- Retrato
- La pintura la verdadera pintura es una forma distinta de amar. Aquello que San Ailerd llamaba "el paladar del corazón" seguirá en plena vigencia hasta el final de los tiempos. Estas reflexiones iniciales (axiomáticas) han vuelto a mi memoria al recorrer vida y obra de Araceli Gilbert.
La imagino menuda, bella, suave y delicada como un hálito, a pesar de la reciura proverbial de su temperamento; luciendo atuendos únicos no para convocar la atención, sino para armonizar con su personalidad: lúcida, generosa, auténtica (frente a ella a ella y a su obra, ¿es posible escindirlas? no había términos medios, solo suscitaba admiradores o detractores); ojos y manos siempre inquietos aunque muy lejos de Araceli aquello de que la pintura se represa en lo visual y manual-; yendo de un lado a otro por el mundo y por los infinitos del arte. Lo que llamamos perfección, ¿no será sinónimo de realidades consumadas y, por tanto, afianzadas para siempre en un ser humano?: este es el caso de Araceli Gilbert. Por línea paterna, la artista perteneció a una familia conservadora. Su padre, Abel Gilbert Pontón, adusto y estricto, médico destacado que incursionó en la vida pública accediendo a la vicepresidencia de la república en el gobierno de Galo Plaza Lasso. Su madre, Leonor Elizalde Bolognesi, aristócrata, pero de tendencia liberal (¿de ella heredó Araceli su sentido de independencia, su vivacidad, su alegría?), murió cuando ésta apenas era una adolescente. Su primera desgarradura, su primera prueba frente a la adversidad. La marca humana de nuestra artista, fraguada en el metal más noble, pero a la vez indomeñable, arranca, quizás, de esta primera sensación de vacío. La música, la danza, la poesía sedujeron muy pronto a Araceli, pero también más por su connatural solidaridad con los desposeídos que por la influencia que pudieron ejercer en ella sus familiares médicos- muchas veces pensó estudiar enfermería. Sin embargo, su suerte estaba echada. Lo suyo habría de ser la pintura. Fue a Santiago de Chile a prepararse académicamente. |