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Crisis
en la Administración de Justicia
Dr.
Washington Baca Bartelotti (+)
EN NUESTRO PAÍS LOS MEDIOS PARA
LLEGAR a la justicia
están degradados, rotos; no se conmueven, angustian, padecen
de los acontecimientos que agreden a la sociedad; aparentan funcionar
pero siguen obstruyendo la vida cotidiana.
Imposible se desarrolle cualquier forma de organización
social, Estado, nación o patria, sin la existencia de
un poder encargado de administrar justicia. ¨La Justicia
tiene un extraño poder de seducción¨, pero
también de utilidad. Nada es más seductor y útil
que la justicia para mantener y perfeccionar una forma de organización
social.
El procedimiento
judicial
En nuestro país los medios
para llegar a la justicia -especialmente el procedimiento judicial-
están degradados, rotos; no se conmueven, angustian, padecen
de los acontecimientos que agreden a la sociedad; aparentan funcionar
pero siguen obstruyendo la vida cotidiana. Las estructuras judiciales,
por la ineficacia procedimental, se encuentran seriamente afectadas,
no garantizan el funcionamiento social.
El procedimiento judicial -elemento fundamental de la administración
de justicia- tiene su propia ética, que no puede acusar
diferencias y menos tener fines opuestos o caminar en dirección
distinta de la ética pública; pero aquélla
ha disminuido a ésta.
En una sociedad como la nuestra -que sufre problemas más
o menos iguales a los de otros paises- la ética de procedimiento,
está lesionando a la ética pública. Esto
le ha conducido a perder el respaldo de la opinión ciudadana
aun cuando utilice la fuerza coercitiva del Estado.
Para el ecuatoriano medio sólo la desgraciada circunstancia
de enfrentar un juicio y enredarse en el mundo irracional del
procedimiento judicial -aunque haya llegado a él con la
tranquilidad de la inocencia o al final sea el vencedor de la
contienda -es una derrota. ¨...sufrir semejante proceso es
ya haberlo perdido¨. Sólo esto es ya anti-técnico.
Medios procesales
modernos
El país tiene que conmoverse,
reformar sus procedimientos judiciales, construir medios procesales
modernos para llegar a la Justicia.
Los actores sociales -todos- saben donde colocan la violencia,
la corrupción, los antivalores contrarios al funcionamiento
ético de la sociedad; ésta en cambio tiene mecanismos
para defenderse.
Cuando los actores sociales privadamente ejercen violencia, que
deviene en anarquía; o la ejercen desde el gobierno, que
deviene en tiranía, o se practica la corrupción
desde el poder político o económico, que por acto
reflejo tiende a generalizarse en todo el cuerpo social, debe
existir la energía reserva del estado a través
de la administración de justicia.
El procedimiento judicial revela la fortaleza de la administración
de justicia así como ésta revela el grado de civilización
que ostenta una nación.
Si el procedimiento judicial responde a las necesidades sociales
de la hora presente, a los afanes de desarrollo, de convivencia,
se evitará retornar a las formas de convivencia bárbara,
atávica, incivilizada; se impedirá la intervención
particular incontrolada con su única y más soccorrida
forma: la acción directa, el hecho consumado. La justicia
a través del procedimiento judicial tiene la obligación
de reducir la fuerza a única y última razón,
mejor dicho a eliminarla.
Consolidación
del proceso judicial
El peligro mayor de nuestros
días, por la lentitud de los procedimientos, es que están
desapareciendo los trámites normales a los que se debe
recurrir en todo país civilizado; se está suprimiendo
la mediación judicial por culpa de quienes la dirigen,
del Estado y de los responsables de la conducción social.
Durante la Colonia y durante 164 años de República
se ha construido y consolidado un procedimiento judicial que
a ido poco a poco tornándose en obstáculo para
la administración de justicia. De esto son responsables
los grupos hegemónicos, el poder, el Estado, la política,
los gobiernos, los administradores de justicia, los partidos
políticos, la propaganda, la desinformación, el
ocultamiento de lo que ocurre.
El poder judicial no puede responder huyendo o escondiéndose
por intereses subalternos a la realidad social ineficaz a la
que desgraciadamente se ha adaptado; debe generar influencias,
regulaciones, normas de conducta que ayuden a la mejor organización
de la sociedad ecuatoriana. Sin caer en la ingenua afirmación
globalizante de que una sociedad desorganizada no puede crear
un poder judicial organizado y mientras no mejore la una no puede
mejorar la otra, con la cual irremediablemente estaríamos
condenados a no cambiar nada en el poder judicial, es necesario
presionar sobre los grupos que tienen poder real y que utilizan
la desorganización como elemento de dominio, hasta que
entiendan que los sectores sociales a los que atrapan los engranajes
judiciales han ido en aumento hasta convertir la hora actual
en una hora de búsqueda de la justicia y si no hay una
respuesta oportuna y urgente, peligra el propio poder que ahora
disfrutan los sectores hegemónicos, peligran los valores,
peligramos todos.
