- Lo hallo más grande: consistente, definitivo. Siempre lo consideré un excelente artista, pero Carreño es de quienes creen que en arte solo se empieza, y esta regla de oro lo induce a estar día tras día asimilando, averiguando, ensayando. Pero su grandeza también le llega de la fibra más íntima de su ser. Jamás la pose, o la soberbia, o la impostura (José vive desde 1976 en París y ha obtenido constantes reconocimientos internacionales), siempre su entrañable metal humano, su sencillez a prueba de fuego.
Carreño (Guayaquil, 1947) pertenece a esa clase de artistas que trabajan no 'para' ni 'hacia' ni 'por' América, sino 'desde' y 'en' América. Y ésta no es una postulación estética, sino una sustancia previa. Él vive en París, pero sabe y siente que no es de allá sino de acá, aunque siendo de aquí también es de allá. Por eso su arte no revela chauvinismos, José Carreño es latinoamericano porque se sabe de aquí (evocación o nostalgia, esperanza o condenación). Así, su obra es testimonio de esta singular condición que no conocen los otros artistas del resto del mundo. Su universalismo latinoamericano no es de ningún modo desarraigo ni su nativismo, provincialismo. Está condenado a buscar en nuestras tierras otros vientos, otros horizontes, otros contenidos. Pero esta penitencia se plasma en creación genuina. |