MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

 De la "República Católica" hacia la Revolución Liberal

 
SABIOS
Jesuitas Alemanes
Contratados por García
Moreno para trabajar en la Escuela Politécnica.
Fotografía tomada de Salvat Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador Vol. 6.
El proyecto del estado nacional
Heredero de una marcada regionalización, existente desde finales de la época colonial y agudizada en la Gran Colombia, el Ecuador nació a la vida independiente profundamente fragmentado, fragmentación que lejos de disminuir durante las tres primeras décadas republicanas se profundizó aún más a consecuencia del desarrollo de las diferencias regionales entre Quito (sierra-centro norte), Guayaquil (costa) y Cuenca (sierra-sur). En tales circunstancias, y tras la crisis de 1859, el régimen garciano se enfrentó al reto de la integración nacional. Aunque ésta no era la primera vez que se hacía un esfuerzo en tal sentido, García Moreno puso en marcha un peculiar proyecto político organizado sobre la base de los principios, visiones y formularios religiosas que, en un país tradicionalmente católico como éste, él considero el recurso más eficaz a través del cual unificar nacionalmente a la población ecuatoriana.
 
Indudablemente, el proyecto garciano no fue producto exclusivo de la decisión personal del Presidente. Por el contrario, fue el resultado de las particulares condiciones históricas que el país atravesaba en ese momento, condiciones que demandaron la puesta en marcha de un proceso de modernización y centralización estatal, cuya materialización y centralización estatal, cuya materialización dependió, entre otros, de las alianzas y acuerdo entre las élites regionales, tradicionalmente en pugna, por el control del poder (Ayala: 1990:77).
 
En tales circunstancias, la doble procedencia regional de García Moreno ­natural y adquirida­ le convirtió en el hombre apropiado para establecer ese necesario puente político entre los generalmente contradictorios intereses de las élites de la sierra y de la costa, en un momento histórico en el que la costa miraba más sus intereses vinculados al mercado internacional.
 
El sector económico
Durante esta etapa, la economía ecuatoriana vivió un importante despegue, relacionado con el auge de las exportaciones cacaoteras, consecuencia de la demanda internacional de ese producto, en particular para el mercado europeo y norteamericano que se hallaba en pleno proceso de crecimiento.
El aumento de las exportaciones de cacao, que en 1866 "superó la cifra de cinco millones de dólares" (Acosta: 1998:39), trajo consigo algunos efectos significativos, de diversa naturaleza: la incorporación definitiva del Ecuador al mercado internacional, y al mismo tiempo la gestación de un modelo de economía agroexportadora, modelo que, como veremos más tarde, se consolidó en la siguiente etapa (1875-1865); la configuración al interior de la élite costeña "de una nueva clase, la burguesía comercial y bancaria" (Ayala: 1990:81), pequeño grupo de personas vinculadas a las actividades agroexportadoras, y también al inicio de una importante migración campesina de la sierra a la costa, propiciada por los grandes propietarios de las plantaciones cacaoteras, que gracias a ello pudieron obtener mano de obra barata, uno de entre otros factores que permitió estimular la demanda cacaotera.
 
Sin duda el Ecuador se debatía bajo un régimen de contradictorias condiciones: al interior del propio aparato productivo, la modernidad (en parte producto de la inserción de la economía al mercado internacional y de sus presiones) y el arcaismo convivían. Y es que tanto en las grandes plantaciones cacaoteras y de otros productos primarios (tagua, café o caucho), los campesinos, enrolados a esas actividades productivas, subsistían bajo relaciones precapitalistas de producción. Cosa parecida, bajo formas específicas, ocurría en las haciendas serranas.
 
La "República Católica"
Pero si el sector económico, peses a sus contradicciones, mostraba visos de modernidad, las instituciones políticas, la infraestructura nacional, la galopante regionalización y fragmentación no se compadecían con las nuevas condiciones económicas, que luchaban por radicarse en el país. Había entonces que replantear el sistema en su conjunto o, como lo señala Ayala, "racionalizar la estructura, articular las desparramadas regiones en cierto marco de unidad" (1990:77).
Visionario y consciente de la situación nacional, García Moreno se propuso emprender la gran tarea de las transformaciones que las condiciones del país exigían. Así pues, sobre las bases de una ideología retardataria, emprendió la gran obra de la modernidad requerida.
 
¿Por qué lo hizo de ese manera? ¿Qué lo llevó a aplicar un plan de gobierno siu generis que terminó, como lo establecen los más actuales y brillantes estudios sobre esta etapa, beneficiando a la burguesía de los grandes propietarios, de la banca y el comercio?
 
"Hombre de su tiempo, y no solamente une enajenado en el siglo XIX, demasiado avanzado para él" (Demélas y Saint Geurs: 1988:133), García Moreno estuvo fuertemente influido del pensamiento europeo más obstinadamente contestario al pensamiento francés de la revolución: la tradición española, que defendía el principio de que el poder soberano del pueblo venía de Dios; la escuela antiiluminista, que sostenía que el voto es un acto religioso; el pensamiento contrarevolucionario francés, que propugnaba la indisoluble relación entre "sociedad civil" y "sociedad religiosa"; el misticismo religiosa del siglo XIX, que popularizó, a las más clásica costumbre medieval, ciertas devociones religiosas, fueron ideas que guiaron sus acciones. En contraposición, García Moreno fue un crítico mordaz del pensamiento más avanzado de su época: el positivismo, el racionalismo y el socialismo (Demélas y Saint Geours:1988:136-146).
 
Bajo la égida de esos principios, García Moreno no estableció la República Católica, es decir un sistema de gobierno democrático en el que las enseñanzas religiosas debían constituir la ley fundamental del sistema (Maiguashca:1993:20). Instituciones civiles, al amparo de la religión católica, no fue el resultado de un simple capricho, tal principio estuvo encaminado a legitimar un sistema político justamente sobre las bases de esas ideas, principio que García Moreno defendió como el referente fundamental de sustentación del sistema. Así, y en oposición de los defensores del republicanismo como vehículo de cohesión nacional, García Moreno estaba convencido de que los fundamentos religiosas eran el medio más eficaz para lograr la unidad nacional, tesis a la que la Iglesia adhirió y que mantuvo como una de sus banderas de lucha en contra del liberalismo de entonces y de los años posteriores.
 
García Moreno fue al mismo tiempo un acerbo partidario de las ideas de progreso material, orden y desarrollo, formulaciones que en plano filosófico sostenían aquellas doctrinas que él precisamente repudiaba (Demélas y Saint-Geours:1988:145). Pese a la aparente contradicción de estos principios con sus ideas religiosas, se ha encontrado que en realidad la conjugación de ambas formulaciones se sustentaban en un "ideal de modernidad católica", es decir en un catolicismo que participaba del desarrollo individual y colectivo de los pueblos, del que él estaba profundamente influido (Maiguashca:1994:338).
 
Sobre tales fundamentos erigió su programa político, cuya puesta en marcha enfrentó no pocos contratiempos y no poca oposición.
 

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