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EDUCACIÓN EN DERECHOS, DEBERES Y VALORES
Desarrollar la cultura democrática



Por: Dr. Juan de Dios Parra
cpaz2@andinanet.net

LA NUEVA TAREA CIVICA CONSISTE en desarrollar la cultura de la democracia. La convivencia democrática funciona gracias al equilibrio entre derechos y deberes. La democracia requiere una mentalidad adecuada; supone la existencia de ciertos hábitos, actitudes y valores compartidos por los ciudadanos.

La iniciación en estos valores debe tener un espacio reconocido en la educación formal, en los mensajes de los medios de comunicación social y en las prácticas educativas de la familia. El régimen político democrático se mantiene gracias a una permanente renovación de la cultura que los sustenta.

La socialización política de los ciudadanos y los preciudadanos (niños, adolescentes y jóvenes) en una cultura cívico-democrática, es una tarea especifica. La historia de la región contiene diversas potencialidades para desarrollar la cultura de la democracia. Existe un patrimonio de los valores de libertad, igualdad y solidaridad, cuyos orígenes se remontan a los tiempos precolombinos, que se fue acumulando en la época colonial y se prolongó en al vida republicana independiente. Sin embargo, los países latinoamericanos han conocido también mentalidades y actitudes opuestas a la democracia.

Por tanto, si se quiere desarrollar el tipo de convivencia que corresponde a este régimen, hay que hacer un esfuerzo

explicito de expansión de sus echos, cultural y de interiorización de sus valores.
Existe una estrecha relación entre los derechos y los deberes de los ciudadanos. Cuando esta relación no madura en la historia de una nación, su gente puede oscilar entrela retórica y la impunidad. El desarrollo de un civismo latinoamericano que dé sustento a democracias legitimas ante el pueblo y los grupos sociales relevantes, necesita fundarse en la educación de ciertos valores.

Los Derechos Humanos

El respeto de los derechos humanos es esencial. Estos no terminan con los derechos primarios, sino que hay que desarrollar también los secundarios, y anticipar la conciencia de los derechos de tercera generación. El ejercicio de los derechos humanos supone una pedagogía paciente en la que participen todos los agentes educativos y culturales de la sociedad.

La Igualdad

Hay que hacer de la igualdad real de las personas una práctica permanente, acorde con el credo democrático latinoamericano. La persistencia de la pobreza es un escándalo moral del continente y se explica por variadas razones. Entre ellas gravita la falta de reconocimiento real de la dignidad de los pobres e indigentes.
La discriminación abierta o solapada al indígena y al negro, al mestizo y al mulato, corroe los fundamentos de una democracia social

Elecciones sinceras.

Fortalecer el estado derecho implica el ejercicio del voto en elecciones sinceras.
La sinceridad vale para las elecciones de toda índole.

Se requiere que éstas no sean fraudulentas en lo interno de los partidos, en los grupos sociales, las organizaciones corporativas, las instituciones de enseñanza.
Sólo una socialización masiva y perseverante puede garantizar que haya un progreso acumulativo en la práctica de elecciones genuinas, secretas libres e informadas.

La Tolerancia.

La tolerancia y el pluralismo deben promoverse en un continente caracterizado por la diversidad étnica y social. Constituyen valores en sí mismo. Esta actitud debe consagrarse en prácticas en las que los ciudadanos y preciudadanos reconozcan en la diversidad, su propia identidad y el consiguiente proyecto nacional. El prejuicio social, la falsificación o la simplificación, destruyen el principio de identidad, que es la fuente vital de la ciudadanía.

La Participación.

Es necesario desarrollar nuevas formas de participación. Esta se genera en una cultura que eleva la conciencia política para asumir más cabalmente los derechos y los deberes. Es ancho el mapa de las instancias donde se necesita la participación social. Sólo una práctica perseverante desde la infancia puede generar la participación requerida, en número y calidad, en forma obligatoria o voluntaria.
La escuela y la comunicación social han trasmitido valores del más variados signo a través de sus mensajes. La educación formal fomentó las virtudes democráticas y republicanas de los notables que hacían la historia. La prensa, en ocasiones consagró y en otras denunció el poder autocrático y la anulación de las libertades.
En América Latina, las variables políticas, económicas y sociales han afectado el desenvolvimiento de los medios de comunicación de masas. Las experiencias autoritarias también han tenido un impacto en los medios de comunicación, sea a través de un partido gobernante, sea por medio de grupos que funden el poder político con el económico. Los autoritarismos tienden espontáneamente a silenciar la opinión publica. Han procurado, por distintos medios, el inmovilismo de los opositores y de la población en general. Por ello, durante algunos periodos de la historia del continente, los medios se han visto afectados por la censura. Se ha impedido la información sobre aquello que pudiese menoscabar la imagen del gobierno. Esto es particularmente válido para el acontecer político, con lo cual se ha condenado la oposición al ostrascismo.

El papel de los medios de comunicación

Existe otra dimensión que es preciso considerar y que dice relación con el financiamiento y la capacidad competitiva de los medios de comunicación. Para que funcionen y tengan impacto en la opinión pública, deben convertirse en la empresas rentables.

