambio era reducido. Los productos agrícolas que se vendían eran maíz, cebada, otros granos, papas, legumbres y trigo. En algunos valles bajos de la Sierra se hallaban productos tropicales o semitropicales en cantidades reducidas. Se comerciaba también ganado mayor y lanar, cueros, panela y aguardiente de caña. Al final de la época colonial regía en la Sierra un sistema de ferias locales. Después de la década de 1830, se dio una elevación de los precios agropecuarios. Ciertas ferias locales cobraron importancia.
 
Pese a las dificultades de comunicación había intercambio entre Sierra y Costa. Los principales ejes de comercio eran Quito ­ Riobamba ­ Guayaquil y Cuenca ­ Guayaquil. Desde el puerto principal se llevaban al altiplano, además de artículos importados, sal, tabaco, frutas tropicales, ganado y cera. A su vez, de la sierra se enviaban a la costa legumbres y cereales, textiles y cueros para el mercado interno y exportación. El estado desastroso de los caminos, agravado por el clima, las revueltas y los bandidos, dificultaba el comercio interno. De allí que la Costa fue abasteciéndose de ciertos alimentos con la importación. Esto se dio en la medida en que se elevaron las exportaciones.
 
La costa se volcó a la producción para el mercado externo. Especialmente la exportación del cacao experimentó ya desde fines de la época colonial un gran incrementó. Los principales mercados eran México, América Central y España. Además, se exportaba café y tabaco, "cascarilla" (corteza de quina) recogida en la sierra sur; cueros y textiles de la sierra norte. Estos últimos, sin embargo, salían en mayor cantidad por las fronteras terrestres. Hacia la mitad del siglo XIX, se fue incrementando el comercio exterior y se fueron también diversificando los mercados y los proveedores de manufacturas. Luego de la Independencia, varios países europeos, principalmente Inglaterra, intensificaron sus relaciones comerciales, aunque en menos volumen de lo que se afirmado. La pequeñez del Ecuador y su enorme distancia respeto de los centros europeos del desarrollo capitalista, retardaron su inserción en el mercado mundial.
 
Red urbana y actividades económicas
A inicios de la república, existía ya una red urbana en la Sierra. Aunque con localización y jerarquía desiguales, habían doce ciudades con un total de setenta a ochenta mil habitantes. Además de la capital, Quito, en cada valle interandino se asentaba una ciudad (Cuenca, Riobamba, Ibarra, Loja, Ambato, Latacunga, Guaranda). Eran centros de funcionamiento administrativo, religioso y comercial. Eran habitadas por los propietarios agrícolas, comerciantes y oficiales del Gobierno, por mestizos dedicados al pequeño comercio, la artesanía y la agricultura, y los indígenas que se dedicaban al servicio doméstico y público.
 
Los mercados de las ciudades serranas estaban surtidos de productos agrícolas, que se conseguían por precios bajos. Las tiendas eran activas. Los artesanos estaban vinculados por "clientela" a los terratenientes y los conventos, y vendían sus productos en el taller o por intermediarios. Los artesanos eran un grupo de gran importancia económica y peso social en las ciudades. Estaban organizadas en gremios, controlados por los cabildos y por la Iglesia. El "taller" , organizado dentro de la tradición artesana, estaba dirigido por un maestro que tenía bajo su autoridad a "oficiales" y "aprendices". Igual que en la agricultura, había un nivel muy bajo de desarrollo de la producción, que utilizaba gran cantidad de mano de obra con instrumentos muy elementales. Sin embargo, la habilidad de los artesanos era reconocida.
 
A inicios de la República, Quito era la ciudad más grande del país, con 24.939 habitantes, seguida por Cuenca que tenía 18.919. La capital había crecido sin organización urbanística. Casi los únicos edificios de significación arquitectónica eran los conventos y las iglesias, que le daban un aire característico y albergaban un poderoso grupo de clérigos y monjas. Las casas populares eran de una planta y servían también de taller artesanal. Las residencias de los aristócratas, grandes y de dos pisos, iban de acuerdo con la forma de vida de sus ocupantes, que pasaban buena parte del año en sus propiedades rurales.
 
Hacia 1830 Guayaquil era todavía una ciudad pequeña, pero en crecimiento. Su clima era muy fuerte y las condiciones higiénicas y de salubridad bastante precarias. Las construcciones eran básicamente de madera, lo cual agudizaba el peligro de incendio. La ciudad fue en poco tiempo la segunda del país. No terminaría el siglo XIX sin que pasara a ser la primera, con más de sesenta mil habitantes. Su situación privilegiada como puerto se complementaba con su ubicación muy favorable en el centro del sistema fluvial de la Costa Sur. Conectadas con Guayaquil crecieron Daule, Babahoyo, Machala, Milagro. En la costa norte, crecieron también, aunque en proporciones más modestas, Manta, Bahía y Esmeraldas, Portoviejo sufrió por largo tiempo una recesión.
 

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La Hora 2003 - Quito - Ecuador