|
|
OSWALDO
MUÑOZ MARIÑO, el guardián del aire y la
memoria
|
-
-
- Tiempo
-
- Qué ha hecho el tiempo
con Oswaldo Muñoz Mariño (Riobamba, 1923) para
permitirle tanta creación que ha salido de su talento
asombroso y de su sangre regocijada? ¿Replegarse? ¿Dilatarse?
¿Ponerse al servicio de su voluntad creadora? ¿Difuminarse
o coagularse como en los millares de dibujos y acuarelas
que ha trabajado en su itinerario artístico?
¿De dónde emergieron tantos proyectos y realizaciones
arquitectónicos, tantos ensayos teóricos escritos,
tantas empresas humanas concretadas o no ¡qué
importa! por este ecuatoriano universal? Pacto secreto y
misterioso con la otredad, con el otro lado de la vida y de las
cosas, es decir, con la revelación de la poesía,
que no es religiosa, porque es originaria, matricial, hallazgo
(o al menos su encuentro más próximo) del verdadero
principio. Proclama, en fin, de cómo un ser humano, cuando
ha accedido a las altas instancias de la mente y del espíritu,
puede doblegar al tiempo, apaciguarlo y multiplicarlo, poniéndolo
a su arbitrio.
Esto encarna este caminante que ha inmortalizado todos los parajes
por donde ha transitado, como en una soberbia demostración
de que el ser humano lo puede todo. Procesos de consonancias
y coincidencias, armonías y desafíos, reflexiones
y divagaciones, aleaciones, colisiones, miradas raudas y prolijas
sobre el arte o estoicas e intemporales la del asceta frente
al crucifijo: el viaje existencial de Oswaldo Muñoz
Mariño.
Siempre se repite lo que contaba el juglar de las correrías
de julio: apenas barridos los estruendos del primer día
de combate, muchos grupos anduvieron a los tumbos por las calles
de París disparando contra los relojes de las torres.
¿Para qué? ¿Para detener el día de
antes del último combate ? Sin duda. Se dispara contra
los relojes para convertir en eternidad el irrepetible instante
de algún acto (acto en un escenario definido) que queremos
grabar para siempre, porque ése, y no ningún otro,
es, quizás, en el que querríamos habitar para siempre
¿morir en él? Ése es el tiempo
de nuestro guardián del aire y la memoria.
¿Qué busca el peregrino al recorrer el mundo: el
sitio de su verdadera patria o el de su fin?
- En la mente de Oswaldo se
amotinan recuerdos borrosos, como descubiertos detrás
de una ventana llovida. Es que ha caminado tanto por el mundo,
haciendo acopio de sus mayores hermosuras, y hasta el filo
de la consunción ha estudiado, ensayado, trabajado,
desvelado en beneficio de los otros, que Riobamba, su ciudad
natal, solo se le aparece de vez en cuando, pequeña, fría
pero entrañable ¿en sus agrisados paisajes,
en su inmenso aire azul, en sus horizontes purísimos,
en sus nieves eternas, adiestró su pupila para el arte?:
quién sabe y en ella, a su padre que contempla con
avidez sus primeros dibujos, a su madre y a sus seis hermanos,
en un entorno (rigor y amor) que lo marcará para toda
su vida.
-

|
|