- Distraído, impredecible, solidario y solitario un niño tierno y travieso lo habita desde siempre Carrasco siempre está yéndose (¿de él mismo?: ¡quién sabe!); varias veces lo he visto evaporarse en el aire, como esos genios que salen despavoridos de las botellas donde han morado tiempos inmemoriales.
Quien lo ve y conoce su obra cree hallarse frente a un pastor asceta quizás, que trajina por agrestes espacios, en diálogo perpetuo con los insondables secretos del firmamento y de su propio corazón; pero en el fondo de este artista, se agitan pasiones, ansiedades, delirios, es decir, ese amasijo confuso y torturado que se da en todo creador. Y sobre todo, nada más alejado de su vida que el sosiego interior, él es únicamente artista, y por eso se alboroza y padece, y nunca está en paz, consciente de que jugar poesía es jugar a pleno, echar hasta el último centavo sobre el tapete para arruinarse o hacer saltar la banca. |