- Chalco es un hombre sencillo y transparente que se dedica a tiempo completo a su oficio. De su origen popular jamás ha abdicado, pero nunca le ha servido como artimaña para promocionar su arte. Sus estudios los realizó en su lugar natal. Por 1974 viajó a Quito en donde aprendió dibujo y diseño. Pero sólo después de dibujar mucho ("la vara de medir cuánto hay de dignidad y de poesía en un pintor" al decir de Ingres) y de pintar, irrumpe por 1978 en la historia de nuestras artes visuales. Un tercer premio en el Salón Nacional de la Casa de la Cultura, Núcleo del Azuay y la selección de una de sus obras para la Bienal de Metz, lo incorporan al grupo de artistas que tomaban la vanguardia en la pintura ecuatoriana. Pero la peripecia de un artista verdadero está en su insatisfacción, en la búsqueda constante de su propio estilo (¿propuesta?). Chalco se vuelca a varios frentes, aunque dos lo obsesionan más: el espacio como núcleo de su obra y la creación de formas que, en un final estadio, lo conducirá a su realismo maravilloso, corriente en la cual ha ido explorando con ahínco en su camino artístico.
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