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PROBLEMÁTICA
Y SOLUCIONES
El
sistema penitenciario |
Por: Dra. María
Elena Moreira
Profesora de la
PUCE
www.humanrightsmoreira.com
EL
DIAGNÓSTICO DEL SISTEMA
en el país ha variado en los últimos años.
Ha dejado de ser aquel problema estructural que enfrentan todas
las sociedades del mundo, para convertirse en uno de los fenómenos
más lacerantes y violatorios de la dignidad humana en
el Ecuador; una realidad que pocos quieren verla y muchos desearían
ocultarla. Las causas son también conocidas.
En algunos foros se ha procurado establecer soluciones al problema
penitenciario que, en un inicio, son acogidas con el entusiasmo
temporal de encuentros en el que convergen iniciativas de quienes
por convicción o, por necesidad, se preocupan por este
inveterado fenómeno social. Sin embargo, luego que avanza
el tiempo dichas iniciativas quedan en buenos deseos por la impotencia
que experimentan los involucrados cuando deben afrontar situaciones
políticas o económicas que impiden llegar a soluciones
concretas e inmediatas.
Es que las causas de los más
graves problemas del sistema penitenciario no son casuales ni
temporales; son integrales, complejas y de largo desarrollo.
En ese sentido, procuraré examinar las falencias del
sistema bajo esta óptica, queriendo quizás esbozar
unas cuantas soluciones inmediatas y otras de largo alcance,
pero todas circunscritas en el ámbito de la integralidad
y complejidad del fenómeno, como ya se ha señalado.
Algunas causas
del fenómeno penitenciario ecuatoriano
La complejidad
de los comportamientos delincuenciales.
La sociedad ecuatoriana, en las
últimas décadas, se viene enfrentando, como todas
las sociedades actuales, a un fenómeno seriamente complejo
relacionado con la pérdida de valores humanos y sociales
que generan el incremento y una mayor diversidad de los comportamientos
delincuenciales. Ni la sociedad, ni la estructura del Estado,
ni los centros carcelarios han estado preparados para este súbito
cambio y, peor aún, para sus consecuencias, como la inseguridad
ciudadana, la masificación y la corrupción en
las cárceles.
Muchos economistas y políticos
han querido encontrar como única causa de la pérdida
de valores morales y sociales al complejo fenómeno de
la inequidad y desigualdad sociales, local e internacional.
Sin embargo, considero que la desmoralización de la sociedad
tiene un origen mucho más profundo: la desculturalización
de las sociedades locales por un consumismo desmedido impuesto
desde afuera y la falta de una formación ética
comprometida con los valores sociales, que generan un egoísmo
extremo que arrasa con todo y con todos.
No en vano, filósofos,
educadores, pedagogos y psicólogos han buscado los orígenes
de la complejidad actual de los comportamientos delincuenciales
en la falta de un compromiso existencial con la sociedad y con
la historia, en la indeferencia social a los problemas de otros
y en la sobredimensión del placer, del poder y del dinero,
en otras palabras, la falta de un sentido real, equilibrado y
trascendente de la propia existencia.
Por ello, ante este problema
existencial, que va más allá de los fenómenos
económicos coyunturales de sociedades en crisis, las soluciones
deben ser integrales, marcadas por un urgente programa de revalorización
de la existencia y de los valores humanos, sociales y morales.
Este no es fácil, como lo veremos más adelante,
un buen comienzo podría ser impartir programas de formación
en valores a todos los niveles sociales.
La inequidad
social y el subdesarrollo.
Esta es la causa más comúnmente
invocada por los analistas del problema. En verdad es aquélla
que, al igual que la anterior, ha incrementado la delincuencia
y, por ende, los problemas del fenómeno penitenciario.
Sin embargo, es necesario mirar este origen, como colateral y
complementario a los otros fenómenos.
La desigualdad social que ha experimentado el Ecuador, particularmente
en la última década, lo coloca como uno de los
países más inequitativos del Continente americano,
con índices que señalan que tan sólo un
10% de la población ostenta el 80% de la riqueza nacional;
por ende, el 70% de habitantes se encuentra en la línea
de la pobreza. Con estas cifras emitidas por los organismos
multilaterales, como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo,
no es casual que el fenómeno penitenciario se haya deteriorado
hasta alcanzar niveles nunca antes sospechados y de difícil
solución.
La crisis
de la administración de justicia y el incremento de penas.