La lógica del mercado también interviene para regular los productos de información. Surge el peligro, entonces, de que se diluya una posible jerarquización de la noticia de acuerdo a ciertos valores sociales, culturales o de interés común.

Otros condicionantes de la comunicación han provenido de la forma en que se procesa el conflicto en el país. El estilo político imperante se refleja en los medio de comunicación. Es frecuente que los medios tiendan a subrayar las divergencias y contribuyan a dar un cariz un tanto maniqueo a la vida política. Esta práctica no es conveniente para a democracia. Los medios podrían jugar un papel de difusores del espíritu democrático. Pueden ser capaces de aproximar las posiciones en vez de ampliar los antagonismos. En vez de prestarse como trincheras para la destrucción del enemigo político, la prensa democrática puede ser un mecanismos privilegiado para facilitar la negociación y construir consensos.

Los contenidos cívicos de la educación han sido también afectados por los avatares y conflictos de la vida política latinoamericana. Es frecuente en la región que se inculque en la niñez una cultura poco democrática y tolerante, a través de prácticas autoritarias, de elogio a dictadores, o de campañas simplistas y belicosas de adoctrinamiento, propagada o proselitismo. Las socialización patriótica, tan connatural a la formación, cívica de los preciudadanos, muchas veces es distorsionadas con estereotipos provenientes de un nacionalismo un tanto miope.
La inestabilidad democrática expresada en la rotación de gobiernos intercalados por intentos autoritarios, ha debilitado la formación cívica. En varios países, generaciones completas de jóvenes y aún de adultos jamás recibieron lecciones gubernamentales. No faltan quienes no conocen las elecciones sinceras y competitivas. Asimismo, abundan los prejuicios, los errores y la simplificación acerca de cuestiones centrales del régimen democrático.

En el pasado reciente, las controversias acerca de la comunicación social se moldearon en el contexto de la guerra fría.

Hoy se puede pensar en la existencia de una instancia para discutir el estatuto de la comunicación desde la perspectiva democrática, sin sospechas ni recelos. Ello responde a la demanda de pluralismo surgida de la explosión de nuevas identidades y a la tensión entre la identidad nacional y el consumo de mensajes de un mercado transnacional.

Relación entre la comunicación social y la cultural política

Los medios expresan, refuerzan y reproducen los modelos culturales prevalecientes. El peso y la gravitación de sus contenidos es abrumador, sin que puedan generarse otras opciones de carácter masivo. Más aún, la democracia es visualizada por las grandes mesas como un espectáculo televisivo, donde las imágenes tienden a reemplazar a los juicios más ponderados que se inspiran en el interés colectivo. La democracia sustantiva puede debilitarse al ser opacada por un juego de gestos visuales.

Ante los nuevos y antiguos desafíos, la comunicación social necesita con urgencia un estatuto democrático para regular sus tensiones. Las antiguas inquietudes subsiste; el problema de la propiedad, el financiamiento, el control público sobre los medios, el pluralismo y el derecho a la participación. Estas preguntas y sus respuestas determinan el estatuto de la comunicación social de cada país. Sin embargo, hay otras dimensiones cruciales para el desarrollo de una cultura y el derecho a participar de los agentes sociales, políticos y culturales, el derecho a réplica que impide el monólogo.

La estrecha vinculación entre la democracia y el espíritu de cooperación, por una parte, y el espectáculo de la televisión de masas por otra, puede acarrear efectos virtuosos o perversos. En verdad, existe la posibilidad de mejorar la calidad de las decisiones políticas en base a un conocimiento masivo del contenido de los problemas y las soluciones. Sin embargo, también están al acecho los antiguos flagelos, actualizados por el mercado electoral y el espectáculo televisivo.

Así, pueden revivir los fantasmas del popularismo y del autoritarismo ocultos detrás de nuevas expresiones de frivolidad o demagogia. La educación formal debe asumir la tarea de diseñar los contenidos de un nuevo civismo. Es obvio que corresponde al Estado velar por el desarrollo democrático futuro, a través del sistema escolar. El estado no puede ser pasivo ante las exigencias de la democracia.

Pero la escuela no es suficiente si lo que ella trasmite es cuestionado por las familias y la comunicación social.

Son muchos los agentes llamados o contribuir a la creación de un nuevo civismo, con un definido espíritu democrático.

Papel de los partidos políticos

Los partidos políticos deben cumplir un papel relevante en la formación democrática de los ciudadanos. Otro tanto vale para la sociedad civil. Así lo han comprendido, en varios países de la región, algunas ONGs de carácter pionero. La trasmisión más efectiva y enriquecedora de los valores democráticos es aquélla que se realiza en círculos de interacción horizontal. Esta modalidad de educación democrática puede efectuarse, con diversos enfoques y metodologías, en foros, jornadas de animación, cabildos abiertos y otras instancias.

Todos los países de la región deben iniciar el recorrido de la educación democrática. El civismo latinoamericano es una nueva tarea. El inicio de su cumplimiento debe coincidir con el cambio de siglo.

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