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De
la "República Católica" hacia la Revolución
Liberal |


- SABIOS
- Jesuitas Alemanes
- Contratados
por García
- Moreno para trabajar en la
Escuela Politécnica.
- Fotografía tomada de
Salvat Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador Vol. 6.
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- El proyecto del estado
nacional
- Heredero de una marcada regionalización,
existente desde finales de la época colonial y agudizada
en la Gran Colombia, el Ecuador nació a la vida independiente
profundamente fragmentado, fragmentación que lejos de
disminuir durante las tres primeras décadas republicanas
se profundizó aún más a consecuencia del
desarrollo de las diferencias regionales entre Quito (sierra-centro
norte), Guayaquil (costa) y Cuenca (sierra-sur). En tales circunstancias,
y tras la crisis de 1859, el régimen garciano se enfrentó
al reto de la integración nacional. Aunque ésta
no era la primera vez que se hacía un esfuerzo en tal
sentido, García Moreno puso en marcha un peculiar proyecto
político organizado sobre la base de los principios, visiones
y formularios religiosas que, en un país tradicionalmente
católico como éste, él considero el recurso
más eficaz a través del cual unificar nacionalmente
a la población ecuatoriana.
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- Indudablemente, el proyecto
garciano no fue producto exclusivo de la decisión personal
del Presidente. Por el contrario, fue el resultado de las particulares
condiciones históricas que el país atravesaba en
ese momento, condiciones que demandaron la puesta en marcha de
un proceso de modernización y centralización estatal,
cuya materialización y centralización estatal,
cuya materialización dependió, entre otros, de
las alianzas y acuerdo entre las élites regionales, tradicionalmente
en pugna, por el control del poder (Ayala: 1990:77).
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- En tales circunstancias, la
doble procedencia regional de García Moreno natural
y adquirida le convirtió en el hombre apropiado para
establecer ese necesario puente político entre los generalmente
contradictorios intereses de las élites de la sierra y
de la costa, en un momento histórico en el que la costa
miraba más sus intereses vinculados al mercado internacional.
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- El sector económico
- Durante esta etapa, la economía
ecuatoriana vivió un importante despegue, relacionado
con el auge de las exportaciones cacaoteras, consecuencia de
la demanda internacional de ese producto, en particular para
el mercado europeo y norteamericano que se hallaba en pleno proceso
de crecimiento.
- El aumento de las exportaciones
de cacao, que en 1866 "superó la cifra de cinco millones
de dólares" (Acosta: 1998:39), trajo consigo algunos
efectos significativos, de diversa naturaleza: la incorporación
definitiva del Ecuador al mercado internacional, y al mismo tiempo
la gestación de un modelo de economía agroexportadora,
modelo que, como veremos más tarde, se consolidó
en la siguiente etapa (1875-1865); la configuración al
interior de la élite costeña "de una nueva
clase, la burguesía comercial y bancaria" (Ayala:
1990:81), pequeño grupo de personas vinculadas a las actividades
agroexportadoras, y también al inicio de una importante
migración campesina de la sierra a la costa, propiciada
por los grandes propietarios de las plantaciones cacaoteras,
que gracias a ello pudieron obtener mano de obra barata, uno
de entre otros factores que permitió estimular la demanda
cacaotera.
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- Sin duda el Ecuador se debatía
bajo un régimen de contradictorias condiciones: al interior
del propio aparato productivo, la modernidad (en parte producto
de la inserción de la economía al mercado internacional
y de sus presiones) y el arcaismo convivían. Y es que
tanto en las grandes plantaciones cacaoteras y de otros productos
primarios (tagua, café o caucho), los campesinos, enrolados
a esas actividades productivas, subsistían bajo relaciones
precapitalistas de producción. Cosa parecida, bajo formas
específicas, ocurría en las haciendas serranas.
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- La "República
Católica"
- Pero si el sector económico,
peses a sus contradicciones, mostraba visos de modernidad, las
instituciones políticas, la infraestructura nacional,
la galopante regionalización y fragmentación no
se compadecían con las nuevas condiciones económicas,
que luchaban por radicarse en el país. Había entonces
que replantear el sistema en su conjunto o, como lo señala
Ayala, "racionalizar la estructura, articular las desparramadas
regiones en cierto marco de unidad" (1990:77).
- Visionario y consciente de
la situación nacional, García Moreno se propuso
emprender la gran tarea de las transformaciones que las condiciones
del país exigían. Así pues, sobre las bases
de una ideología retardataria, emprendió la gran
obra de la modernidad requerida.
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- ¿Por qué lo
hizo de ese manera? ¿Qué lo llevó a aplicar
un plan de gobierno siu generis que terminó, como
lo establecen los más actuales y brillantes estudios sobre
esta etapa, beneficiando a la burguesía de los grandes
propietarios, de la banca y el comercio?
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- "Hombre de su tiempo,
y no solamente une enajenado en el siglo XIX, demasiado avanzado
para él" (Demélas y Saint Geurs: 1988:133),
García Moreno estuvo fuertemente influido del pensamiento
europeo más obstinadamente contestario al pensamiento
francés de la revolución: la tradición española,
que defendía el principio de que el poder soberano del
pueblo venía de Dios; la escuela antiiluminista, que sostenía
que el voto es un acto religioso; el pensamiento contrarevolucionario
francés, que propugnaba la indisoluble relación
entre "sociedad civil" y "sociedad religiosa";
el misticismo religiosa del siglo XIX, que popularizó,
a las más clásica costumbre medieval, ciertas devociones
religiosas, fueron ideas que guiaron sus acciones. En contraposición,
García Moreno fue un crítico mordaz del pensamiento
más avanzado de su época: el positivismo, el racionalismo
y el socialismo (Demélas y Saint Geours:1988:136-146).
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- Bajo la égida de esos
principios, García Moreno no estableció la República
Católica, es decir un sistema de gobierno democrático
en el que las enseñanzas religiosas debían constituir
la ley fundamental del sistema (Maiguashca:1993:20). Instituciones
civiles, al amparo de la religión católica, no
fue el resultado de un simple capricho, tal principio estuvo
encaminado a legitimar un sistema político justamente
sobre las bases de esas ideas, principio que García Moreno
defendió como el referente fundamental de sustentación
del sistema. Así, y en oposición de los defensores
del republicanismo como vehículo de cohesión nacional,
García Moreno estaba convencido de que los fundamentos
religiosas eran el medio más eficaz para lograr la unidad
nacional, tesis a la que la Iglesia adhirió y que mantuvo
como una de sus banderas de lucha en contra del liberalismo de
entonces y de los años posteriores.
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- García Moreno fue al
mismo tiempo un acerbo partidario de las ideas de progreso material,
orden y desarrollo, formulaciones que en plano filosófico
sostenían aquellas doctrinas que él precisamente
repudiaba (Demélas y Saint-Geours:1988:145). Pese a la
aparente contradicción de estos principios con sus ideas
religiosas, se ha encontrado que en realidad la conjugación
de ambas formulaciones se sustentaban en un "ideal de modernidad
católica", es decir en un catolicismo que participaba
del desarrollo individual y colectivo de los pueblos, del que
él estaba profundamente influido (Maiguashca:1994:338).
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- Sobre tales fundamentos erigió
su programa político, cuya puesta en marcha enfrentó
no pocos contratiempos y no poca oposición.
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