Una de las causas más
directamente vinculadas con el hacinamiento carcelario es la
lentitud en la administración de justicia y, en algunos
casos, la corrupción en ciertos administradores judiciales.
Si bien, luego de la adopción de la Constitución
Política de 1998 que permitió agilitar las causas,
gracias a la creación del Consejo Nacional de la Judicatura,
como organismo de control judicial y a las disposiciones transitorias
que generaron la salida de detenidos sin fórmula de juicio
y sin sentencia.
La tendencia de los últimos
años a incrementar las penas de prisión y reclusión
es otro aspecto que no permite una solución inmediata
a la masificación carcelaria.
Parecería que ante la impotencia de frenar el fenómeno
delincuencial, por las causas arriba señaladas, una parte
de la sociedad estime erróneamente que la única
salida es agravar las penas. Esta solución es equivocada
no solamente por el hecho de que estadística y científicamente
está comprobado que esta medida, adoptada en otras sociedades
consideradas como más "desarrolladas", no ha
tenido resultados positivos, ya que no ha incidido en la disminución
de la delincuencia, sino que, por el contrario ésta se
ha incrementado, sino también por que es una medida meramente
coyuntural y temporal, que ante la complejidad del fenómeno
penitenciario lo único que hará es agravar el hacinamiento,
la corrupción y la violencia en las cárceles.
Esta tendencia de endurecimiento
penal es altamente peligrosa en una sociedad que se considere
pluralista y democrática, respetuosa de los derechos humanos,
cuya cristalización haría que la sociedad retroceda
a aquéllas épocas inquisidoras y discriminatorias
de la Edad Media que, por ser tales, no lograron superar la desmoralización
y la delincuencia, sino que, mas bien, tuvieron que dar paso
a tendencias más iluminadoras y pluralistas.
Lo anteriormente señalado
no implica, bajo ningún concepto, tolerar y peor aún
justificar el delito, sino mirar con transparencia y objetividad
que las soluciones a la delincuencia tienen que ser enfocadas
desde los orígenes más profundos de la misma, antes
señalados, y no procurar soluciones inmediatistas y pasajeras,
sino integrales y de largo aliento.
El estancamiento
de las normas penitenciarias.
Ante la evolución y el
agravamiento del fenómeno delincuencial y penitenciario,
las normativa penal ecuatoriana se ha quedado rezagada y caduca,
comparándola con las tendencias internacionales actuales
y con la normativa internacional de los derechos humanos. Es
supremamente urgente una reforma integral de la normativa penitenciaria
que no caiga en el endurecimiento, pero que vuelva más
ágil, justo y transparente el sistema. Una normativa que
erradique la corrupción de agentes penitenciarios y de
los propios reclusos y que aliente y fomente el cumplimiento
de la ley y la convivencia armónica en los centros carcelarios.
Una normativa que erradique también la tortura y los tratos
crueles, inhumanos o degradantes al interior de las cárceles,
así como el hacinamiento. Una normativa que permita la
formación integral de los agentes penitenciarios, como
entes generadores de una verdadera rehabilitación y reinserción
social de los prisioneros y no de entes generadores de mayor
violencia y de reproducción delincuencial y de comportamientos
nocivos para la salud e integridad de los presos, como el consumo
de drogas, fenómeno común en los centros carcelarios
ecuatorianos. Una normativa que genere trabajo productivo y
educación formal y no formal para los internos y el mejoramiento
de los servicios carcelarios, que permitan una existencia digna
y decorosa a las personas privadas de la libertad.
La politización
y centralización del sistema penitenciario ecuatoriano.
Esta es la causa que muchas la
mencionan pero pocos desean combatirla, porque, de alguna manera,
es aquél mal que permite la perpetuación de la
crisis penitenciaria y, por ende, del poder y enriquecimiento
de quienes la utilizan y la manejan a su antojo.
La politización está
directamente vinculada con la corrupción al interior de
las cárceles. Se requiere, por tanto, la reestructuración
integral del sistema carcelario, de tal modo que ofrezca a la
colectividad los paradigmas de la independencia, autonomía
y transparencia, cualidades que son imprescindibles para lograr
una solución no solamente inmediata, sino integral y de
largo alcance.
Un Consejo de Rehabilitación
Social autónomo del Poder Ejecutivo es lo más recomendable.
