MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

 La Revolución Liberal y la Plutocracia

 
CONSTRUCCION
Del Ferrocarril
Foto
Taller Visual
Los restos del ejército conservado de Quito, encabezado por Aparicio Ribadeneira, se internaban ese mismo día en territorio colombiano, recibiendo la protección del gobierno conservador de Bogotá y la bienvenida de las autoridades locales. Empero, ese acto no marcaba el fin de la guerra civil ecuatoriana sino el inicio de su segunda fase, que había de durar varios años más, a través de continuos alzamientos armados de los conservadores, que incluso llegaron a retomar Cuenca el 5 de julio de 1896, siendo finalmente vencidos por el ejército liberal.
 
La Configuración del Estado Laico
La toma del poder por Eloy Alfaro fue solo el comienzo de un amplio esfuerzo de renovación y modernización de la sociedad ecuatoriana. El programa de la reforma liberal, esbozado en el Registro Oficial del 3 de septiembre de 1895, incluía los siguientes objetivos:
 
Regeneración de la República. Paz en el exterior. Orden, honradez y reorganización en régimen interno. Fomento al comercio y las industrias, desarrollo de las artes, protección a las ciencias. Mejora y aumento de la instrucción pública. Arreglo y fiscalización de las finanzas del Estado. Mesura y equidad en el reparto presupuestario. Régimen de responsabilidad para los funcionarios públicos. Respecto a las garantías constitucionales. Fomento de la inmigración. Respeto para la religión nacional y consideración para las ajenas creencias. Impulso a la agricultura. Multiplicación de las vías de comunicación y construcción de ferrocarriles. Perfeccionamiento de las instituciones militares.
 
Empero, la mejor definición del programa revolucionario fue quizá el "Decálogo Liberal" redactado por el coronel Aristizábal y publicado en el periódico "El Pichincha" bajo el seudónimo "Somatén", que planteaba:
 
1.- Decreto de manos muertos. 2.- Supresión de conventos. 3.- Supresión de monasterios. 4.- Enseñanza laica y obligatoria.. 5.- Libertad de los Indios. 6.- Abolición del Concordato. 7- Secularización eclesiástica. 8.- Expulsión de clero extranjero. 9.- Ejército fuerte y bien remunerado. 10.- Ferrocarriles al Pacífico.
 
En síntesis, se trataba de una revolución de carácter laico y con fuerte acento anticlerical, que se proponía separar radicalmente al Estado de la Iglesia, refrenar toda intromisión clerical en la política, nacionalizar y secularizar al clero, nacionalizar los bienes de manos muertas y extirpar del país a las órdenes religiosas, por considerarlas instituciones socialmente parasitarias y económicamente acaparadoras de bienes ajenos. Paralelamente, con la institución de la "educación pública laica y obligatoria" se buscaba ampliar y democratizar la acción del Estado, limitar la influencia ideológica de la Iglesia y los sectores conservadores, y crear una nueva conciencia ciudadana, proclive al libre pensamiento y ala tolerancia. Adicionalmente, contando, como contaba, con el decidido respaldo de unos pocos sacerdotes revolucionarios, que actuaban junto al pueblo y contra los mandatos de su jerarquía, la revolución pretendía estimular el desarrollo de una "iglesia nacional y popular", que se levantara como una alternativa frente a la iglesia pro-oligárquica existente, dominada en buena medida por obispos y sacerdotes extranjeros.
 
De otra parte, se trataba de una revolución burguesa y nacionalista, que pretendía integrar a las aisladas regiones ecuatorianas, fortalecer al país para su defensa y buscar paralelamente la resolución del secular problema territorial con el Perú, por medios pacíficos. Sin embargo, tan ambicioso proyecto nacional debía chocar inevitablemente con muchos intereses creador, pues que no solo se orientaba a destruir políticamente al régimen clerical ­ conservador sino que, en lo económico, se enfilaba contra el sistema terrateniente en su conjunto, afectando por igual a los bienes de la Iglesia y de los hacendados en general, independientemente e su filiación política. De ahí que el proyecto revolucionario hallara resistencias inclusive al interior de las filas progresistas, donde en general lo apoyaban los radicales y lo resistían los liberales de la vieja escuela, quienes querían a lo más una tímida reforma política.
 
Esas resistencias externas y contradicciones internas explican las limitaciones que tuvo en la práctica la reforma liberal, vista a la luz de sus propias aspiraciones iniciales o de las metas proclamadas por sus sectores más radicales. Sin embargo, sus medidas de laicización del Estado y la sociedad ecuatorianos abarcaron una cantidad de aspectos y contribuyeron a democratizar la vida social, hasta entonces controlada ideológicamente por la Iglesia.
 
La Revolución vista por sus enemigos
 
Alfaro había entrado a Quito a la cabeza de turbas de la Costa, encausadas en algún centenar de multitud provinciana, pero en expectativa de surgir, se hacía liberal; rodeado de gente irresponsable, de esa que con mañas sectarias insultan creencias religiosas; dirigido por comerciantes quebrados, por contrabandistas impunes, por asaltadores de Bancos, que lisonjeando a él, caudillo espiritista ­ masón, con el incesante grito de su nombre ¡Viva Alfaro!, blasfemaban de Dios y profanaban santuarios; y odiando al serrano, por su civilización cristiana, en Oficinas de Policía, flagelaban atormentaban, violando los fueros de la dignidad humana
 
Todos los conquistadores de la Sierra perseguían un solo ideal, el de adquirir con prontitud, con facilidad, de cualquier modo que fuese, riquezas soñadas y contemplarlas luego, en manos del placer. Ningún propietario se veía seguro, muchos pagaban contribución personal, acusados de cualquier malquerencia. Se había confiscado las mejores haciendas. La familia no se consideraba amparada por ley alguna: tropas del caudillo azuzadas por aventureros, de esos que trajinan por los puertos de mar, para vivir de audacias y de rapiña, husmeando por calles, entraban al hogar, y en casos, violaban a la mujer. Oficialmente averiguaban de reservas de Banco, de depósitos judiciales, de fondos de cofradías, de tesoros Municipales, de Colegios y Universidades; de legados, donaciones, herencias, de cuánto constituía el haber de la Capital de la República. Y se había destruido imprentas; con atropello violento entrados al Palacio Arzobispal; al golpe de marzo que pedaceaba la "Imprenta del Clero", y a los reflejos del incendio de los archivos, escarneciendo la dignidad del Ilustre Arzobispo Pedro Rafael González Calisto, con gestos y algazaras burdeleros, habíanle forzado a vivar a Alfaro.
 
Testimonio del Jefe Guerrillero Conservador Miguel Angel González Páez, en Memorias Históricas, Tipografía Quito, 1934, pp 2241 242
 

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La Hora 2003 - Quito - Ecuador