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 JAIME ANDRADE, el escultor del siglo

 
 
El pintor dibuja para revelar lo particular, pero el escultor lo hace para desenterrar lo universal. Pero, quizás, lo más importante es que el pintor dibuja para exteriorizar, para arrancar una forma de sí misma y fijarla en el soporte; el escultor dibuja para interiorizar, para arrancar una forma del mundo y solidificarla dentro de sí misma.

Veo junto a su hijo Jaime Andrade Heyman ­magnífico escultor también­ detalle tras detalle, primero los bocetos, luego el mural que Jaime Andrade Moscoso (Quito, 1913-1990) trabajara para nuestra Universidad Central, y la reflexión que encabeza estas páginas adquiere enorme gravitación, el de las 'leves' piedras que son uno de los cimientos de la histórica obra de este creador. Andrade fraguó ­solo­ en escultura lo que varios pintores de su generación tramaron con su arte: re-descubrir nuestro ser nacional, revalorizar nuestros fundamentos, potenciar nuestra nación en ciernes, develar nuestro ser íntimo, pero, sobre todo, dilatar nuestros horizontes. Lo logró mediante una obra exenta de la dramaticidad y del anecdotismo, constantes que cubrieron un extenso período de las artes plásticas americanas sigloventinas.

Andrade esculpió en este mural la historia de la humanidad: sus vicisitudes y peregrinajes; sus incertidumbres y esperanzas; sus amores y confrontaciones; sus triunfos y derrotas tal era su vasta cultura y su insofrenable espíritu creador. Seis años trabajó en esta composición. Con un martillo mecánico extremadamente pesado ­solo más tarde alivió sus supliciantes faenas con otro, neumático­ fue labrándola segmento por segmento.

Para sus murales, el maestro asediaba el espacio puntual y esa luz mágica propia de los grandes; solo allí tallaba (erigía) sus motivos y figuras, dejando que el sol, el agua, pero también las sombras y el tiempo, hicieran lo demás. El sol esplende las tallas, el agua lava sus formas, las sombras las 'apacigua' ("toda sombra apacigua", decía Arp), el tiempo las perenniza dotándolas de esa pátina sagrada que solo él es capaz de crear. Gran parte de la obra de Jaime Andrade está resuelta en piedra, piedra de todos los riscos y llanuras, de mares, ríos y nevados. El maestro amó la piedra como si fuera la sustancia de su vida; siempre anduvo buscándola, persiguiéndola, soñándola, seduciéndola, cautivándola para su creación No esta o esta otra piedra, sino la precisa, aquella de la cual extraería la energía avasalladora de su arte, esa que podría fragmentarla ad infinitum para recomponer más tarde sus notables murales. Piedra verde y piedra roja; piedra amarilla y piedra blanca; piedra gris y piedra azul; piedras indóciles y mansas o (amansadas); piedras de todas las edades y en todos los sentidos. Piedras de todas las memorias: reminiscencias, supervivencias, figuraciones. Sinfonía de piedras. Fusión de soles, hombres, aguas, vientos enlazados en piedras memorables. Pasión de ser y crear.



 
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