Esta sugerencia no es nueva, pero muchos tienen temor de formularla,
para no crear antipatías y hasta en ciertos casos consecuencias
negativas. El Consejo de Rehabilitación Social debería
estar integrado por instituciones no solamente del Estado, algunas
de las cuales, en la actualidad son jueces y parte en la situación
carcelaria, sino también por organismos de la sociedad
civil que ejerzan el control, seguimiento y rendición
de cuentas de la administración penitenciaria. La Dirección
Nacional de Rehabilitación Social deberá ser también
un ente autónomo, dependiente del Consejo y no del Ejecutivo,
que genere transparencia en sus acciones y erradique la desmoralización
casi generalizada del sistema. Con autonomía e independencia,
la meta de la descentralización carcelaria sería
una realidad incuestionable.
La asignación de recursos
económicos adicionales para el sistema es un imperativo
impostergable. No solamente para lograr la soñada autonomía
y descentralización, sino también para mejorar
los servicios carcelarios y erradicar la masificación.
Esta lista de causas del fenómeno penitenciario ecuatoriano,
como ya lo señalé, no es exhaustiva, ni pretende
ser la única, pero sí aquélla que permite
visualizar las falencias y dificultades más apremiantes
de un sistema que ha llegado a niveles de caducidad, injusticia
y discriminación intolerables.
Algunas soluciones
inmediatas y de mediano alcance a la crisis penitenciaria ecuatoriana.
Del diagnóstico actual
del sistema penitenciario se puede determinar algunas soluciones
que no son las únicas, pero que pueden propender a la
solución de los aspectos más emergentes del fenómeno.
Soluciones
al hacinamiento:
1. Igualar
la capacidad instalada de cada centro con el número de
internos, a través de la reubicación de internos;
la erradicación de las detenciones ilegales; la suscripción
y ejecución de convenios de cumplimiento de penas en el
extranjero.
2. Mejorar y aumentar el espacio físico de los
centros carcelarios, a través de asignaciones presupuestarias
emergentes.
3. Mejorar la calidad del servicio del "defensor
de oficio", auditando sus actividades, incrementado los
defensores de oficio y ejecutando convenios con la Defensoría
del Pueblo, colegios de abogados y universidades para incrementar
la asistencia legal a los detenidos e internos.
Soluciones
a la inoportuna atención médica, problemas de salud
y consumo de drogas.
1.
Mejorar la atención médica en casos de emergencia,
a través de la evaluación médica periódica
de los internos, el aumento de médicos y la dotación
permanente de medicinas.
2. Reducir el nivel de enfermedades fácilmente
prevenibles, a través del mejoramiento de la infraestructura
para la atención médica, chequeos periódicos
y un plan de medicina preventiva.
3. Reducir el número de internos que consumen
droga y evitar su recaída, a través de un programa
especial de rehabilitación terapéutica.
4. Promover ágilmente los indultos para enfermos
terminales.
5. Tercerizar la provisión de alimentos a entes
privados.
Soluciones
al alto nivel de desempleo y no escolaridad.
1. Aumentar
el número de internos con trabajo remunerado, a través
de su formación y capacitación en ramas técnicas
y microempresas.
2. Mayor escolaridad de los presos, con el funcionamiento
de escuelas dentro de los centros carcelarios y permisos e incentivos
para que perfeccionen sus estudios.
Soluciones
a la corrupción interna de las cárceles.
1.
Eliminar al personal corrupto, a través de auditorías
externas e independientes del sistema y de un mecanismo bipartito
de rendición de cuentas: Estado-sociedad civil que analice
y denuncie los actos de corrupción, sin involucrar a los
internos.
2. Dotar de autonomía e independencia política,
económica y administrativa al Consejo Nacional de Rehabilitación
Social y a la Dirección Nacional de Rehabilitación
Social.
3. Crear la Escuela de Profesionales Penitenciarios,
a través de un proceso estricto de selección y
formación académicos, en varias disciplinas como
la medicina, la sicología, trabajo social y leyes.
4. Formación en valores a internos, guías
y familiares, y a otros sectores sociales, para prevenir actos
delincuenciales.
Algunas soluciones son emergentes
e inmediatas; otras son de mediano alcance, pero todas son integrales,
abarcan la perspectiva de la complejidad y diversificación
del fenómeno delincuencial, según los orígenes
que hemos examinado y las consecuencias que dichas causas han
generado en el sistema y que han agravado su situación.
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