- Raíces
- Un punto de vista que algunos de los apologistas del arte posmoderno olvidan es que el artista "es un ser humano, y él mismo es naturaleza y una parte de la naturaleza en el espacio natural", en la inapelable afirmación de Klee. Para el artista, entonces, el diálogo con la naturaleza constituye una condición sine qua non. Y, coadunada a esta verdad, emerge aquello de que el artista arraiga en los hechos de la naturaleza y de la vida, y desde sus raíces la savia se eleva en tronco, que es el cuerpo del artista, y luego se despliega en el tiempo y en el espacio formando la copa del árbol. Esto es, cómo la forma alcanza el ser, cómo los elementos especioplásticos (los que conjuran la obra de arte) cobran su propio significado y los colores, sus infinitas reverberaciones. Radicación en sus raíces y en su entorno, ensayos gozosos en las formas y el color, perseguimiento a fondo de las expresiones populares que son las que celebran sus orígenes, vértigo y encantamiento, delirio y fulminante aprehensión de imágenes soñadas y vividas, prontuario de códigos, símbolos y signos cosmogónicos y oníricos: la propuesta de Jorge Chalco (Cuenca, 1950). Centenares de dibujos y abundante obra resuelta en diferentes materiales, óleo y acrílico, especialmente, difundida dentro y fuera del país, confirman este aserto. Y algo fundamental: una precisa y privilegiada imaginación sensual, así como una clara honestidad, que le ha impedido, en más de una ocasión, caer en lenguajes precarios.
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