MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

 La Revolución Liberal y la Plutocracia

 
RETRATO
Don Eloy Alfaro
Foto
Taller Visual
El gobierno enfrentó con éxito los primeros alzamientos, pero pronto fue arrollado por la insurrección popular en las provincias de El Oro, Esmeraldas y Manabí. En síntesis, la revolución triunfó rápidamente en la costa, dada la general aceptación que tuvo entre la ciudadanía la Jefatura Suprema del general Eloy Alfaro y la rapidez y eficiencia con que las fuerzas liberales vencieron o ahuyentaron a las tropas oficiales.
 
Para entonces, la revolución iba tomando un progresivo carácter de guerra civil entre las fuerzas liberales y conservadoras del Ecuador. Cabe precisar que, inicialmente, el "conservadorismo doctrinario", liderado por Camilo Ponce Ortiz, participó activamente en la subversión contra el gobierno "progresista" de Cordero, al punto de que estimuló el alzamiento de la columna "Flores" en Quito y cooperó en los liberales en la campaña del Centro. Pero una vez alcanzado su objetivo de lograr la renuncia de Cordero, el conservadorismo "poncista" cambió radicalmente de actitud y apoyó al vicepresidente Vicente Lucio Salazar. Esto y la gestión unificadora de la derecha impulsada por la Iglesia, lograron crear en la Sierra un frente único conservador ­ católico, para enfrentar el avance del liberalismo radical que triunfará ya en la Costa.
 
Para el 15 de junio todas las tropas gubernamentales acantonadas en el litoral se habían dispersado, pasando al bando revolucionario o retirado hacia las provincias interandinas. Tres días después arribaba Alfaro a Guayaquil y asumía la Jefatura Suprema que le habían concedido los pueblos.
 
Campaña de la Sierra y Guerra Civil
Alfaro inició su gobierno bajo el lema de "Perdón y Olvido". Pero la oligarquía clerical ­ terrateniente de la sierra resulto irreductible por medios pacíficos y, con apoyo de la Iglesia, se preparó afanosamente para la guerra, haciendo colectas públicas y reclutando tropas en las provincias serranas para la "guerra santa" contra el liberalismo.
 
Frustrados todos sus esfuerzos de paz, el "Viejo Luchador" pasó entonces a prepararse para la guerra. Con una velocidad electrizante y respaldo por un buen equipo de colaboradores, en apenas tres semanas organizó la recluta y entrenamiento de los miles de voluntarios costeños y serranos que acudían a sus cuarteles, movilizó a las Guardias Nacionales para crear una fuerza de reserva, levantó un empréstito de 200 mil sucres para financiar los gastos de la campaña, adquirió armas, consiguió cabalgaduras, puso a punto el sistema logístico y preparó el plan de operaciones. Y todo esto lo hacía al mismo tiempo que saneaba las finanzas de la provincia, daba órdenes gubernativas para otras ciudades y pueblos, atendía reclamos de los ciudadanos y hasta autorizaba por decreto que las mujeres accedieran a la educación superior.
 
El 16 de julio, una vez afirmado el poder radical en las provincias de la costa y puesto a punto el ejército revolucionario, Alfaro inicio la campaña, que habría de llevarle a conquistar las ciudades interandinas y principalmente Quito, la lejana capital donde radicaban los tres poderes del Estado.
Su ejército era una masa variopinta, en la que se entremezclaban hombres de las más diversas regiones y extracciones sociales. Dividido en varios cuerpos operativos, esa fuerza logró ascender rápidamente la cordillera occidental por varias rutas estratégicas y derrotar a los conservadores en algunas batallas decisivas, que marcaron definitivamente el triunfo militar de la revolución: San Miguel, en la Provincia de Bolívar (8 de agosto), Ambato (15 de agosto), Gatazo en la Provincia del Chimborazo (15 de agosto) y Girón, en la Provincia del Azuay (23 de agosto).
 
Pro la eclosión revolucionaria no sólo venía de la costa sino que emergía de todas las provincias del interior, donde ciudades y pueblos seguían pronunciándose contra el gobierno conservador de Quito y a favor de la Jefatura Suprema de Eloy Alfaro. De ahí que todos los cuerpos del ejército radical recibieron a lo largo de su ruta la incorporación de nuevos voluntarios. El 4 de septiembre, luego de recibir la adhesión entusiasta de los pueblos del centro del país, "El Viejo Luchador" entraba finalmente en la capital, en medio de los aplausos de la multitud.
 
