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Eloy Alfaro fue un manabita que se caracterizó por poner sus cualidades al servicio de una causa, combatiendo con ardor en favor del pueblo. ¡Entra aquí!
 
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  Historia

28 de Enero de 1912

 
 
 
 General Eloy Alfaro
 

Asesinato del General Eloy Alfaro

El 28 de enero de 1912, el General Eloy Alfaro Delgado,
artífice de la Revolución Liberal y del Estado Moderno
ecuatoriano, fue asesinado, arrastrado y quemado en
Quito, lo que constituye uno de los hechos más vergon-
zosos de nuestra historia.

El 5 de junio de 1895 las fuerzas del liberalismo radical, apoyadas por los campesinos, el pueblo y la burguesía, que propugnaba un estado de libre mercado, declaran Jefe Supremo de Gobierno, al General Eloy Alfaro Delgado.
Eloy Alfaro, quien se encontraba en Panamá, representaba entonces las figuras de consenso; había luchado durante 31 años por consolidar una Revolución, que aspiraban más de lo que pretendían las jóvenes burguesías.
Alfaro retorna y vence a las fuerzas gobiernistas, presididas por Vicente Lucio Salazar, en el célebre combate de Gatazo. Ejerció la Jefatura Suprema, la presidencia interina y constitucional entre 1895 y 1901.
En 1911 se realizaron elecciones y Alfaro patrocinó la candidatura de Leonidas Plaza, quien es proclamado Presidente. Los antiguos amigos se alejaron, por el distanciamiento de Plaza de las ideas liberales radicales. A Plaza le sucede Lizardo García. En 1906 Alfaro lidera un Golpe de Estado y se proclama Jefe Supremo. Gobierna hasta 1911.
En 1911 gana las elecciones Emilio Estrada. Ante un intento fallido por controlar el gobierno, y llevar a cabo el genuino proyecto liberal, Alfaro renuncia a su posición y se retira de Panamá.
Cuatro meses después, el presidente Estrada muere y asume el interinato Carlos Freile Zaldumbide. Este designa a Leonidas Plaza, Jefe del Ejército. Era eminente la división del liberalismo en dos tendencias; la radical y la moderada.
Las fuerzas alfaristas libran la batalla de Yaguachi, para recuperar el poder. Mueren 3.000 hombres. Alfaro retorna y trata de mediar entre los suyos y el gobierno. Después, el radial Montero lo designa Director de Guerras, y ante la eminente derrota, el Viejo luchador firma la rendición.
La llamada Capitulación fue mediada por los Cónsules de Estados Unidos y Gran Bretaña. Contemplaba la rendición de las fuerzas alfaristas y el exilio voluntario de don Eloy, en un vapor asignado por el gobierno. No habría represalias.
La Capitulación no fue respetada y el General Leonidas Plaza, Jefe de las fuerzas gobiernistas, ordena la detención de Alfaro y sus seguidores.
En un oscuro juicio se fusila al General Montero en Guayaquil. El Presidente Freile ordena que los otros prisioneros sean llevados a Quito. Plaza, aparece como contrario a esta disposición, pero el Historiador Roberto Andrade lo acusa de haber manipulado la decisión y planeado la muerte de los Alfaro, que ocurrió en la capital días después. Como una ironía histórica, el Gral.. Alfaro fue llevado a Quito en el mismo tren que él construyó.

El asesinato.
Controvertido es aún hoy el tema relativo a los responsables materiales e intelectuales del asesinato de uno de los más grandes hombres que ha existido en el Ecuador y América.
La historia oficial endilga tal vergüenza a la plebe. El historiador Roberto Andrade, contemporáneo de Alfaro, causa a Leonidas Plaza; otros investigadores lo liberan. Nadie niega que fue un crimen político y horrendo, instigado por móviles protervos, que aún hoy llena a la República de estupor.

La versión de Roberto Andrade
He aquí parte de la versión del historiador, sobre el asesinato de Alfaro.
"Enseguida desembarcó Plaza con su ejército. El primer paso de él en Guayaquil, fue la violación de las Capitulaciones. En algunos de sus telegramas manifestó sorpresa porque los Generales no habían fugado: ésta es declaración de que él lo hubiera hecho, porque para él nada importa un compromiso. En la mejor acción de este hombre se deja vislumbrar la estrofa de una canalla. Mandó prender á los generales Eloy Alfaro y Ulpiano Páez, quienes se hallaban juntos, esperando la designación del vapor en que debían embarcarse".
..."Plaza había tenido buen cuidado de incorporar en el populacho a soldados disfrazados y escogidos, para que mataran a los generales en la calle, cuando los conducían a prisión".
Se refiere a Plaza: "Y a su cómplice Valverde le telegrafiaba a Manabí en las mismas horas: "El hecho de haber caído prisioneros todos los cabecillas está revelando que una justicia superior va á destruir el mal de una manera radial y para siempre". Este telegrama lo adjunta Roberto Andrade, como prueba de la conspiración de Plaza contra Alfaro.

El día de la muerte
Guardaban la Penitenciaria el Regimiento No. 4, los batallones "Quito" y "82", y secciones de policía. Uno de estos cuerpos (dicen que el de Quito), fue escogido y aleccionado por Navarro, antes de su viaje á Guayaquil. Había sucedido el silencio. Fatigados los generales prisioneros, empezaban a recostarse en las losas de los respectivos calabozos. El General Don Eloy había pedido un cajón, que no le llevaron. Antecedieron rumores ficticios de asaltos, órdenes entrecortadas de soldados, movimientos de soldados en éste y aquél sitio y algunos fueron acercándose á cada calabozo. Las puertas estaban abiertas. Cuando el general anciano sintió un ruido, púsose en pie y se acercó a la puerta, en ademán de imponer silencio. Un soldado le tendió el rifle y le disparó un balazo en el cráneo. La muerte fue instantánea... Se realizó un presentimiento que le acompañó en toda su vida de lucha; pero que nunca le aterró, porque creyó inevitable un fin tan trágico".
El Coronel Sierra es también protagonista de la página negra; se le acusa de haber salido desde el Panóptico a la calle y haber pronunciado ante el populacho estas palabras instigadoras: "Yo he cumplido con mi deber; ahora le toca al pueblo".
En la versión de Andrade, un apellidado Pesantes llamó al pueblo y abrió las puertas, entregó los cadáveres y ordenó que los arrastrasen y quemasen.
Ayala Mora, quien ha escrito una moderna historia del Ecuador, señala: "No hay elementos suficientes para acusar a Plaza, pero es, en cambio, incuestionable que fueron los placistas junto a los conservadores y clérigos quienes azuzaron a la multitud enloquecida".

 
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