Superar la
baja calidad
Al interior de la sociedad ecuatoriana
no todos los grupos que la integran participan en igualdad de
condiciones ni tienen las mismas oportunidades de influir en
el desarrollo y organización de la sociedad, algunos no
han actuado nunca, ni siquiera como testigos, y si quienes tienen
el poder real no actúan inmediatamente para superar la
baja calidad, la ineficacia que se genera en los órganos
del poder oficial, particularmente en el poder judicial, las
consecuencias pueden ser funestas. Lo está bien creer
que si el poder judicial no les ¨perjudica¨ y están
libres de sus tortuosos procedimientos y vericuetos, pueden sustraerse
de brindar su apoyo a los afanes de cambio.
Los grupos de poder no deben confiar ni creerse seguros con la
protección que les dispensa el poder judicial; la administración
de justicia que se distribuye irregularmente, antes que fuente
de seguridad es de conflicto. Las democracias más sólidas
han sustentado su vigencia en una justicia que es capaz de condenar
al vulgar delincuente como defenestrar al Presidente de la República
cuando hay mérito para ello. Una administración
de justicia que no se conmueve ante la amenaza, el dinero o el
poder.
Mas, el cambio no ha de llegar ni debe merecer el apoyo único
de los sectores hegemónicos, dirigentes y responsables
de la conducción de la sociedad y del poder judicial,
debe ser preocupación de las bases de la sociedad, del
hombre de la calle, de los grupos organizados, de los despojados
de poder y riqueza, de las mayorías silenciosas que corren
mayor peligro cuando son atrapadas en los engranajes judiciales.
Transformar
el poder judicial y la administración de justicia en el
Ecuador
El Estado debe responder de la
postración e incredibilidad en la que se encuentra el
poder judicial. En nuestro país el Estado no tiene sólo
pecado original sino de pubertad y madurez que le han convertido
en un órgano senil incapaz de organizar la sociedad. Como
forma de organización jurídico-política
ha fracasado. Después de más de siglo y medio de
existencia no ha podido organizar ni relativamente bien el poder
ejecutivo, el legislativo y menos el judicial. Ha sido incapaz
de entrar en conflicto con las fuerzas que se oponen a su racionalización
y vencerlas, es decir, ni siquiera ha sido capaz de pelear por
su auto conversación.
La entereza de jueces y abogados honestos, Universidades, usuarios,
estadistas, políticos capaces, puede transformar el poder
judicial y la administración de justicia en el Ecuador.
Es inadmisible que se haya atrapado a la sociedad, a los propios
juzgadores, a los abogados, a los hombres y mujeres honestos
del país, a las instituciones, en un sistema que no responde
a las necesidades de la hora presente. No es correcto que nos
hayamos privado de la capacidad de reflexionar sobre el drama
judicial del país, de sus gentes, que vive cualquier sociedad
cuando está en crisis la justicia.
El conocimiento
y la adminsitraciónde justicia
El conocimiento disponible permite
afirmar que en el Ecuador la administración de justicia
atraviesa la más conmovedora crisis.
Hay un conocimiento empírico que observa, mide y sufre
la demora en los trámites: las causas que ingresan muchas
no terminan y las que tienen mejor suerte tardan años
en resolverse; otro conocimiento que circula vulgarmente es la
desorganización del aparato judicial y el alto costo de
sus trámites; el desprecio mutuo entre los judiciales
(jueces, ministros, funcionarios, curiales) y los usuarios (partes,
abogados); la inseguridad y desconfianza en la aplicación
de la ley; el mal aspecto de las oficinas, el descuido y el desorden
en los archivos, la pobreza en los instrumentos de trabajo.
El conocimiento científico encuentra atraso en la teoría,
ausencia de métodos de investigación, subordinación
acrítica al conocimiento extranjero, diversidad en la
aplicación de los procedimientos, rutina, decadencia del
pensamiento conceptual, intermitencia en la jurisprudencia, abandono
de la investigación, dispersión del conocimiento,
marginación de la actividad científica
Desgraciadamente la sola crítica, el sólo conocimiento
científico o empírico de la crisis -aún
cuando éste evolucionara hasta convertirse en científico-
no podrá transformar nada hasta sin que aparezca una idea
fuerza y un grupo vigoroso, dinámico y rebelde que imponga
un cambio.
En Estados Unidos de América un oscuro, pero lúcido
profesor de derecho de Nebrasca, pronunció en 1906 en
la convención del Colegio Norteamericano de Abogados un
discurso sobre ¨las causas de insatisfacción popular
en la administración de justicia¨. Este hombre llamado
Roscoe Pound fue severamente criticado. Se le acusó de
querer destruir el procedimiento norteamericano que a decir de
sus defensores era ¨el más refinado y más racional
sistema jamás inventado por el ingenio humano¨, que
se estaba atentando contra el producto de siglos de sabiduría...
El discurso de Pound permitió grandes cambios en el procedimiento.
En el Ecuador hay que destruir casi dos siglos de ¨sabiduría¨;
enviar a los museos mucho de lo aprendido; perderle respeto a
mucho de lo que está vigente por sólo recordarles
cuando forme parte de las ilustres instituciones inhumadas.
Consciente o inconscientemente, defendiendo intereses subalternos,
hemos ocultado, las verdaderas y más profundas causas
de la crisis; atribuimos exclusivamente a las personas. Esto
es incorrecto. No será posible estudiar, criticar y sustituir
la forma de administrar justicia, para vencer la crisis, sin
analizar todas sus causas, las empíricas y científicas,
las permanentes y transitorias, las visibles y las invisibles,
las reales y las aparentes, las ocultas y las publicitadas.
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