| Memoria de vida Los sesenta se registrarán como un período axial del siglo veinte. Serán los años de la rebeldía y la esperanza por antonomasia. Ecuador, pese a su asincronía histórica (atraso, desfase), vivió, a su modo, ese decenio. En la literatura surgió el Tzantzismo, impregnado por tres corrientes fundamentales: la Revolución Cubana, el existencialismo sartreano y los iconoclastas argentinos. Quito, apretada y beata, cabía aún en el cuenco de una mano y en la esquina de las calles Benalcázar y Chile se abrió el Café 77 al cual acudían los jóvenes "reductores de cabezas" con el objeto de mantener acaloradas y a veces catastróficas confrontaciones con los integrantes del Grupo Caminos: poetas, escritores, pintores que perseguían, desde una noción conservadora, "el arte por el arte". Estudiante de sexto año del colegio y llevado por mi profesor Manuel Zabala Ruiz, acaso, el poeta más significativo de Caminos, asistía yo, perplejo y confundido, a esos forcejeos, pues, al oír a los dos bandos, no sabía a cuál sumarme. Ímpetus revolucionarios fluían ya por mi sangre, pero mi lealtad hacia Manuel me anclaba entre los "caminos". |