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- La obra
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- ¿Es la obra de un artista
su única biografía? ¿Peripecias y desventuras,
incidentes y accidentes, caídas y levantamientos, aciertos
o equívocos, soberbias y mascaradas que, por otra parte,
son inherentes a todos los mortales, quedan al margen? Esta es
materia que seguirá siendo dilucidada a través
de los tiempos. De cualquier manera, a la luz del monumental
trabajo de Guayasamín (Quito, 1919 - Estados Unidos, 1999)
uno de los más fuertes y profundos de la humanidad
sigloventina su tránsito existencial es asunto acaso
menor.
Cada artista es único, pero Guayasamín lo es, ciertamente,
aún más, porque se arrancó de su generación,
no obstante ser menor que sus contemporáneos, añadiéndose
a este hecho el que no fue precisamente un pintor indigenista
(desde su primera exposición, 1942, ya tomó distancias
de esta avasalladora vertiente, así aparezcan indios en
la misma), compromiso ineludible de todos los artistas de su
tiempo. Paradoja extraña, si se quiere, en un artista
que repetía sin pausa que era indio, al punto que convenció
a los más en especial en otros países
y este supuesto origen, de alguna forma, le sirvió de
soporte para su promoción universal. Pero no había
en esta declaración intereses protervos, era, por decirlo
así, una exclamación catártica de su vehemente,
apasionada, convincente y convencida adhesión a la causa
de los pueblos indios. Además, el indio estará
siempre en su obra, pero inmerso en un entorno tan vasto como
el de América o el de la humanidad, a la cual abrazó
en su inmensurable creación.
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- Huacayñán
(Camino del llanto)
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- Huacayñán (Camino
del llanto) es su primera Serie y es el histórico aporte
de Guayasamín a la plástica del mundo. La tragedia
de centurias de expoliación de los indios implacable
y feroz subyace en este portentoso empeño, pero,
conviene insistir, en que estos personajes no son explicitados
por el maestro, sino definidos en arquetipos universales. Parte
entonces del indio para hablar de los 'condenados de la tierra',
en un lenguaje totalizador. El infortunio de los oprimidos es
infragmentable, 'único', y éste será el
desvelo de Guayasamín, el gran amor de su vida, su vida
misma, su agonía y su muerte. Lo ancestral, entonces,
como vasto soporte, donde danzan el sol y la luna, montañas,
valles, ríos y mares; nuestros códigos y textos
sagrados, nuestros dioses primigenios, agua, fuego y viento sin
edades, es el escenario donde gesticulan sus criaturas, de aquí
y de todas las latitudes del planeta.
Con Huacayñán, Guayasamín se integra a la
pintura del mundo y empieza a destacarse como uno de los artistas
más importantes de su tiempo. Maduración conceptual
y creadora, sabia y honda reinvención de la figura humana;
formas, espacios y volúmenes como recursos enaltecedores
del ser humano, a quien reorganiza con una dinamia expresiva
que se convertirá en uno de los hitos más impactantes
de la verdad de un siglo. El Camino del llanto resuena de inmediato
en Estados Unidos, Europa y nuestra América, valiéndole
el Gran Premio en la Tercera Bienal de España.
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