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 GUAYASAMIN

 
 
 
La Capilla del Hombre
 
Visito con un nieto de Guayasamín La Capilla del Hombre, quizás su proyecto artístico ­sueño y desmesura­ más amado, codiciado, combatido, incomprendido (digo quizás porque lo mismo habrán sido, a su hora, los murales que dejó esparcidos por el mundo, los millares de obras, en todas las técnicas y dimensiones que dibujó y pintó), y siento como si estuviera en la entraña de la tierra, en el magma de la vida, del tiempo sin tiempo, de un espacio desde donde emerge la historia convulsa de la humanidad.

Junto a La Capilla del Hombre, el día que murió (¿ ?) Guayasamín, se descubrieron entierros milenarios (se están estudiando estas tumbas para dar con su historia). ¿Simple coincidencia, extraña señal de sus antepasados que vinieron a hacerle compañía, última pirueta de su tumultuosa existencia: fuego fatuo que dejó diseñado para completar su leyenda, postrera carta que sacó a sus detractores para contrariarlos? Porque Guayasamín solo tenía ­y tendrá­ devotos o enemigos.

Mi amistad con el pintor se desvaneció en 1976, año en el que dibujó un centenar de maravillas a propósito de un libro mío que aún conserva el rostro que escogió para su portada. Después, fui de quienes no entendieron esta quimera ­la de su Capilla del Hombre­ y más de una vez arremetí en su contra. Ahora estoy convencido de que nada tiene que ver con él esta edificación ­como nada o casi nada de su ingente obra contiene las desgarraduras de su ser sino la de los otros, la de los demás­. Aquí quiso elevar al hombre de América a su nivel cupular, en un peregrinaje a través de los tiempos: desde su nomenclatura precolombina hasta su estancia de hoy. Una vasta superficie de dos mil metros cuadrados ha de alojar este monumento al hombre americano de todos los tiempos.

Pienso en la devastadora crisis que ha padecido Ecuador en estos últimos años (finales del siglo veinte). País resuelto en paisaje, jamás ha tenido guías que trabajen sus referentes reales (no tenemos a quiénes o a qué aferrarnos). El país ­sin hiperbolismos­ a punto de su disolución. Las causas, entre otras: el destape de la corrupción, delincuentes comunes enquistados en el poder amparando quiebras sucesivas de bancos; diáspora de millares de compatriotas asumida como huida ­se huye para no volver­: ¿para qué retornar a un país que 'no nos existe'?; la mezquindad, estereotipo de los ecuatorianos, aguzada hasta el delirio; desidentidad: como nunca antes, los ecuatorianos nos vimos en el espejo inerme que es el que nos hemos construido; movimientos secesionistas agazapándose para escindir aún más nuestro pequeño territorio

De mi aproximación a La Capilla del Hombre, salgo imbuido de la certeza de que sobre nuestras flaquezas, debemos alzar esta clase de empresas, por inaccesibles que parezcan. Misiones como La Capilla del Hombre deben multiplicarse aquí y en toda nuestra patria grande, América. Que así sea.
 


 
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