- Las señales de la creación
- Es, desde la atadura, de la intersección del sueño y la reflexión, desde donde emerge el arte de Félix Aráuz (Guayaquil, l935). Cada vez (cada Serie, cada cuadro), elabora con mayor claridad sus elementos formales antes de combinarlos sobre los soportes, y este ejercicio no mengua, en lo más mínimo, su espontaneísmo, constante de su vasta, espléndida obra pictórica. Instintivamente ejerce pleno dominio de sus toques caligráficos que es, sin duda, uno de los dones más preciados de los grandes artistas. Pero ese don que viene es posible con el artista, hay que cuidarlo, a diario, mediante un destino de trabajo, y esta es la impronta de vida de Félix Aráuz: trabajar denodada, apasionadamente, todos los días, sin treguas ni aletargamientos, pero eludiendo el facilismo reproducir, plantilla en mano, obras que tuvieron demanda o, para decirlo sin eufemismos, trabajar convocado solo por fines comercialistas como ocurre en los más.
¿Cuándo llegó a la vida de este artista ese anuncio en que el trabajo domina y conduce al destino ? Creo que desde edad muy temprana. Vivencias dolorosas, extravíos, perplejidades, dudas, siempre lo asediaron, especialmente durante su niñez y juventud; más de una vez se doblegó ante las desgarraduras existenciales; hubo períodos en que anduvo confundido en una preparación oscura, pero su voluntad de trabajo estaba instalada ya en su ser más íntimo y esa voluntad se tornó inextinguible una vez que halló en él su hogar verdadero. |