| Dibujo, grabado, serigrafía, tinta, pastel, témpera, acrílico, óleo. En todas estas expresiones ha incursionado el maestro, exuberante, apodíctica, humildemente. Por eso acepta que, de sus trabajos iniciales encepados en un indigenismo superado, no queda nada rescatable. E igual acata algunos comentarios, como aquél sobre su estupenda muestra por los 500 años, en 1992. Dieciséis obras de gran formato fraguadas durante tres años integran esta saga. En ellas manifiesta su verdad sobre hecho tan significativo, y eso le basta. La historia resuelta en sus recovecos existenciales. ¡Pero si eso es el gran arte! Jácome evoca a su padre telegrafista. Hombre austero, proclive a la exaltación religiosa; a su madre guayaquileña de ancestro chino, muy católica también; a su tío paterno, canónigo y a su hermano mayor. |