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EDUCACIÓN
Y CONTROL AMBIENTAL
El ruido, un serio contaminante
Por: Mario
Nieto Mora
ACASO
CON EL FIN DE SENTAR las
bases para que el Ecuador ofrezca un trato similar al que proporcionan
los países desarrollados a sus ciudadanos o simplemente
porque existe la obligación de respetar a nuestros congéneres,
quienes redactaron y aprobaron la Constitución Política
que nos rige, en su Art. 16 y con buen criterio hicieron constar
que el "más alto deber del estado consiste en respetar
y hacer respetar los derechos humanos...". Aún más,
en el Art. 23, refiriéndose a los Derechos Civiles, aparte
de señalar que todas las personas somos iguales ante la
Ley, recalcaron, entre otros, el derecho que tenemos a vivir
en un ambiente sano, ecológicamente equilibrado y libre
de contaminación, y el de tener una calidad de vida que
asegure nuestra salud, alimentación y nutrición,
agua potable, saneamiento ambiental, educación, trabajo,
recreación y vivienda.
Como estos derechos son básicos
para la supervivencia ordenada y sus incumplimientos afectan
a los rendimientos laboral e intelectual de las personas, varias
leyes, decretos y acuerdos se han venido aprobando en el país
aunque, sin apartarse de la costumbre, han sido desatendidos
y quizás hasta violados por las mismas autoridades de
control con lo que se ha robustecido el caos y la inseguridad
jurídica.
Fuentes fijas
o móviles
El constatar que la mayoría
de choferes contaminan con el ruido de sus vehículos fuentes
móviles de contaminación el aire que respiramos,
que los irrespetuosos expendedores se valen de fuertes altavoces
fuentes fijas o móviles para atraer a los compradores
o que en las iglesiassin entender que en sus cercanías
deben vivir personas que requieran descansar, curarse o trabajar
en un ambiente sano, abusan asimismo con los altavoces colocados
en las cúpulas fuentes fijas a pretexto de invitar
a sus fieles, demuestran el caos existente y, debido a esta causa,
el ruido producido por las fuentes fijas que se escucha en las
distintas ciudades debe superar los 70 decibeles, es decir debe
ser mayor al nivel permisible máximo que para las zonas
industriales 3 y 4 de Quito consta en la Ordenanza 123 que recientemente
emitió el Concejo del Distrito Metropolitano de Quito
para prevenir o controlar la contaminación por el ruido.
En las denominadas zonas residenciales múltiples, el nivel
máximo permisible de 06h00 a 20h00, según esta
Ordenanza es de 55 decibeles y desde las 20h00 hasta las 06h00
45 decibeles.
El tibio aporte
gubernamental y sus resultados
Adelantándose a lo
que respecto de la calidad de vida y al buen uso de los recursos
naturales señala nuestra actual Carta Magna varias disposiciones
y leyes, entre las que destaca la de Aguas que en 1.972
lo puso en vigencia el general Guillermo Rodríguez Lara
fueron dictadas y aprobadas.
Otras, por el contrario, como
la Orgánica de Régimen Municipal, de Prevención
y Control de la Contaminación, de Gestión Ambiental,
son relativamente nuevas y se fundamentan o concuerdan con lo
que señala la referida Carta Magna. Aún más,
estas leyes y la misma Constitución han dado lugar a que
los municipios creen las unidades de gestión ambiental
y, en el caso del Distrito Metropolitano de Quito, a la Dirección
Metropolitana de Medio Ambiente que debe ser la propulsora de
la escasamente publicitada Ordenanza 123 en cuyos artículos
24 y 26 se establecen los montos de las multas, que varían
entre 0,40 y 4,00 remuneraciones básicas unificadas mínimas
y, en el Art. 53 se señala que, "cualquier persona
podrá denunciar las infracciones en que incurran las fuentes
de contaminación" y que la denuncia respectiva podrá
realizarse en cualquier día, incluidos los fines de semana
y los días festivos, ante las Comisarías Metropolitanas
Ambientales y de Higiene, que permanecerán abiertas los
365 días del año.
En este mismo tema, si bien en
el país, como se escucha con frecuencia, existen suficientes
leyes, los resultados alcanzados son por desgracia escasos e
incluso negativos. De ahí la aseveración de que,
respectivamente, es tibio o nulo el aporte del estado. El comprobar
que las cuencas hidrográficas por falta de mantenimiento
de sus bosques y control de sus explotaciones, están más
erosionadas que en 1.972 o que cada día aumenta el ruido
causado por las fuentes fijas de contaminación, que son
las más fáciles de controlar si hubiese la suficiente
decisión de los entes de control, es otra muestra fehaciente
de la pobre gestión gubernamental y de la lamentable actitud
ciudadana.
La educación ambiental,
básica para contribuir a controlar la contaminación
De la forma que debe ocurrir en la generalidad de los países
tercermundistas, en el Ecuador una de las mayores causas que
detiene el desarrollo es la falta de educación y, por
tanto, de organización. Las instituciones y autoridades
competentes, por una parte, que no imponen sanciones ejemplares
a los transgresores de una ley ni aprovechan, por citar dos casos
típicos, los recursos disponibles para publicitar una
ley o una Ordenanza como la 123 referida son las directas responsables
y, todas las entidades públicas, entre la que destaca
la misma iglesia católica, que sigue siendo fuerte, puede
contribuir a controlar o a reducir la mencionada contaminación;
aún más, a dar ejemplo de cumplimiento de un deber
civil.
Las organizaciones populares
y clasistas, los sindicatos y algún sector de la ciudadanía,
por otra parte, cuando son debidamente instruidos y forman parte
de un compromiso, constituyen los iniciales aportantes para alcanzar
el objetivo pues la sola impresión de hojas volantes como
la que realiza la Dirección Metropolitana de Medio Ambiente,
en cuya biblioteca no existía hasta hace pocas semanas
una copia de la reiterada Ordenanza 123, no produce mayores resultados.
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