| El pintor tensa su conciencia ¿su ser? ante algo que a nosotros puede parecernos trivial sea en su fuero interno o en su entorno y dibuja para comunicar su descubrimiento. Iza es un soberbio dibujante desde sus años escolares. En el mundo de sus compañeros de barrio lo llaman "el dibujante". He contemplado maravillado dibujos de la infancia de Iza, ya doblegados por la pátina del tiempo, sin embargo, es absolutamente advertible con cuánta maestría se resuelve en ellos los dilemas del arte visual. Su temprana afición por la tauromaquia profundiza su curiosidad por los coloritmos de los carteles de toros, fraguándose en él una intensa fascinación por la fiesta brava. Con toreros, toros y el mágico espacio de las corridas, adiestra su mano para el dibujo, aunque ya empieza a retratar y, sobre todo, a rehundirse en escenas cotidianas emergidas de la dura y adversa realidad en la cual se desenvuelve. Con la carpeta de dibujos ingresa a la Escuela de Bellas Artes. Se identifica con el medio. Su primera intención fue trabajar un cuadro al óleo, pero el sistema vigente no le permite debía aprobar tres años para hacerlo. Descubre entonces el papel de empaque "Kraft" de grandes dimensiones. Dibuja con el silencio y la fluidez del denominado sisco y salen de sus manos estupendos bodegones, desnudos, yesos, cartuchos. En esta etapa su formación es rigurosa. Asimila teorías y técnicas que le servirán para su oficio de pintor. |