EL ESTADO MAYOR
Del General Eloy Alfaro
Foto
Archivo Histórico del Banco Central del Ecuador
Los Revolucionarios
 
Jorge Núñez Sánchez
 
La revolución es uno de los más supremos actos humanos y, por lo mismo, está marcada y caracterizada por los hombres que la realizan. En el "bloque histórico" de la revolución liberal figuraron varios grupos políticos, cada uno con destacados personajes:
Los Caciques Costeños: Estuvo integrado por un grupo de propietarios y líderes sociales montubios, que aportaron recursos y organizaron a los peones de la región para la lucha. Ellos fueron: Manuel Antonio Franco, Pedro J. Montero, Juan Manuel Triviño y León Valles Francisco (Guayas), Manuel Serrano y Wenceslao Ugarte (El Oro), Carlos Concha Torres (Esmeraldas), Zenón Sabando, Dionisio Andrade y José María García (Manabí), Plutarco Bowen y Emiliano Figueroa (Los Ríos, etc. Igual cosa podemos decir de ciertos caudillos liberales serranos, que con su acción fortalecieron la lucha alfarista: Francisco Hipólito Moncayo (Imbabura), Nicanor y Rafael Arellano (Carchi), Ulpiano Páez (Bolívar) y Julio Román (Chimborazo), entre otros.
 
Los Revolucionarios Emigrados. Estuvo integrado por revolucionarios profesionales, que habían conspirado o luchado en otros países de América Latina: Eloy Alfaro, Medardo Alfaro, Leonidas Plaza Gutiérrez, Flavio Alfaro y Plutarco Bowen.
La Burguesía Liberal. Originaria de Guayaquil, estaba integrada por tres fracciones de clase con distinta función socio económica: el grupo de grandes propietarios latifundistas denominado "El Gran Cacao", encabezado por las familias Aspiazu, Seminario, Morla, Durán Ballén y Rosales; el grupo comercial presidido por los Avilés, Robles, Carbo, García y Estrada, y el grupo bancario, encabezado por las familias Arosemena, Roca, Urbina Jado, Baquerizo Moreno y Game. Desde luego, muchas de éstas y otras grandes familias porteñas (Marcos, Noboa, Icaza, Santisteban, Huerta y Robles) tenían intereses en dos o más sectores económicos, por lo que resulta difícil clasificarlas en uno u otro. Otorgó al gobierno revolucionario en empréstito de 200 mil pesos, que sirvió para financiar los gastos de guerra. A cambio, asumió desde el comienzo una trascendental influencia ene l gobierno liberal, cuya política económico ­ financiera pasó a controlar indisputadamente, orientándola en sentido favorable a sus intereses de clase y buscando deshacerse del "liberalismo machetero", cuyo radicalismo temía y cuya presencia era el único contrapeso político que se oponía a sus desmesurados apetitos.
 
La Intelectualidad Radical. Este grupo social, se carácter pequeño ­ burgués, fue el otro actor fundamental de la revolución. Carecía de la fuerza social del grupo "machetero" y del poder económico de la burguesía liberal, pero poseía en cambio el poder de la cultura, indispensable a la hora de construir un nuevo Estado, sobre las ruinas del viejo régimen. El dio sustento ideológico a la revolución. En general, sus miembros provenían de las "buenas familias" de provincia y habían recibido la mejor educación posible en su medio: Roberto Andrade, Julio Andrade, Felicísimo López, Abelardo Moncayo, José de Lapierre, los hermanos Augusto, Luis y Nicólas Martínez, Emilio Arévalo, Belisario Andrade, Miguel Aristizábal, Luciano Coral, Mariano Cueva, Manuel Benigno Cueva, José Peralta, Modesto Chávez Franco, José Domingo Elizalde Vera, Julio Fernández, Adolfo Páez, Aurelio Noboa, Quintiliano Sánchez, Zoila Ugarte de Landívar, Angel Serrano, Belisario Torres, José Eleodoro Avilés, Miguel Valverde, Emilio María Terán. Casi todos eran masones y andaban tras la utopía de construir un mundo basado en la libertad, la igualdad y la fraternidad humanas.
 

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