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- La primavera ha nacido, /
nadie sabe cómo ha sido" Al arte como opción
de vida, podría aplicarse este verso de Antonio Machado,
esta 'línea', buena y bella, que, por lo demás,
es el embrión de toda la magna obra pictórica de
Manuel Rendón Seminario (París, 1894 - Portugal,
1982).
La línea, en su más vasta connotación, como
sinónimo de aliento más bien: recta, erguida, irrumpiente,
desbordadora; curva, serpenteante, tersa, yacente; las dos acechándose
sin encontrarse nunca; pero siempre vivas, nunca extenuadas,
peor extinguidas. Brío y rigor: vida y obra de Rendón
Seminario. Y como un aura persistente de las dos, un rumor de
poesía ascética. Y es que este pintor, que tanto
amó la vida en su estado más puro (gran parte de
su ir existencial lo pasó alejado de los centros urbanos),
fue un perseguidor de las más altas cimas del espíritu,
es decir, de Dios. Y desde el fondo más sensible de su
ser, elevó una obra que alcanzó las escasas cúspides
solo reservadas a los elegidos.
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- Perteneciente a una familia
de intelectuales y artistas, Rendón Seminario es el caso
del pintor autodidacta por antonomasia. Reacio a los centros
formativos tradicionales, prefirió un trabajo solitario,
asiduo y tenaz, que lo condujo a una visión total (contemplación
de lo íntimo de su ser y de los altos horizontes del espíritu).
¿Del ser humano, de Dios, del universo? Quizás
del ser humano liberado por el arte y la fe.
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- Se inició como escultor,
y una pieza suya, expuesta siendo aún muy joven, fue celebrada
por la crítica. Casi en seguida abdicó de la escultura
para dedicarse por entero a la pintura. Sin embargo, su primigenia
devoción por este arte se develará en sus dibujos
y en algunas de sus series pictóricas: volúmenes
remarcados, ductilidad conclusiva de las figuras, tensión
dinámica, proclividad tridimensionalista
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